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Fallece Alan Knight, leyenda del Portsmouth a los 65 años

Alan Knight, el portero que encarnó el alma de Portsmouth durante más de dos décadas, ha muerto a los 65 años tras ser diagnosticado de cáncer de próstata en 2024. Con él se va mucho más que un futbolista: se marcha el hombre al que la grada de Fratton Park bautizó, sin necesidad de adornos, como “The Legend”.

Veintidós años bajo los mismos palos. 801 partidos con la camiseta de Portsmouth entre 1978 y 2000, un registro sin igual para un guardameta en un solo club inglés. En un fútbol cada vez más fugaz, Knight fue una anomalía hermosa: un profesional que convirtió un estadio en su casa y un escudo en parte de su identidad.

Debutó con solo 16 años, en 1978, en la vieja Third Division, ante Rotherham. No encajó ni un gol. Aquella portería a cero fue la primera piedra de una carrera que acabaría atravesando las cuatro categorías del fútbol inglés con el mismo club, una rareza que lo elevó a símbolo.

Con Knight bajo los palos, Portsmouth vivió tres campañas de ascenso, incluida la conquista del título de Third Division y, sobre todo, el regreso a la máxima categoría en la temporada 1986-87, después de 28 años de ausencia. Para una afición acostumbrada a sufrir, aquel equipo con Knight como referencia en la retaguardia significó un renacer.

Su historia con el club se alargó hasta el cambio de siglo. El 3 de enero del año 2000, con 38 años, jugó su último encuentro para Portsmouth: una derrota por 2-1 ante Norwich en First Division. Ese día cerró un círculo irrepetible. Se convirtió en el único futbolista de los Blues que ha defendido al club en cuatro décadas distintas.

Tras colgar los guantes, Knight no se alejó. Volvió como entrenador de porteros y embajador, siempre ligado al club y a la ciudad. Su compromiso dentro y fuera del campo le valió el reconocimiento institucional: fue nombrado MBE y recibió también la Libertad de la Ciudad de Portsmouth. Un portero de barrio elevado a patrimonio local.

Cuando en 2024 le comunicaron el diagnóstico de cáncer de próstata, lo contó sin rodeos. En una entrevista con la BBC admitió que la noticia “llegó como un enorme shock”, pero decidió hablar abiertamente para empujar a otros hombres a consultar al médico si detectaban síntomas. Quiso que su última gran parada fuese contra el silencio y el miedo.

Se unió a un grupo de hombres que practicaban walking football en Portsmouth. Entre pase y pase, ese fútbol a cámara lenta se convirtió en refugio. Knight explicaba que compartir el campo y la conversación les ayudaba a todos a asumir sus diagnósticos. “Una vez que te diagnostican, una vez que aparece la palabra cáncer, todo cambia”, dijo. Y remarcó algo que conocía desde sus días de jugador: la importancia del vestuario, del grupo. “La red de apoyo, tener a tus colegas cerca –la familia por encima de todo–, pero luego tus amigos y tus compañeros de equipo, es enorme. Te da ese empujón cuando puedes estar resbalando hacia un poco de depresión”.

En Fratton Park, su figura seguirá en cada grada, en cada niño que sueñe con ponerse bajo los palos, en cada aficionado que recuerde aquellas tardes de barro y ruido con Knight defendiendo la portería. Los partidos se acaban. Las leyendas, como la suya, no.