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El vacío en el peso pesado de UFC tras la salida de Tom Aspinall

Es difícil no ponerse del lado de Tom Aspinall. El hombre no gana para disgustos. Esta mañana anunció que dejaba vacante su título de peso pesado de UFC, un gesto casi caballeresco hacia el resto de la división, explicando en redes sociales que sus ojos siguen sin recuperarse del brutal poke de Ciryl Gane el pasado octubre en UFC 321.

Conviene recordar el calvario: Aspinall esperó 15 meses para llegar a esa pelea con Gane, retenido por los caprichos de Jon Jones, el anterior campeón, que solo soltó el cinturón tras un año entero de dudas y tiras y aflojas. Resultado: en el tramo más valioso de su carrera, con 33 años, Aspinall ha peleado una vez en 26 meses. Ahora ni siquiera sabe cuándo podrá volver a ver bien. Así que suelta el cinturón.

Y ahí es donde empieza el verdadero delirio del peso pesado.

Un viaje psicodélico en los pesados

Lo de los pesos pesados en UFC ya no es una simple división. Es un viaje chamánico. Un fuego al que se asoman viejos fantasmas y nuevas figuras mientras la realidad se derrite.

Primero fueron los ancestros: Stipe Miocic, Francis Ngannou, y finalmente Jon Jones. Después, Jones se transformó ante nuestros ojos en Aspinall, que a su vez se desdibujó para dejar paso, una y otra vez, a la cara recurrente de Ciryl Gane, un trauma que no termina de marcharse. Y cuando parecía que el paisaje ya no podía ser más extraño, apareció Alex Pereira desde la maleza, lanzando flechas en dirección a Gane.

La línea temporal de los últimos cinco años en el peso pesado parece un cuadro infinito: cada vez que crees que ves el conjunto, la imagen vuelve a alejarse.

De la coronación de Ngannou al vacío

27 de marzo de 2021, UFC 260. Francis Ngannou no solo derrota a Miocic en la revancha: se corona como campeón lineal del peso pesado y confirma la profecía que arrastraba desde su inicio en la compañía, con un 6-0 y seis finalizaciones. Era el rey destinado.

La primera grieta surge cuando UFC le pide defender el título en UFC 265 ante Derrick Lewis apenas cuatro meses y medio después. Ngannou pide más tiempo. A la promotora no le gusta. Plan alternativo: Lewis contra Gane por un título interino.

7 de agosto de 2021, UFC 265. Ciryl Gane silencia Houston y tumba a Lewis por TKO en el tercer asalto. Campeón interino. Campeón “menor”. Pero con billete directo a la unificación.

22 de enero de 2022, UFC 270. Ngannou se juega todo a cinco asaltos contra Gane y gana de forma clara, tirando de lucha pese a arrastrar una lesión de rodilla. Ese giro de guion —el pegador descomunal ganando con wrestling— se convierte en la gran historia de la noche. Después se sabrá que Dana White, CEO de UFC, iba con Gane. Ese fue el último día de relativa normalidad en la división.

14 de enero de 2023. Ngannou y UFC no llegan a un acuerdo. La compañía le quita el cinturón y renuncia a la cláusula de igualar ofertas, dejándole vía libre para firmar con PFL y probar suerte en el boxeo. El campeón lineal del peso pesado se marcha. En su debut pugilístico pone contra las cuerdas a Tyson Fury. Un terremoto en los deportes de combate.

Para los aficionados de UFC, la conclusión es sencilla: el verdadero campeón ya no está.

La era Jones: títulos, asteriscos y un interino incómodo

4 de marzo de 2023, UFC 285. Con Ngannou fuera, Jon Jones por fin cumple su vieja amenaza de subir al peso pesado. Se mide a Gane por el título vacante. Le bastan poco más de dos minutos para someterlo con una guillotina y proclamarse campeón en una segunda categoría.

El problema es obvio: no ha vencido a Ngannou. Los asteriscos vuelan por el aire.

11 de noviembre de 2023, UFC 295. Jones debía enfrentarse a Miocic en el Madison Square Garden. Un desgarro en el pectoral lo deja fuera. Miocic no quiere sustitutos. Solución: otro título interino. Esta vez entre Tom Aspinall y Sergei Pavlovich. Aspinall no tarda: 69 segundos. KO. Campeón interino. Campeón “indiscutido” para quienes no reconocen el trono de Jones.

27 de julio de 2024, UFC 304. Dana White se aferra a la narrativa: Jones no solo es el GOAT de las MMA, sino el mejor libra por libra del planeta. UFC protege a toda costa el duelo Jones-Miocic, pese a la tormenta de críticas. Para que la división no se oxide del todo, Aspinall defiende el cinturón interino ante Curtis Blaydes. Una frase que desafía la lógica: los interinos no se defienden, se unifican.

Aspinall, sin embargo, responde a lo grande: 60 segundos, KO, revancha cobrada. Pero los asteriscos siguen girando: Blaydes no es Jones. Y Jones nunca venció a Ngannou.

16 de noviembre de 2024, UFC 309. Por fin, un año tarde, Jones y un Miocic de 42 años se ven las caras en el Garden. Jones vence por TKO en el tercer asalto. Retiene el título de peso pesado y, en teoría, abre la puerta a la unificación con el ya consolidado campeón interino, Aspinall.

El campeón que no llega y el campeón que no puede

Los meses pasan. Jones repite que no le interesa Aspinall, que esa pelea no suma nada a su legado. Aspinall espera. Jones viaja por Vietnam y Tailandia, sube fotos en motos pequeñas, proclama que está “viviendo su mejor vida”. UFC aguanta el discurso mientras puede.

Junio de 2025. Aspinall ve pasar estaciones en su calendario. Jones finalmente vacía el trono y anuncia su retirada de las MMA. El cinturón queda otra vez flotando. Semanas después, Jones se entera de que UFC planea un evento en los jardines de la Casa Blanca para celebrar los 250 años de Estados Unidos. De pronto, la retirada ya no parece tan definitiva. Habla de volver. De pelear ahí. Tal vez contra Alex Pereira. Un espectáculo perfecto para su legado.

Dana White corta de raíz: dice que hay una posibilidad entre mil millones de que Jones esté en esa cartelera. Jones, aun así, insiste.

25 de octubre de 2025, UFC 321. Ngannou lleva tiempo fuera. Jones ya no forma parte del cuadro. Aspinall, el campeón suplente, ve cómo UFC por fin le quita la etiqueta de “interino”. Es el hombre del peso pesado. Oficialmente. Pero sin haber vencido ni a Jones ni a Ngannou, los asteriscos ya cubren el cielo.

La compañía decide emparejarlo con el de siempre: Gane. Abu Dabi. La pelea que debía reactivar la categoría. El primer asalto es competitivo… hasta que los dedos de Gane terminan hundidos en las cuencas de los ojos de Aspinall. Combate detenido. Silbidos. Dana White resta importancia a la lesión. Aspinall, de nuevo, tiene que pelear fuera del octágono, esta vez para convencer al mundo de que su vista está seriamente dañada.

Gane, Pereira y un cinturón que se escurre

14 de junio de 2026, UFC Freedom 250. Con Aspinall convaleciente y su condición de campeón en entredicho, UFC vuelve al comodín: título interino. Otra vez Gane, esta vez frente a Alex Pereira, que sube al peso pesado con la posibilidad histórica de conquistar un tercer cinturón en UFC.

La pelea termina con TKO para Gane. Pero el foco se desplaza a otra parte: una serie de golpes ilegales a la nuca de Pereira encienden la polémica. Herb Dean queda señalado. Pereira pasa meses despellejando al árbitro en público. Gane, mientras tanto, se marcha sigilosamente con su segundo cinturón interino, listo para otra oportunidad.

Su hoja de servicio a estas alturas es un poema: 0-1 en peleas por el título lineal, 0-1-1 NC en peleas por títulos no lineales, 2-0 en interinos. Un campeón de “casi” todo.

14 de septiembre de 2026. Aspinall, aún con problemas en la vista, decide soltar el cinturón del todo. Ya no hay campeón de peso pesado. UFC debe decidir si asciende a Gane a campeón absoluto —con una tormenta de dudas sobre su legitimidad— o si su siguiente combate, ya sea la revancha con Pereira o un duelo por el título ante el invicto y pintoresco Josh Hokit, servirá para coronar a un nuevo rey.

Un cinturón fantasma

El panorama es insólito. Ngannou, el campeón original, está fuera del sistema. Jones, el campeón no lineal, se ha retirado. Aspinall, el campeón de transición, está lesionado y ha renunciado. Ninguno perdió su título en la jaula. Ninguno lo tiene hoy.

El cinturón de peso pesado de UFC se ha convertido en un objeto casi clandestino, que pasa de mano en mano sin que nadie lo retenga de verdad, manchado por huellas dactilares imposibles de distinguir a simple vista.

Quizá haga falta algo parecido a la ciencia forense para determinar quién merece realmente ceñírselo la próxima vez que salga a la luz. Mientras tanto, la división más temida del planeta vive sin rey, con un trono vacío que empieza a pesar más que cualquier puñetazo.