logo

Ange Postecoglou y su llegada a Riad: un nuevo capítulo en la historia del fútbol

Ange Postecoglou aterriza en Riad con una idea fija en la cabeza: no viene solo a entrenar, viene a inscribirse en la historia de Cristiano Ronaldo. A sus 58 años, el técnico australiano mira este nuevo reto en Arabia Saudí como otro capítulo en una carrera marcada por algo que repite casi como un mantra: ser parte del viaje de los grandes.

“Cuando miro atrás en mi carrera, lo que destaca para mí es que he tenido una bendición increíble al formar parte del camino de otras personas”, explicó. Y no exagera. Cuando aún era jugador, su entrenador fue Ferenc Puskas, una leyenda absoluta del juego. “Solo esa asociación ha sido increíble para mí porque soy una pequeña parte de la historia de ese hombre, una parte muy pequeña, pero una parte”.

La idea se repite una y otra vez en su relato. Con la selección de Australia, compartió vestuario con Tim Cahill, icono absoluto de los Socceroos. En el Tottenham, dirigió a Son Heung-min, el futbolista más influyente de la historia de Corea del Sur. “Soy una pequeña parte de su historia”, insiste. No es falsa modestia; es la forma en que entiende su profesión.

Ahora, el escenario es Riad y el foco, inevitablemente, apunta a Cristiano Ronaldo. El portugués domina el paisaje futbolístico de la Saudi Pro League y Postecoglou no oculta lo que significa para él cruzar caminos con una figura de ese tamaño. “No hay duda, Cristiano Ronaldo está aquí y uno piensa: puedo convertirme en una pequeña parte de su historia también. Y no desde un punto de vista egoísta, sino por mi propio viaje vital, por todo lo que quise hacer desde niño. Te vas asociando con estas personas por el camino. Eso formaba parte de la atracción”.

No busca que su nombre aparezca al lado del de Ronaldo en los libros de historia. Le basta con poder contar, algún día, que estuvo ahí, que trabajó en ese entorno, que influyó aunque fuera un poco. “No es que vayan a contar mi historia junto a la suya, pero yo sí puedo contar esa historia, y eso también formaba parte de la decisión”.

Postecoglou llega a Oriente Medio tras un parón incómodo en su carrera. Estaba sin equipo desde octubre, después de un brevísimo paso de 39 días por el Nottingham Forest. Un episodio fugaz, casi una nota a pie de página para un entrenador que ya ha demostrado su valía en escenarios de máxima exigencia. Ofertas no le faltaron: recibió interés de un número de clubes de dos dígitos, pero eligió Arabia Saudí sabiendo que muchos lo interpretarían como un descenso de peldaño.

No le preocupa. Ni lo más mínimo. “Nunca me ha preocupado”, admitió. “La gente dice: ‘no está en Europa, no es una liga de mayor perfil’, pero siempre he ido en contra de quienes son snobs con ciertas ligas y con todo eso. No iba a dar la vuelta y decir que esto es un paso atrás para mí. Nunca lo veo así”.

Ahí se asoma el Postecoglou más combativo, el que no compra el relato dominante del fútbol europeo como único centro del universo. Para él, la pregunta es otra. Más directa. Más práctica. “Pienso: ¿hay una oportunidad ahí? ¿Puedo tener impacto? ¿Me ilusiona la perspectiva de hacerlo?”. En Arabia Saudí, la respuesta fue un sí rotundo.

La liga saudí ha invertido cantidades descomunales en los últimos años. Ha traído a campeones de Europa, a técnicos con currículos de élite, a nombres que hace poco parecían intocables para cualquier destino que no fuera la Champions League. Ese contexto pesó en la decisión del australiano. “Marcaba todas esas casillas para mí porque es una liga que obviamente ha invertido mucho dinero, hay entrenadores top aquí, jugadores top aquí. La oportunidad de formar parte de eso era significativa”.

Postecoglou no llega a un retiro dorado. Llega a un escenario en ebullición, donde cada fichaje reconfigura el mapa del poder y cada jornada se convierte en un escaparate global. Llega, también, con la ambición intacta: dejar huella, competir con los mejores, añadir otro nombre gigantesco a esa lista personal de historias compartidas.

Puskas. Cahill. Son. Ahora, Cristiano. El australiano no necesita más adornos para explicar por qué Riad es, hoy, el lugar adecuado para seguir escribiendo su propia carrera desde la sombra de los gigantes.