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Batallas y Resistencia: El Episodio 25 de ALL CAPS

Algunas batallas se libran con fusiles. Otras se deciden ante un juez, en un hilo de redes sociales, sobre un ring… o persiguiendo una ola.

El episodio 25 de ALL CAPS, el programa semanal de actualidad internacional de ynet Global, saltó de un frente a otro con un hilo común: personas que se niegan a aceptar el papel que el mundo les asigna. Desde los pasillos del Senado de Estados Unidos hasta las playas de California, pasando por un ring de Muay Thai y los aeropuertos donde hoy los soldados israelíes viajan con un nuevo tipo de miedo.

Washington: una audiencia vacía y una pregunta incómoda

La emisión arrancó en Washington, con una audiencia del Senado estadounidense presidida por Ted Cruz sobre la presunta red de influencia de la Hermandad Musulmana en el país. Un tema inflamable de por sí. Pero lo que marcó el tono fue la ausencia total de senadores demócratas.

El panel no se quedó en la anécdota del boicot político. Puso el foco en la grieta que se abre en las democracias occidentales cuando la polarización pesa más que la voluntad de confrontar movimientos extremistas. Si la mitad de la sala decide no presentarse, la pregunta ya no es solo qué hace la Hermandad Musulmana, sino qué están dispuestos a hacer —o dejar de hacer— quienes deberían vigilarla.

Desde allí, el mapa se desplazó hacia el sur.

Colombia y el recordatorio de que nada es eterno en diplomacia

El debate viajó a Colombia, donde el cambio de gobierno ha transformado la relación con Israel. Un giro brusco que obligó al panel a mirar más allá de Bogotá: ¿es un caso aislado o la señal de una reconfiguración más amplia en América Latina respecto a Israel y a Occidente?

El mensaje fue claro: en diplomacia no hay matrimonios para siempre. Gobiernos cambian, prioridades cambian y países que parecían alejarse de Israel pueden volver a acercarse. Colombia, en ese sentido, se convirtió en un recordatorio incómodo para quienes dan por sentadas las alianzas.

Hollywood, Marwan Barghouti y la batalla por las palabras

El programa dio un salto a Hollywood, donde un grupo de actores impulsa una campaña por la liberación del líder palestino encarcelado Marwan Barghouti. No se trató de un análisis amable.

El panel rechazó con contundencia el intento de presentar a Barghouti como un “Mandela palestino”, subrayando sus condenas en Israel por su implicación en atentados que costaron vidas de civiles. La comparación, insistieron, no es inocente: forma parte de una lucha por el lenguaje y la memoria histórica, en la que las campañas de celebridades pueden cambiar el relato político aunque los hechos digan otra cosa.

“Lean la acusación, lean el veredicto, vean con quién están tratando”, exigió la presentadora Nitsana Darshan-Leitner, denunciando que convertir a Barghouti en símbolo de resistencia no violenta supone “blanquear el terrorismo con polvo de estrellas”.

Era el prólogo perfecto para la primera protagonista del episodio.

Nili Block: golpes, banderas y dudas convertidas en gasolina

La conversación más íntima llegó con Nili Block, campeona mundial de kickboxing y Muay Thai, una deportista que lleva años entrando al ring con la bandera israelí sobre los hombros.

Block empezó en las artes marciales con apenas 10 años. De niña ya sabía que quería ser atleta profesional. Lo de ser campeona del mundo, confesó, ni siquiera entraba en sus sueños. Llegó igual. Varias veces.

Su historia, sin embargo, no se reduce a títulos. Block habló de lo que significa abrirse camino como mujer en un deporte que muchos siguen viendo como territorio masculino, de los que la subestimaron y de cómo aprendió a convertir cada duda ajena en combustible propio.

“Dices que no puedo hacerlo, voy a demostrarte que te equivocas”, resumió. Una frase corta, un credo de vida.

Esa mentalidad la acompaña también fuera del ring. Representar a Israel en el extranjero ha adquirido otro peso en los últimos años, con atletas israelíes enfrentándose a hostilidad y protestas antiisraelíes en distintas competiciones. Block recordó a judíos franceses que se le acercaron para agradecerle simplemente por mostrarse, sin esconderse, como israelí.

En comunidades que lidian con antisemitismo en su día a día, verla competir con la estrella de David a la vista se convirtió en un acto de resistencia. “Tenían miedo”, recordó. “Yo saliendo ahí y manteniéndome firme, creo que les dio mucha esperanza”.

Los cinturones y medallas no le han cambiado la brújula. Ser campeona, explicó, no es licencia para dejar de aprender, de trabajar ni de tratar a los demás con respeto. Es solo el punto de partida de la siguiente pelea.

Un nuevo frente para los soldados de las FDI

Del ring, el programa saltó a otro tipo de combate, mucho menos visible.

Desde el 7 de octubre, cada vez más soldados y reservistas israelíes que viajan al extranjero se topan con denuncias, investigaciones y peticiones de detención basadas en leyes de jurisdicción universal. El frente ya no está en Gaza ni en el norte, sino en aeropuertos y comisarías de países lejanos.

El programa expuso a organizaciones que rastrean a soldados israelíes a través de redes sociales, recopilan datos sobre sus movimientos y buscan acciones legales contra ellos en distintos lugares del mundo. Ante ese escenario, Shurat HaDin ha lanzado Shakpatz, descrito en la emisión como un “chaleco antibalas legal” para los militares israelíes.

La idea es directa: ofrecer a reservistas y veteranos información antes de que suban a un avión. Guías por país, alertas legales, instrucciones precisas sobre qué hacer si se encuentran con problemas en el extranjero. Y, cuando la teoría no basta, una red de abogados lista para activarse si un israelí se enfrenta a una detención, un interrogatorio o una posible orden de arresto.

El concepto es tan sencillo como contundente: cuando defendían a Israel, llevaban protección física. De vuelta a la vida civil, quizá necesiten protección jurídica.

“Ustedes nos protegieron. Ahora nosotros los protegemos a ustedes”, proclamó el segmento. Una frase que encierra una realidad incómoda: para muchos soldados de las FDI, abandonar el campo de batalla ya no significa abandonar la lucha.

De Jabalia a las olas: la vida después de perder un brazo

El cierre del programa llevó la palabra “batalla” a un lugar completamente distinto.

Tamir Dudi, oficial de 26 años de las FDI, resultó gravemente herido combatiendo en Jabalia. Diecisiete cirugías después, perdió el brazo derecho. Para casi cualquiera, ese momento habría marcado para siempre el relato de una vida.

Dudi decidió escribir otro final. Volvió al mar.

Hoy se prepara para el World Adaptive Surfing Championship en California, con un objetivo tan simple como descomunal: subirse al podio y ganar una medalla. Nada de simbolismos vacíos. Competir. Ganar.

Su regreso a las olas dejó al panel de ALL CAPS visiblemente impresionado. El surf exige fuerza, equilibrio, coordinación. Hacerlo con un solo brazo multiplica cada dificultad: remar, incorporarse, controlar la tabla. Y, sin embargo, Dudi se ha empeñado en que su nombre no quede atado a una explosión en Jabalia, sino a una serie de maniobras sobre el agua.

Era el broche lógico para lo que el propio programa definió como un “episodio de campeones”.

Campeones muy distintos, pero unidos por una misma terquedad. Nili Block, peleando dentro del ring y también fuera de él, cada vez que se planta en un pabellón hostil con la bandera israelí en el pecho. Los reservistas de las FDI, que descubren que el combate puede esperarlos en un control de pasaportes o en un despacho judicial. Y Tamir Dudi, que tuvo que tomar la decisión más difícil cuando ya no sonaban los disparos: decidir qué hacer con la vida que seguía.

Su respuesta fue clara. Volver a subirse a la tabla. Y no bajarse hasta que la próxima ola le obligue a tomar otra decisión.