Andoni Iraola y su desafío en Liverpool: ¿rotar o reaccionar?
Andoni Iraola apenas lleva unas semanas en el banquillo de Liverpool y ya se ha topado con una de las verdades más duras del fútbol de élite: el calendario no perdona. Ni a los entrenadores, ni a las ideas, ni a las piernas.
Tras un arranque de Premier League con más dudas que victorias y un regreso exigente a la Champions League, el técnico vasco se encuentra en plena fase de descubrimiento. Quiere saber, cuanto antes, quiénes son sus futbolistas realmente “robustos”, esos capaces de competir cada tres días sin que se les nuble la mente ni se les apague el físico.
“Hay jugadores que pueden jugar cada tres días sin problemas. Son muy robustos, su rendimiento no cambia demasiado”, explicó Iraola al ser preguntado por la posibilidad de alinear siempre su once más fuerte en la Carabao Cup. La frase, sencilla, encierra una decisión compleja: a quién exprimir y a quién proteger.
El dilema llega en una semana clave. El martes, Tottenham visita Anfield en la EFL Cup. No es el típico cruce cómodo de primeras rondas ante un rival de categorías inferiores, ideal para repartir minutos entre suplentes y canteranos. Es un duelo entre dos equipos de la Premier League, con carga emocional y deportiva, y con un Liverpool que viene de tropezar en casa.
Rotar o reaccionar: el peso de un 0-0
El empate sin goles ante Fulham ha dejado un poso incómodo en el ambiente. No es una crisis, ni mucho menos, pero sí una llamada de atención. Dos partidos de liga en Anfield, dos empates. Y un dato que escuece en un club acostumbrado a mandar desde el primer día: es solo la tercera vez en 63 años que Liverpool no gana ninguno de sus dos primeros encuentros ligueros como local.
El contraste con la victoria europea ante Atlético de Madrid, apenas 72 horas antes, fue evidente. De la urgencia, la energía y la agresividad del duelo de Champions se pasó a un Liverpool plano, cansado, irreconocible por momentos frente a un Fulham que aterrizaba en Anfield sin confianza y con siete goles encajados en sus tres primeras jornadas.
Los números del ataque hablan por sí solos. El tridente de 364 millones formado por Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz arrancó por primera vez junto en liga, pero apenas dejó chispazos. Isak tocó solo 16 balones en 90 minutos, la segunda cifra más baja registrada para un jugador de campo de los Reds… después de sus propios 14 toques contra Nottingham Forest dos semanas antes. Wirtz, brillante ante el Atlético, se apagó. Barcola e Isak dejaron detalles, pero todavía parecen más una promesa que una sociedad asentada.
Iraola sabe que no puede permitirse muchos más partidos así en casa. Seis puntos de doce posibles, con empates ante Nottingham Forest, Fulham y Newcastle, y una única victoria en Ipswich, son un botín corto para un equipo que aspira a pelear por títulos.
Un Liverpool cansado… y un Fulham valiente
El duelo ante Fulham dejó una imagen clara: Liverpool llegó justo. Justo de piernas, justo de ideas. Y Fulham, dirigido por Álvaro Arbeloa, lo aprovechó para sumar su primer punto de la temporada.
El conjunto visitante incluso rozó el golpe perfecto. Gonzalo García estuvo a centímetros del 0-1 en la primera parte, cuando Jeremy Jacquet tuvo que sacar su remate sobre la línea tras un grave malentendido entre Alisson y Ryan Gravenberch. Fue una jugada que retrató la falta de claridad local: un error sin presión, completamente evitable.
Fulham, que había perdido sus tres primeros partidos de liga con Arbeloa al mando, se plantó con oficio y sin complejos. David Affengruber debutó en el eje de la zaga en lugar de Joachim Andersen, Sander Berge entró por César Palacios y el equipo respondió. Josh King obligó a intervenir a Alisson desde dentro del área, Antonee Robinson rozó el gol de cabeza y, en el tramo final, King y Kevin volvieron a asomar el susto en el área local.
Liverpool, por su parte, fue cambiando piezas sobre la marcha. Kostas Tsimikas, Gravenberch y Víctor Muñoz arrancaron de inicio, pero ninguno terminó el encuentro. Milos Kerkez entró al descanso por un Tsimikas superado; Alexis Mac Allister y Cody Gakpo saltaron al campo pasada la hora de juego para intentar agitar un partido que se le escurría a Iraola.
Hubo ocasiones, sí, pero pocas realmente limpias. Muñoz obligó a Bernd Leno a una gran parada de cabeza. Barcola vio cómo un buen volea se marchaba a córner tras el desvío de Timothy Castagne. Isak probó con un disparo que Leno blocó sin apuros. Dominik Szoboszlai sacó un latigazo potente que el guardameta visitante repelió con solvencia. Ni siquiera la entrada de Rio Ngumoha y Jeremie Frimpong en el minuto 72 cambió el guion.
La última opción llegó ya en el descuento, con un cabezazo desviado de Isak tras un saque de esquina. Un símbolo de la noche: intención, pero poca precisión. Fulham resistió y se llevó un punto que sabe a alivio para Arbeloa en su regreso a un estadio que conoció como jugador.
La Copa como laboratorio… y como trampolín
Con ese contexto, la visita de Tottenham en la Carabao Cup se convierte en algo más que un trámite de entre semana. Es un cruce que puede marcar el tono de las próximas semanas. ¿Debe Iraola apostar por un once fuerte para recuperar sensaciones y enviar un mensaje de autoridad? ¿O debe proteger a sus titulares, aceptar el desgaste acumulado y usar la Copa como banco de pruebas?
El propio técnico ya ha dejado claro que no puede “ir siempre con todo”. Sabe que hay futbolistas cuyo rendimiento se mantiene estable con partidos cada tres días, y otros cuyo nivel cae y cuyo riesgo de lesión se dispara. Lo admitió sin rodeos: con algunos jugadores lo tenía claro, con otros está descubriendo ahora cómo responden a esta exigencia, porque nunca habían encadenado tantos minutos.
Ahí entra en juego la historia del club con el torneo. Pocas competiciones describen mejor la relación de Liverpool con los títulos que la League Cup. Diez veces han levantado el trofeo, más que nadie. Desde aquella primera conquista en 1980-81, la primera de cuatro seguidas hasta 1984, hasta la tanda interminable de 2022 ante Chelsea que terminó 11-10, pasando por la final de 1995 con el doblete de Steve McManaman ante Bolton o las coronas con Gérard Houllier a comienzos de siglo.
Kenny Dalglish añadió otra en 2012, de nuevo en los penaltis, frente a Cardiff City. Y Jürgen Klopp, en 2024, cerró el círculo con la décima, también contra Chelsea. La pregunta flota en el ambiente: ¿puede Iraola llevar a Liverpool a la undécima?
La respuesta no llegará el martes, pero el camino sí. Y empieza con una decisión incómoda: qué tipo de Liverpool se verá ante Tottenham. Uno herido, con titulares buscando redención inmediata. O uno pragmático, que acepta el desgaste y reparte cargas pensando en los “siete o más” partidos de Champions que aún esperan y en una Premier que no concede margen.
Entre la historia y el calendario, entre la necesidad de reaccionar y el miedo a romper a sus hombres clave, Iraola se juega algo más que un pase de ronda. Se juega entender, de una vez por todas, quiénes son los que van a aguantar el ritmo infernal de la temporada. Y quiénes, por el bien de todos, necesitan sentarse a tiempo.




