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Alexandra Eala: La tenista que inspira a millones

Alexandra Eala aterrizó en Singapur el jueves 17 de septiembre con algo más que una raqueta en la maleta. Llega con un año que ha cambiado su carrera, su vida diaria y la manera en que el mundo –y ella misma– la mira.

Hace apenas unas semanas alcanzó el número 18 del ranking mundial, su mejor posición hasta la fecha. En Washington derribó a la número 3 del mundo, Jessica Pegula, para conquistar el Washington Open y convertirse en la primera filipina en ganar un título individual en el circuito WTA. Antes, en Wimbledon, firmó otra página histórica: eliminó a la defensora del título, Iga Swiatek, y se metió en octavos de final. Ningún tenista filipino había llegado a la segunda semana de un Grand Slam en la Era Abierta.

Ahora la escena es Singapur, el OCBC Arena, el Singapore Tennis Open, que regresa como torneo WTA 500 del 21 al 27 de septiembre. Pero el partido que Eala está jugando estos días no se mide solo en puntos, juegos y sets.

Una vida que cambia fuera de la pista

Con 21 años, Eala habla ya como alguien que ha tenido que adaptarse a otra dimensión. No solo a mejores rivales o a pistas más grandes, sino a una exposición que no se detiene cuando termina el partido.

“Este año he tenido que redescubrir mi relación con muchas cosas por la exposición extra y por convertirme en una figura más pública”, admite. Detrás del ranking y los títulos, hay una joven que todavía se está conociendo a sí misma. “Sigo teniendo 21 años… sigo creciendo y sigo creciendo dentro de mí misma”, resume.

La palabra clave que ha tenido que aprender es “límites”. Con los medios. Con los aficionados. Con la gente que se le acerca. Incluso con ese ruido constante que acompaña a cualquier deportista de élite en redes sociales.

Eala reconoce que ve “una buena parte” de lo que se dice de ella en Internet, pero ya ha entendido que también ahí necesita marcar distancia. Aprecia la crítica cuando la ayuda a mejorar, pero se niega a dar demasiado peso a opiniones sin contexto o sin haberlas pedido.

Cuando la atención se vuelve abrumadora, recurre a algo tan simple como ponerse en el lugar del otro. Intenta entender la emoción de los aficionados que la esperan, que la siguen, que le piden una foto. Desde ahí, la situación cambia de tono. Y ella también.

“He aprendido la importancia de compartimentar”, explica. Saber qué la mantiene cuerda, qué la hace feliz, qué la mantiene sana. Y aferrarse a eso. El resto, gestionarlo con la misma determinación con la que salva una bola de break: de frente, sin esconderse. “Tienes que ser segura. Tienes que ser tú misma y ser genuina”, insiste.

Singapur, una casa lejos de casa

Para una tenista profesional, el calendario es una sucesión de aeropuertos y hoteles. Para Eala, esos viajes ya no tienen nada de vacaciones. Son rutina. Son trabajo. Pero también, a su manera, son hogar.

“Viajo mucho por lo que hago, se ha convertido en parte de mi vida”, dice. Y de ese ir y venir han nacido muchas “casas” repartidas por el mundo. Singapur es una de las que más reconoce como propia.

Aquí jugó la WTA Future Stars en 2016 y 2017. Con 11 años recibió el Li Na Inspiration Award, un premio al espíritu deportivo que la marcó muy pronto. Aquí también se encontró con una comunidad filipina numerosa, con familiares a los que visitaba cada vez que podía. No era solo un torneo: era una reunión de familia.

“Me encanta Singapur. De niña competía aquí muy a menudo porque era uno de los centros del tenis en el Sudeste Asiático”, cuenta. Esa familiaridad se extiende más allá de su país y abraza a toda la región. Habla de una cultura del Sudeste Asiático “muy unida”, de una sensación de comunidad que se reconoce al instante.

En el circuito, Eala se siente especialmente cerca de otras jugadoras del Sudeste Asiático. Comparten referencias, entienden lo que significan los SEA Games, se ríen con el mismo tipo de humor. No todas las rivales pueden decir lo mismo. Esa complicidad hace que volver a esta parte del mundo tenga otro sabor.

Y cuando la conversación se relaja, también se permite un juego más ligero. ¿Balut o durian? La eterna disyuntiva gastronómica regional. Eala se ríe, lo piensa… y se queda con el durian, el “rey de las frutas”.

El peso –y la fuerza– de representar a millones

La historia de Alexandra Eala no se entiende sin las mujeres que la inspiraron. Serena Williams es su referencia absoluta. Maria Sharapova, un modelo desde muy pequeña. Y, muy especialmente, Li Na, la primera asiática en ganar un Grand Slam individual.

Eala sabe lo que significa ver a alguien “que se parece a ti” triunfar en los grandes escenarios. Lo vivió de niña. Ahora lo ve desde el otro lado. Son otras jóvenes, otras niñas, las que se acercan a ella para decirle lo que supone ver a una mujer filipina competir en los mayores torneos del mundo.

“Hay un poder enorme cuando ves a gente de donde tú vienes y sabes que tiene éxito”, reflexiona. Ese espejo, que antes le devolvía la imagen de Li Na o de otras jugadoras asiáticas, ahora también la muestra a ella.

Con esa visibilidad llega la presión. Eala no la niega. “No voy a decir que no pesa nada”, reconoce. Pero ha decidido mirarla de otra forma. No como una carga, sino como una oportunidad: para crecer, para reforzar su carácter, para ser más valiente, más segura.

Más que una losa, la ve como un camino para mejorar y para “hacer su pequeña parte” devolviendo algo a la comunidad a través de la inspiración. Sabe que su éxito no es un fenómeno aislado, sino un eslabón más en una cadena larga de mujeres que han empujado el tenis hacia adelante.

“Estoy muy agradecida a todas las que han abierto el camino antes que yo”, subraya. Cada mujer que ha jugado al tenis, según ella, ha aportado algo a la historia y a la evolución del deporte. Eala aspira a dejar el tenis “mejor de lo que lo encontró”, aunque sea “a su manera, por pequeña que sea”.

Mientras tanto, los aficionados filipinos y del Sudeste Asiático la siguen allí donde juega. Llenan gradas, la arropan, hacen ruido. Ella lo siente. Lo valora. Y responde.

“Significa muchísimo, y añade tanto significado a un trabajo y a un deporte que ya de por sí son muy significativos”, afirma. “Ellos realmente se presentan por mí, y yo hago todo lo posible por presentarme y devolverles algo”.

En Singapur, donde una vez fue una niña recibiendo un premio con el nombre de Li Na, vuelve ahora como campeona de la WTA y número 18 del mundo. La pista está lista. La pregunta ya no es si Alexandra Eala pertenece a esta élite, sino hasta dónde puede llevar a todo un país –y a toda una región– con cada golpe.

Alexandra Eala: La tenista que inspira a millones