Indignación en el Allianz Stadium tras homenaje a Mazzola
El Allianz Stadium se preparaba para el silencio. Un minuto para recordar a una leyenda, Mazzola, fallecido el sábado a los 83 años. Un estadio entero conteniendo la respiración… hasta que una parte de la Curva Sud decidió darle la espalda al momento y al campo.
Mientras el resto del recinto guardaba respeto, un grupo de ultras se giró, cantó consignas de club y rompió la solemnidad del homenaje. Un gesto frío, calculado, que no pasó inadvertido. La reacción fue inmediata: decenas de miles de aficionados respondieron con un largo y cerrado aplauso, ahogando los cánticos disonantes y tratando de rescatar la dignidad del minuto de silencio.
La escena dejó una cicatriz en la noche turinesa. En los despachos de la Juventus, la indignación fue tan rápida como firme. La cúpula bianconera no quiso que el episodio quedara en una anécdota incómoda y se apresuró a fijar una línea roja: hay límites que el fanatismo no puede cruzar.
En un comunicado oficial, el club fue tajante: ninguna rivalidad justifica la falta de respeto en un minuto de silencio. Recordar a quienes se han ido, subrayó la entidad, es una responsabilidad compartida que está por encima de camisetas, colores y trincheras. El mensaje apuntaba directo a ese sector de la grada que confundió pasión con ceguera.
Mazzola deja una herencia que va mucho más allá de cualquier frontera de club: campeón de Europa con Italia en 1968, figura clave en los grandes triunfos continentales del Inter Milan, símbolo de una época. Precisamente esa historia, tan pesada y tan rica, pareció nublar el juicio de una parte de la afición local, incapaz de separar la memoria de la rivalidad.
Maurizio Sarri, técnico de Atalanta, no esquivó el tema en la sala de prensa. Habló de una “mala sensación”, de un gesto que quizá nace de una generación que no comprende lo que Mazzola significó, más allá del escudo que defendió. Rendir homenaje a una figura así, subrayó, es lo mínimo exigible en un deporte que presume de memoria y respeto.
En lo deportivo, la Juventus hizo su parte sobre el césped. El 2-0 ante Atalanta llevó a los de Turín hasta los 10 puntos en las cinco primeras jornadas de la Serie A, un arranque sólido en medio de un contexto enrarecido por lesiones y debates extradeportivos. El resultado permitió al equipo respirar, aunque el eco del minuto de silencio roto siguiera flotando en el ambiente.
Ahora el campeonato se detiene durante tres semanas por el parón de selecciones. Un respiro obligado para Luciano Spalletti y su cuerpo técnico, que miran de reojo a la enfermería: ocho titulares habituales siguen fuera de combate, entre ellos Kenan Yildiz y Manuel Locatelli. El calendario marca el 11 de octubre y un viaje a Cagliari como próxima estación.
Queda tiempo para recuperar piernas. Veremos si también alcanza para recomponer algo más difícil: el sentido común y el respeto en las gradas de un club que, esta noche, necesitó que su propia afición le recordara a gritos lo que significa honrar a una leyenda.




