Aston Villa busca romper el hechizo de Glasner en Villa Park
Cuatro días después de reengancharse a la temporada con una victoria europea ante Club Brugge, Aston Villa vuelve a Villa Park con una mezcla de alivio y urgencia. Enfrente, un Nottingham Forest en plena transición, sin triunfo liguero aún, pero con un técnico que conoce demasiado bien cómo desarmar a Unai Emery.
Villa, entre el recuerdo y el aviso
En Birmingham todavía resuena el eco del curso pasado. Entonces, el equipo tardó cinco jornadas de liga en marcar su primer gol, pero encontró aire en Europa ante un rival menor y, desde ahí, encadenó una racha salvaje: 17 victorias en 19 partidos. Aquella reacción cambió el relato de la temporada.
Ahora el paralelismo aparece solo, aunque con matices. Esta vez, salvo el desastroso debut ante Brighton, el Villa sí muestra una identidad clara. El caos defensivo del arranque anterior ha desaparecido. Emery ha recompuesto la estructura atrás con rapidez: líneas más juntas, presión mejor calibrada, menos desajustes en campo propio.
Y arriba, el crecimiento ha sido más lento… hasta Brugge. El triunfo en Champions no solo dio puntos; aceleró sensaciones. El equipo atacó con más ritmo, más decisión, más colmillo. Pareció, por fin, un bloque reconocible.
Queda, además, margen para subir una marcha. Las grandes inversiones del verano aún no han irrumpido de lleno: Ibrahim Mbaye y Johan Manzambi, flamante nominado al premio Ballon d'Or Young Talent of the Year, todavía no se han estrenado en partido oficial con el equipo. Ambos apuntan a posibles debuts este sábado, un detalle nada menor en un contexto incómodo: el Villa está a un paso de convertirse en el primer equipo en la historia de la liga inglesa que encadena dos temporadas sin marcar en sus tres primeros encuentros en casa.
El escenario, al menos, invita al optimismo local. Seis victorias seguidas en Premier League en Villa Park ante Forest. Y un precedente reciente que pesa: hace apenas cuatro meses, los villanos arrollaron 4-0 a los de Nottingham para sellar su billete a la final de la Europa League.
Pero ese dato también engaña. De aquel once titular, seis jugadores ya no están en el club. De los 16 que participaron, han salido nueve. El recuerdo del 4-0 es potente; la realidad del vestuario, muy distinta.
Forest se agarra a su técnico talismán
En la otra orilla, los números son fríos. Forest no gana en el feudo del Villa desde 1994. Llega sin victorias tras sus tres primeros partidos de Premier League, algo inédito para el club en este formato. El contexto invitaría al pesimismo.
Luego aparece un nombre: Oliver Glasner.
Para Emery y para Aston Villa, el austríaco es algo más que un entrenador rival. Es un problema recurrente. Un talón de Aquiles. Siete enfrentamientos directos, todos con Glasner al mando de Crystal Palace, y ni una sola derrota para él. El balance es demoledor: 19 goles a favor de sus equipos, solo 4 encajados.
Dentro de esa serie hay dos golpes especialmente dolorosos para el Villa: dos triunfos de Glasner en Villa Park en medio de una racha casi inexpugnable del conjunto de Birmingham, que solo perdió esos dos partidos en una secuencia de 41 encuentros como local.
No es una simple estadística curiosa. Es una tendencia. Para Glasner, se trata de una de sus mejores marcas personales: solo ha encadenado una racha invicta más larga ante un técnico concreto, y nunca ha firmado un registro tan dominante frente a un colega sin conocer la derrota. Para Emery, es justo lo contrario: el peor historial que ha tenido jamás ante un mismo entrenador, sin haber logrado todavía un solo triunfo.
Ahí se juega parte del partido, incluso antes del pitido inicial. Villa llega con la necesidad de romper una barrera histórica de goles, de confirmar que lo de Brugge no fue un espejismo y de ensamblar sobre la marcha a sus fichajes de lujo. Forest aterriza con urgencias clasificatorias, pero con la certeza de que su entrenador sabe cómo incomodar, una y otra vez, a este rival y a este técnico.
En Villa Park no solo se mide un equipo que busca encender su temporada contra otro que aún no despega. Se mide, sobre todo, la capacidad de Emery para romper por fin el hechizo de Glasner. Si no lo consigue ahora, con el estadio de su lado y el recuerdo reciente de Europa empujando, ¿cuánto puede pesar esta losa en el resto del curso?




