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Conor Benn: Del doping al combate por el título WBC

Han sido tres años duros para Conor Benn. Largos, ruidosos, llenos de sospechas y de abogados. En 2023, el británico fue suspendido tras dar positivo en dos controles antidopaje voluntarios. Su nombre quedó manchado, su carrera en pausa, su credibilidad en tela de juicio.

El National Anti-Doping Panel le levantó la sanción, pero la Agencia Antidopaje del Reino Unido (Ukad) y el British Boxing Board of Control (BBBofC) mantuvieron el veto. Resultado: Benn no podía pelear en su propio país.

Tuvo que cruzar el Atlántico para seguir siendo boxeador. Dos peleas en Estados Unidos, dos victorias: primero ante Rodolfo Orozco, luego frente a Peter Dobson. Mientras tanto, una batalla de casi dos años con Ukad y el BBBofC hasta lograr, por fin, la luz verde definitiva.

Cuando al fin regresó al ring británico, el recibimiento fue brutal. Chris Eubank Jr le frenó en seco en abril de 2025. Primera derrota profesional. Primera grieta real en el aura del hijo de Nigel Benn. Siete meses después, el mismo escenario emocional: revancha, presión y cuentas pendientes. Y esta vez, Conor respondió. Ajustó, corrigió y vengó la única mancha de su récord.

La herida deportiva quedó cerrada. La desconfianza, no del todo.

¿Merece Benn estar aquí?

La pregunta sobrevuela Las Vegas con la misma insistencia que los focos del T-Mobile Arena: ¿de verdad Conor Benn merece pelear por el título mundial del WBC del peso wélter?

Los datos son claros. Está clasificado número uno por el WBC. Pero no pelea en wélter puro desde 2022, cuando detuvo a Chris van Heerden. Desde entonces, cinco combates por encima del límite de 147 libras. Cinco noches lejos de la categoría en la que hoy se juega la gloria.

Mientras tanto, el trono del peso se reparte. Ryan Garcia, campeón del WBC, hace esta noche la primera defensa de su cinturón. Teofimo Lopez manda en la WBA, Liam Paro sostiene el título IBF y Devin Haney reina en la WBO. Benn, en cambio, nunca ha peleado por un título mundial. Esta es su primera vez. Su única bala, quizá, para emular a su padre Nigel y levantar el mismo cinturón verde y oro.

Carl Frampton, que sabe lo que es vivir noches así, lo resumió con pragmatismo en DAZN: es un salto enorme, pero Benn ya ha estado bajo los focos en las veladas con Eubank, con estadios llenos y la presión mediática al máximo. Esta vez hay algo más: un cinturón WBC que también perteneció a su padre. Hay historia, hay peso emocional. Y, como dijo el norirlandés, hay que reconocerle al “chico” el mérito de haberse colocado frente a alguien como Ryan Garcia.

De los 60.000 del Tottenham a los 20.000 de Las Vegas

El cambio de escenario también cuenta su propia historia. Benn viene de pelear tres veces consecutivas en el Tottenham Hotspur Stadium, ante 60.000 almas. Noche británica, atmósfera de fútbol, himnos, bengalas, un país pendiente.

Hoy, el decorado es otro. T-Mobile Arena, Las Vegas. Aforo de 20.000. Kal Sajad, de BBC Sport, describe un pabellón que, a una pelea del combate estelar, está a dos tercios de su capacidad, quizá algo más. Habrá que ver hasta dónde se llena cuando suenen los acordes de las ring walks de Benn y Garcia.

Lo que sí está claro es que esto no es Londres. No hay marea de Union Jacks, no hay invasión británica. Cuando la imagen de Benn aparece en las pantallas gigantes, el sonido no es de apoyo, sino de abucheos. Es territorio enemigo, sin matices.

En el otro vestuario, Ryan Garcia escucha un coro de góspel en directo. Un detalle muy a su estilo: espectáculo, fe, narrativa. Benn, en cambio, llega sin coro y sin mayoría en las gradas. Solo con su historia y sus dudas.

La ruptura con Matchroom y el salto a Zuffa Boxing

El camino hasta esta noche también se ha escrito fuera del ring. Conor Benn decidió en abril romper con Eddie Hearn y Matchroom, la promotora que le acompañó desde que se hizo profesional. Apostó por Zuffa Boxing, un movimiento que levantó cejas y dejó heridas abiertas.

Hearn se enteró por un correo del abogado de Benn. Él mismo lo describió como “la primera puñalada en el corazón” en el podcast 5 Live Boxing with Steve Bunce. Admitió que se culpa por no haberle presionado para firmar un nuevo contrato y llegó a decir: “literalmente morí en una colina por él”.

¿Fue un error? Deportivamente, cuesta discutir el resultado. El primer combate de Benn con Zuffa Boxing fue en el undercard del regreso de Tyson Fury en abril. Hoy, apenas meses después, está en el evento principal peleando por su primer título mundial frente a Ryan Garcia. Justo el tipo de escenario que Benn llevaba años persiguiendo.

La pregunta ya no es si el movimiento fue arriesgado. Es si le bastará para coronarse.

Garcia, sin filtro: “Es un boxeador promedio”

Si algo no ha faltado en la semana de pelea es fuego verbal. Ryan Garcia ha sido implacable en su discurso sobre Benn. En Las Vegas, ante BBC Sport, el campeón del WBC no se anduvo con rodeos: para él, Conor es “un boxeador promedio”, atlético, impulsado por su apellido más que por su talento.

“Es su apellido. No es un ataque, es la amarga verdad”, soltó. Frase dura, pero calculada. Aun así, García insistió en que se prepara como si enfrente tuviera “al mejor boxeador del mundo”. No quiere que se interprete como exceso de confianza. Según él, solo está “llamando a las cosas como las ve”.

Preguntado si Benn está al nivel de leyendas, fue tajante: no es Floyd Mayweather. “Está bien. Viene hacia adelante, lanza volados amplios, es agresivo y hará la pelea áspera, pero no es nada que no haya visto antes”.

Josh Taylor, ex campeón indiscutido del peso superligero, ve un guion claro si Garcia llega mentalmente enfocado y bien preparado: cree que podría detener a Benn antes del sexto asalto. Si no, prevé una pelea que se vaya a la distancia, con victoria del campeón por varios puntos.

La sensación general entre los expertos es parecida: Benn puede competir, puede incomodar, puede resistir. Pero llega como claro no favorito.

La noche que define a Conor Benn

Mientras tanto, en otra esquina del mundo, Jai Opetaia domina a Noel Mikaelian en una defensa de su propio estatus de élite. Otro combate, otro relato. Pero todas las miradas, tarde o temprano, vuelven al duelo que monopoliza la conversación: Garcia v Benn.

Kal Sajad lo resumía desde la ciudad que nunca duerme: Conor Benn ha construido buena parte de su carrera intentando demostrar que los demás se equivocan con él. Esta noche tiene la mayor oportunidad de todas para hacerlo. La oportunidad de igualar a Nigel Benn, de llevar a casa un cinturón WBC, de cambiar el relato de “sospechoso reincorporado” a “campeón del mundo”.

Sobre el papel, la balanza se inclina hacia Ryan Garcia: más pedigrí, más velocidad, más experiencia al máximo nivel. Benn llega como un underdog claro, en un país que no es el suyo, sin el calor de su afición y con una mochila llena de polémicas recientes.

Pero el boxeo no se escribe en paneles disciplinarios ni en clasificaciones. Se escribe en noches como esta. En doce asaltos —o menos— en los que un hombre puede cambiar por completo la forma en que el mundo lo mira.

Para Conor Benn, no es solo un título. Es un veredicto. Y la campana está a punto de sonar.