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Thomas Tuchel y el desafío del caos en Inglaterra

Thomas Tuchel se marchó de Estados Unidos en julio obsesionado con una palabra: control. Dos meses después, en su primera lista tras el Mundial, el seleccionador de Inglaterra habla de otra muy distinta: caos. Y promete abrazarlo.

¿Se puede domar el caos? Tuchel parece dispuesto a intentarlo.

Del desgarro ante Argentina a la tentación del desorden

Inglaterra firmó en Estados Unidos su mejor Mundial desde 1966. Tercer puesto, una medalla de bronce que luce bien en los libros de historia, pero que todavía escuece en la memoria por la forma en que se escapó la semifinal ante Argentina.

El equipo se adelantó con un gol de Anthony Gordon, pero se desmoronó cuando el partido pidió cabeza fría. Tuchel, todavía en caliente, señaló entonces la falta de control como uno de los factores clave del derrumbe final.

Hoy el discurso ha virado. Sin renunciar a aquella autocrítica, el alemán abre la puerta a otra cosa. «El fútbol va de adaptarse a las situaciones y el fútbol sin ningún control a veces es difícil de digerir para un entrenador, si miras el 6-4 contra Francia [en el partido por el bronce]», recordó. «Pero la gente habla de ese partido como una de sus mejores experiencias viendo fútbol, así que quizá tenga que comprometerme en mi deseo de control, aceptar un poco más de caos, abrazar el caos, y quizá eso saque lo mejor».

No son simples bandazos. Es la radiografía de un técnico que quiere que su selección sea menos previsible, más incómoda, capaz de cambiar el guion sobre la marcha. Como hacen los grandes.

Una lista que habla de control… con una chispa de riesgo

El mensaje suena a caos controlado. La lista, no tanto.

Para los cuatro partidos de Nations League ante Spain, la República Checa y Croatia, Tuchel ha tirado de talento fino, de jugadores que sujetan el balón, que ordenan el juego, que imponen pausa cuando el pulso se acelera.

Vuelven Trent Alexander-Arnold y Cole Palmer, dos de los futbolistas ingleses más técnicos del momento. Su presencia grita control. Lo mismo ocurre con las llamadas de Alex Scott, centrocampista del Bournemouth, y Lewis Hall, lateral izquierdo del Newcastle: ambos destacan por su limpieza en la posesión y su capacidad para dar continuidad al juego.

Tuchel busca una mezcla. Que el equipo sepa bajar pulsaciones… sin perder filo.

Ahí entra la nota de imprevisibilidad: la primera convocatoria de Rio Ngumoha. El extremo del Liverpool, de solo 18 años, se ha ganado el foco con un arranque de temporada eléctrico a las órdenes de Andoni Iraola, desbordando por ambas bandas, atrevido, insolente con la pelota.

Tuchel desveló además que Josh King, atacante del Fulham, también está muy cerca de dar el salto a la absoluta. Otra pista clara: quiere renovar el frente ofensivo, refrescarlo para esta Nations League y lo que venga después.

Eso sí, nadie espere una Inglaterra lanzada al desorden sin red. El propio técnico puso matices cuando le preguntaron si su equipo podía jugar con el ritmo vertiginoso de un club de Premier League, pero con más control.

«Ese sería el deseo, que durante 10 minutos nos parezcamos un poco más a Spain, aquí y allá», explicó. «Cuanto más lo pienso, quizá se trate más de creer en nuestras fortalezas y jugar más minutos como la segunda parte contra Croatia, y más minutos como la primera parte contra France. Apostar por esas fortalezas, porque creo que sacamos mucho valor de ello, mucha conexión con los aficionados, eso es lo que refleja la Premier League».

Tuchel asume el peaje: «Quizá no seamos el equipo más económico jugando al fútbol, pero quizá también sea una característica de la Premier League. La Premier League no es una liga muy económica, tienes que jugar. Tienes que exprimir cada partido, si no, no puedes competir por el título. Es algo bonito. Pero ahí estamos, ahí está mi mentalidad y creo que también la de los jugadores. Sigue siendo un poco ambiguo».

Ambigüedad reconocida. Duda en la idea, no en los nombres.

Fiel a su núcleo duro pese a las bajas

Si Tuchel debate internamente cuánto caos permitir, no muestra ni una grieta al hablar de quiénes son sus hombres de confianza.

Rechazó de plano que el regreso de Palmer y Alexander-Arnold sea una admisión de error respecto a la lista del Mundial. De hecho, dejó caer que, con todos sanos, la convocatoria para esta ventana se parecería mucho a la de Estados Unidos.

«Antes de hacer la nominación el último mes, pensaba que habría más continuidad respecto a la lista del Mundial», explicó. «Pero muchos miembros de ese grupo –Reece James, Dan Burn, Dean Henderson, John Stones, Jordan Henderson, Djed Spence– no pueden estar por lesiones, así que no es una continuidad completa».

Para Tuchel, esas ausencias son algo más que nombres: «Estos jugadores fueron cruciales para construir la hermandad, el espíritu y para cuidar de la mentalidad que nos llevó tan lejos en el torneo. Eso no lo vamos a negociar, no vamos a ceder ahí».

El mensaje a los recién llegados es claro: hay huecos, pero no tronos vacíos. «Otros jugadores darán un paso al frente, básicamente así veo esta concentración», apuntó. Y remató con una idea que encaja con su deseo de no romper del todo con el pasado reciente: «Mi mentalidad ahora mismo no es cambiar demasiado las formaciones».

Tuchel quiere agitar, no dinamitar.

Spain en Wembley, el primer examen del nuevo tono

El calendario no concede margen para probaturas tímidas. England recibe a la vigente campeona del mundo, Spain, en Wembley el sábado 26 de septiembre. Después, visita a la República Checa el martes 29 y a Croatia el sábado 3 de octubre, antes de cerrar la ventana con la vuelta de los checos a territorio inglés el martes 6.

Rivales de peso, escenarios exigentes, poco tiempo para teorías. Será ahí, entre la tensión de Wembley y las salidas complicadas a Praga y Zagreb, donde se verá hasta qué punto Tuchel está dispuesto a soltar el freno de mano.

¿Control o caos? El alemán ha decidido caminar por la delgada línea que separa ambos conceptos. La Nations League dirá si esa apuesta convierte a Inglaterra en una selección temible… o en un equipo que todavía no sabe exactamente qué quiere ser.