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Andoni Iraola defiende a Florian Wirtz: más allá de los números

Andoni Iraola desafía la dictadura de los datos: “Flo” Wirtz vale más que sus números

En Anfield miran la tabla de estadísticas y ven un gol anulado, una sola asistencia en la Premier League, demasiadas pérdidas de balón y un precio de 116 millones de libras que pesa como un juicio permanente. Andoni Iraola, en cambio, mira el césped. Y ve a Florian Wirtz.

El técnico del Liverpool salió en defensa del internacional alemán, cuestionado por su irregular arranque liguero, y lo hizo con un mensaje directo contra la obsesión contemporánea por las métricas.

“Flo jugó muy bien contra Atlético Madrid y también creo que ha tenido mala suerte”, recordó Iraola, aún con fresca la victoria del miércoles en Champions. Aquella noche, Wirtz volvió a parecerse al futbolista que brilló en Europa la temporada pasada: entre líneas, girando, atrayendo marcas, liberando compañeros. Sin gol, sin cifras deslumbrantes. Pero con peso.

El entrenador tiró de memoria reciente: el “gol” ante Nottingham Forest, celebrado en directo, borrado después por el VAR. Acciones que no cuentan en las hojas de cálculo pero sí en la percepción del vestuario.

“Podría haber tenido muy buenas asistencias, pero no las hemos terminado. Por eso no puedes jugar solo por los números”, insistió.

Un 10 que organiza, aunque no marque

El discurso de Iraola va al corazón del debate moderno sobre los mediapuntas. Wirtz, 23 años, está siendo juzgado como si fuera un finalizador más que como lo que realmente es: el jugador que enciende la jugada, el que da el pase antes de la asistencia, el que acelera o frena el ataque según lo pide el partido.

“Da igual si un delantero marca muchos goles o no, hay que mirar el rendimiento. ¿Nos ayuda a jugar bien? Sí. Entonces, alguien marcará los goles y alguien dará las asistencias”, subrayó el técnico, casi molesto con la simplificación.

Iraola fue más allá. Se plantó frente a la cultura del dato como vara única de medir.

“Hoy en día todo va de números, todo el mundo le dice a los jugadores que tienen que asistir, que tienen que marcar. Para mí, tienen que ayudarnos a jugar bien. Alguien marcará los goles y no me importa si son los centrocampistas, como el otro día. Si estamos bien colectivamente, los goles llegarán”.

Es un mensaje claro hacia dentro y hacia fuera. Hacia el vestuario, para blindar a una de sus piezas clave. Hacia la grada, para pedir paciencia con un fichaje que, por precio y expectativas, vive bajo el microscopio.

Química nueva en un ataque nuevo

Wirtz no solo se está adaptando a la Premier League; también a un frente de ataque prácticamente reconstruido. Contra Atlético Madrid, dejó una muestra perfecta de lo que Iraola reclama que se valore: un pase filtrado magnífico que dejó a Bradley Barcola en posición inmejorable. No acabó en gol, pero sí en una certeza para el entrenador: cuando esa conexión se asiente, el impacto del alemán crecerá.

“Hay un argumento para decir que los extremos son la zona que más ha cambiado”, admitió Iraola. “Ahora tenemos nuevas armas con Bradley y Victor. Con Florian, él es clave para nosotros”.

La idea es sencilla: Wirtz como eje, Barcola y Victor Muñoz como lanzas. Un triángulo aún en construcción, pero con un potencial evidente. El técnico confía en que el alemán descifre rápido los movimientos de sus nuevos socios.

“No estoy preocupado porque aprenderá rápido dónde prefiere la pelota Victor o dónde la prefiere Bradley”, explicó. “Y también, Bradley, en solo su segundo partido, ya mostró que tenían una buena asociación. No estoy muy preocupado”.

La frase se repite, casi como un mantra: “No estoy preocupado”. No es casual. Iraola sabe que el entorno sí lo está. Sabe que el precio de Wirtz no ayuda. Sabe que un gol anulado no vale en las tablas oficiales. Y sabe también que, en un Liverpool en plena mutación ofensiva, necesita proteger a su generador de juego.

El peso invisible de un fichaje de 116 millones

En cualquier otro contexto, un mediapunta de 23 años que empieza a mostrar química con sus nuevos extremos, que ya ha firmado noches importantes en Champions y que se ofrece siempre entre líneas, sería un motivo de ilusión. En el fútbol actual, con etiquetas de mercado y comparaciones constantes, se convierte en diana fácil.

Wirtz pierde balones. Claro. Arriesga. Intenta el pase que rompe, el giro en espacio reducido, la conducción que atrae rivales. Ese tipo de futbolista vive en el filo: cuando el equipo acompaña, es genio; cuando no, es imprudente.

Iraola ha elegido su bando. Prefiere un Wirtz valiente, aún impreciso, antes que uno encogido por las críticas. Prefiere medirlo por lo que genera en el juego, no por la línea de goles y asistencias.

La temporada es larga. El ataque de Liverpool todavía se está conociendo. Si el técnico acierta en su apuesta, las estadísticas acabarán llegando. Y cuando lo hagan, muchos mirarán atrás y recordarán estas semanas en las que el entrenador pidió algo casi revolucionario en el fútbol de hoy: paciencia con un talento que, de momento, vale más por lo que hace jugar a los demás que por lo que aparece en los resúmenes.