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Arsenal: Arteta defiende su revolución en ataque antes del derbi

En un verano en el que la mayoría de grandes se reforzaron para sumar, Arsenal eligió restar. O al menos eso parece desde fuera. Leandro Trossard, Gabriel Jesus y Gabriel Martinelli ya no se visten de rojo en el Emirates. Tres nombres importantes, tres salidas que han levantado cejas en toda la Premier League.

Los números son claros. Trossard se marchó a Besiktas por 17,1 millones de libras. Gabriel Jesus hizo las maletas rumbo a Barcelona por 8,5 millones. Martinelli, quizá la salida más dolorosa para la grada, dejó Londres por un traspaso de 60 millones a Al-Hilal. Tres piezas ofensivas fuera, dos extremos zurdos naturales y un nueve. A cambio, solo un refuerzo directo para el frente de ataque: Christos Tzolis, llegado desde Club Brugge por 34 millones.

Es una apuesta fuerte. Y muy arriesgada.

Ahora Mikel Arteta mira a su banda izquierda y ve solo dos nombres para darle amplitud: Tzolis y Eberechi Eze. Por dentro, la responsabilidad recae en Kai Havertz, Viktor Gyokeres y Mikel Merino como principales referencias en la zona central. Es una estructura más corta, más concentrada. Menos margen de maniobra si las cosas se tuercen.

Arteta, sin embargo, no duda

El técnico fue directo cuando le preguntaron si se arrepiente de haberse quedado con una plantilla tan justa en ataque. No titubeó.

«No. La venta de jugadores puede venir de diferentes aspectos también. No siempre es el mismo», explicó. «Es parte de la responsabilidad que tenemos en el club. Entiendo el punto de vista, pero tenemos que entender la cantidad de minutos que jugaron esos futbolistas y los que estuvieron lesionados, especialmente en los primeros seis meses. Entonces los datos muestran algo completamente diferente, pero es lo que hay. Esto es lo que tenemos y ya contamos con jugadores muy buenos».

Su defensa se apoya en los detalles que no siempre ve el aficionado: la disponibilidad, la continuidad, los minutos reales. El caso de Martinelli es paradigmático.

El adiós de Martinelli, una herida emocional

La salida de Gabriel Martinelli golpea más allá de lo deportivo. Siete años en el norte de Londres, una historia de crecimiento compartida con el club y con la grada. No se trata solo de un traspaso millonario, sino de cerrar un capítulo.

Arteta lo subrayó con un tono diferente, más personal. «Con Gabi tengo gratitud. Ha sido un placer trabajar con él y formar parte de su viaje», dijo. «El Gabi que conocí y el que se acaba de ir tuvo una transformación enorme, tanto personal como profesional. El impacto que tuvo en el club, su ambición, su amor por el juego y la manera en que nos ha ayudado a crecer y lograr nuestros objetivos… ha sido un jugador crítico. La historia termina y le deseamos todo lo mejor en otra diferente».

La decisión, sin embargo, no se tomó solo con el corazón. En el club miraron hacia atrás y analizaron la disponibilidad real de sus atacantes. Gabriel Jesus, por ejemplo, no volvió hasta diciembre tras once meses de baja por una rotura de ligamento cruzado. Un vacío largo para un delantero llamado a ser referencia.

Trossard y Martinelli presentaban un historial físico más estable, pero tampoco perfecto. Ambos se perdieron dos partidos de liga por lesión en la primera mitad de la temporada pasada. En ese tramo, Trossard sumó 1.049 minutos ligueros. Martinelli, apenas 535. Esas titularidades intermitentes, esas ausencias puntuales, pesaron en la decisión de renovar el frente ofensivo.

La promesa del mercado y la mirada de la grada

Una parte de la afición no olvida las palabras de Arteta tras la final de la Champions League. El técnico prometió un Arsenal «muy ambicioso, rápido e inteligente» en el mercado. El verano avanzó, llegaron menos caras nuevas de las esperadas y las salidas se multiplicaron. El contraste alimentó la frustración.

Cuando le preguntaron si el club había cumplido realmente con esos criterios —ambición, rapidez, inteligencia— pese a la falta de incorporaciones de última hora, Arteta no se movió un centímetro de su discurso.

¿Se marcaron todas las casillas? «Marcadas al 100 %», respondió. «El resultado después puede ser diferente a lo que esperas, pero la intención estaba ahí, que es lo que más valoro».

El mensaje es claro: el entrenador se siente respaldado por la directiva, aunque desde fuera cueste entender la magnitud de la apuesta. Arsenal ha elegido un camino. Más corto, más específico, más expuesto si las lesiones regresan.

Parte médico y un derbi en el horizonte

En lo inmediato, la preocupación de Arteta se centra en el derbi londinense que se acerca y en el estado físico de varios nombres clave. Bruno Guimaraes es duda tras perderse algunos entrenamientos, aunque el técnico dejó entrever cierto optimismo.

«Tuvo un golpe contra Villa y ha sido evaluado. Probablemente estará bien para entrenar mañana», explicó.

El caso de Mosquera también está bajo la lupa. «Fue más por precaución que otra cosa sacarle contra Aston Villa. Tendremos que ver cómo se siente en la sesión de mañana», apuntó Arteta, que también se refirió al estado de Jurrien. «Jurrien está en muy buena condición. Lleva unas semanas sobre el césped y entrenando con nosotros, así que está en un buen momento. Decidiremos mañana después del entrenamiento si está disponible».

Entre salidas sonadas, una plantilla más corta y la exigencia de un derbi siempre cargado, Arsenal se asoma a un tramo decisivo de la temporada con una pregunta latente: ¿bastará la fe de Arteta en este grupo para sostener el pulso de la élite?