Análisis del técnico antes del partido crucial
El técnico llega a la rueda de prensa con gesto relajado, pero con la tabla en la cabeza y el ruido alrededor del vestuario golpeando la puerta. El domingo espera un partido con premio doble: tres puntos y la opción de estirar la ventaja en el liderato. Nada menor en este tramo de la temporada.
Una baja especial y un vestuario que se mueve
La primera noticia no es táctica, es humana. Auston Trusty se marcha a casa para asistir a la celebración de la vida de su padre. El entrenador lo asume con naturalidad y respeto. El grupo, dice, está “bien”, dentro de lo que permite un calendario apretado y una plantilla que aún se está ensamblando.
Con el recuerdo fresco de los puntos perdidos, la pregunta es inevitable: ¿urge reaccionar ya? La respuesta es seca, casi automática. El objetivo es siempre el mismo: ganar. Dejaron escapar un par de puntos y ahora toca intentar recuperarlos. Sin dramatismos, pero con la obligación marcada.
El debate del tridente: delanteros en banda
El foco se desplaza rápido hacia un tema delicado: las declaraciones de Callum McGregor tras el último partido. El capitán cuestionó el funcionamiento del frente de ataque cuando el equipo juega con tres futbolistas que, en esencia, son delanteros centro: Camilo Durán en una banda, Callum Osmand en la otra.
El técnico, lejos de esquivar el asunto, se alinea con su capitán.
Reconoce que Osmand es, por naturaleza, un nueve. Ya lo había dicho en otra comparecencia: su perfil ideal es el de un delantero que juega cerca de otro atacante fuerte, no tanto como referencia única del ataque. Lo mismo con Camilo Durán: también es un punta reconvertido a la banda.
Los jugadores, insiste, aún se están conociendo. El equipo está en fase de ajuste. Y en ese contexto, entiende perfectamente la lectura de McGregor.
¿Es solo una cuestión de nombres y posiciones? “Lo arreglaremos”, responde. Y se aferra a un dato incontestable: a nivel doméstico, el equipo está respondiendo mientras busca ese equilibrio ofensivo.
Oportunidades por repartir
Detrás de los titulares hay una lista de futbolistas esperando su momento. El entrenador menciona a Jordan Lotomba, que todavía no ha tenido minutos. También a Joel van den Berg, joven, recién incorporado a los entrenamientos del primer equipo.
Entre ahora y Navidad, la idea es clara: casi todos pasarán por el césped. A partir de ahí, se tratará de fijar roles y posiciones definitivas. No es algo nuevo para él: recuerda que ya han tenido jugadores fuera de su sitio natural sin que se convirtiera en un problema. Como cuando el joven Osmand entró ante Benfica y revolucionó el partido desde un rol poco ortodoxo.
Las bandas, a medio gas
Hay un condicionante evidente en el dibujo ofensivo: faltan extremos puros. Jota aún no está al cien por cien, Yang sigue fuera y eso limita las variantes en los costados.
En ese vacío ha aparecido Hassan. El entrenador subraya su impacto en la segunda parte del último encuentro. Lo define como un futbolista cuya mejor posición es la banda derecha, arrancando abierto y atacando hacia dentro. Su actuación le dejó encantado: desborde, centros, problemas constantes para la defensa rival.
El regreso de Yang, previsto para que se reincorpore a los entrenamientos el lunes, debería añadir una pieza más a ese rompecabezas ofensivo. Estaba en gran forma antes de caer lesionado y el cuerpo técnico quiere comprobar su estado antes del próximo parón internacional.
Liderato, pero sin euforia
Completada la primera vuelta de partidos en la Premiership, el balance del entrenador es sobrio: van “bien”. Lideran la liga con cuatro puntos de ventaja, una distancia que él minimiza. Recuerda que la temporada pasada remontaron diferencias mayores. Sabe que, a estas alturas, nada está decidido.
En casa, el rendimiento es sólido. En Europa, admite que falta “algún resultado” que refrende el trabajo. Aun así, se declara satisfecho con el equipo en términos generales.
¿Objetivo para la segunda vuelta de partidos? Si pudieran repetir el mismo ritmo de puntuación, él estaría encantado. Lo ve improbable, pero no inalcanzable. El listón ya está puesto.
Cuando le recuerdan que el domingo podrían colocarse siete puntos por encima, corta cualquier intento de triunfalismo. Insiste en que no mira la clasificación de ese modo. Primero, ganar. Luego, ya se verá.
Falkirk y la trampa del buen momento
El siguiente obstáculo es Falkirk. Empezaron la temporada con dudas, pero ahora “vuelan”. El técnico no compra el relato del rival accesible. Habla de partido difícil, de un equipo que llega en racha, y de una sola certeza: tendrán la oportunidad de ganar si hacen las cosas bien. Nada garantizado, todo por pelear.
Mientras tanto, recuerda que muchos de los jugadores actuales ni siquiera hicieron la pretemporada con el club. Llegaron tarde, se han ido integrando sobre la marcha. De ahí su mensaje: hay que “aguantar” en este tramo, resistir mientras el engranaje termina de encajar. Y, por ahora, siente que lo están logrando.
Un clásico sin visitantes y una herida que ya no duele
La confirmación de que el partido de Scottish Cup en casa se jugará a puerta cerrada deja otro frente abierto: el futuro de los grandes clásicos sin aficionados visitantes.
El club ya se ha pronunciado y el entrenador se alinea con esa postura. Aun así, no reniega de su visión romántica del gran duelo: siempre ha defendido que la presencia de hinchas rivales engrandece el espectáculo, que el ambiente gana una dimensión distinta cuando hay colores opuestos en la grada.
La realidad, admite, apunta a otro camino. Todo indica que el escenario de clásicos sin aficionados visitantes, tanto en Celtic Park como en Ibrox, ha dejado de ser una excepción para convertirse en norma.
En medio de ese debate, lanza una referencia envenenada: menciona una invasión de campo reciente en un partido en Fleetwood, celebrada como un “momento icónico” del fútbol. Una comparación inevitable con la invasión de campo que marcó el final de la pasada temporada y que generó polémica.
Dice que ya no le molesta. Pero recuerda sus palabras de entonces: estaba convencido de que, en algún momento de su vida, habría otra invasión de campo que se interpretaría de forma muy distinta.
No necesitó añadir nada más. El mensaje quedó flotando en el aire, igual que la sensación de que su equipo, entre ajustes tácticos, bajas en las bandas y ruido externo, sigue liderando y, de momento, sigue resistiendo.




