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Arteta y su método de sabotaje controlado en el Arsenal

Mikel Arteta no solo prepara a sus jugadores para atacar mejor o defender más alto. También los entrena para el caos. Y lo hace, literalmente, saboteando a su propio equipo.

El técnico de Arsenal reconoció que, durante la pretemporada, alteró de forma deliberada los planes de viaje, los horarios y hasta las condiciones del vestuario para acostumbrar a sus futbolistas a los imprevistos lejos de casa.

Todo cobra más sentido tras el último viaje europeo. El equipo londinense debía despegar del aeropuerto de Luton alrededor de las 15:00, hora del Reino Unido, rumbo a Italia para medirse a Napoli en la Champions League. La crisis en el control de tráfico aéreo del martes provocó un retraso de unas tres horas y el equipo aterrizó en la ciudad italiana muy por detrás de lo previsto.

¿Afectó eso al grupo? Arteta asegura que no fue un golpe inesperado. Él ya había llevado a sus jugadores a ese territorio incómodo.

Sabotaje controlado

El entrenador lo explicó sin rodeos: en verano diseñó escenarios hostiles a propósito. Cambió rutas de desplazamiento, retrasó comidas, hizo que el equipo llegara tarde a los estadios en partidos de preparación. Todo con un objetivo: que el día que la realidad golpeara, nadie se pusiera nervioso.

“Llegar muy tarde al estadio, cambiar la rutina para que los jugadores tengan que hacer otra cosa”, detalló. El mensaje es claro: el vuelo puede cancelarse, el tren puede demorarse, el tráfico puede colapsar. Lo que no puede permitirse es un vestuario que entra en pánico.

Arteta insiste en que, cuando se presenta el problema, la reacción debe ser inmediata: adaptarse. Si hay dos o tres horas muertas en un avión, hay que aprovecharlas. Jugar cartas, charlar, dormir. Lo que sea, menos quejarse. Y, sobre todo, nada de excusas.

El técnico fue más allá. Contó que ha modificado las condiciones del vestuario para endurecer aún más al grupo. Ha hecho el ambiente más caluroso, ha reducido el número de camillas de masaje, ha complicado todo lo que ha podido el confort habitual del futbolista profesional. Quiere un equipo que funcione en cualquier contexto, sin que el más mínimo detalle logístico se convierta en coartada.

Para él, un día de partido sin un mínimo de estrés, sin un elemento de sorpresa, casi es una oportunidad perdida.

Del carterista al altavoz: la mente de Arteta

No es la primera vez que el técnico español recurre a métodos poco convencionales. Su historial de recursos psicológicos ya había dado que hablar.

El año pasado se supo que pidió a su entonces jefe de ciencia del deporte y rendimiento, Tom Allen, que contratara a un carterista profesional para que robara a sus propios jugadores durante una cena de equipo. El ladrón se hizo pasar por camarero. Al final de la velada, en la charla previa al partido, Arteta colocó delante de la plantilla los objetos sustraídos.

El truco no era un simple espectáculo. Buscaba instalar en el grupo una “mentalidad carterista”: estar siempre alerta, conscientes de que el rival intenta robarles ventajas en cada detalle del juego.

La serie documental de Amazon Prime, All or Nothing, ya había mostrado otras escenas singulares del técnico. Antes de visitar Anfield para enfrentarse a Liverpool con el estadio otra vez lleno, Arteta ordenó poner “You’ll Never Walk Alone” a todo volumen en los entrenamientos. Quería que sus jugadores sintieran el ruido, el ambiente, la presión, antes de pisar el césped rival.

En otro partido, esta vez en casa, llevó una bombilla a la charla previa. La usó como metáfora: quería que sus futbolistas brillaran, que se alimentaran unos a otros de energía y luz.

Un vestuario preparado para lo imprevisible

El patrón es evidente: Arteta entiende el fútbol de élite como una sucesión de pequeños terremotos emocionales y logísticos. No se conforma con que su equipo sepa qué hacer con el balón; quiere que sepa qué hacer cuando todo lo que rodea al balón se desmorona.

Retrasos, rutas cambiadas, vestuarios incómodos, ruido ensordecedor, carteristas disfrazados de camarero. El plan es radical, pero coherente: desactivar las excusas antes de que aparezcan.

En un calendario cada vez más saturado, con viajes constantes y márgenes mínimos de error, la pregunta ya no es si Arsenal juega bien. La cuestión, viendo el laboratorio mental que dirige Arteta, es cuántas sorpresas más está dispuesto a introducir para mantener a su equipo siempre un paso por delante del caos.