Cardinale busca comprar Al Nassr mientras Ronaldo persigue los 1.000 goles
La escena es insólita incluso para el fútbol moderno: un fondo de inversión estadounidense tantea la compra de un club saudí propiedad del poderoso fondo soberano del país… cuyo capitán, Cristiano Ronaldo, podría acabar también como copropietario. Dinero, poder y goles, todos en el mismo tablero.
Gerry Cardinale, al frente de RedBird Capital Partners, ha confirmado que estudia la posibilidad de adquirir Al Nassr, el equipo al que Ronaldo llegó en 2023 y cuyo contrato se extiende hasta junio de 2027. La operación, aún en fase embrionaria, podría convertir al portugués, de 41 años, en accionista del club que lidera sobre el césped.
RedBird no llega de nuevas. El grupo ya controla un 85% de Toulouse desde 2020 y dos años más tarde completó la compra del gigante italiano AC Milan. Un eventual desembarco en Arabia Saudí dibujaría una red multiclub de enorme impacto, con nombres de peso como Christian Pulisic en San Siro y Cristiano como rostro global en Riad.
Cardinale abre la puerta… con cautela
En declaraciones a Gazzetta dello Sport, Cardinale reconoció el interés, pero rebajó cualquier sensación de inminencia. El propio ejecutivo explicó que ha sido contactado para analizar la “oportunidad Al Nassr” y que el diálogo apenas ha empezado. Trabaja con frecuencia en Oriente Medio y la operación encaja en su mapa de expansión, aunque insiste: es solo un primer sondeo.
Más allá de los números, hay una figura que lo intriga especialmente: Ronaldo. Cardinale confesó que quiere reunirse con él para entender qué papel imagina el delantero cuando cuelgue las botas y cuál podría ser su implicación futura con el club saudí. La idea de gestionar varios equipos ya es una realidad con Toulouse y AC Milan, pero la posibilidad de sumar a Cristiano a ese ecosistema, esta vez también desde el despacho, añade otra dimensión.
Si el acuerdo prospera, Al Nassr se integraría en una estructura con vocación global, en la que el icono portugués pasaría de ser solo el emblema en el césped a pieza estratégica en el proyecto corporativo.
Un “alien” en plena caza del gol 1.000
Mientras los despachos se mueven, Cristiano sigue hablando en su idioma de siempre: el gol. En el campo, el veterano delantero mantiene un nivel que desafía al calendario. En el último partido de la Saudi Pro League, firmó un hat-trick en el 5-3 de Al Nassr ante Al Kholood, un festival de ocho tantos que volvió a colocar su nombre en los titulares.
Ese triplete lo acerca aún más a una cifra que parecía de ficción: los 1.000 goles en su carrera. Le faltan solo 15 para alcanzar ese hito descomunal. Cada partido en Arabia Saudí se ha convertido en una cuenta atrás.
En la grada, otro campeón del mundo en lo suyo, el boxeador Oleksandr Usyk, presenció el espectáculo y se quedó con una palabra para definir al portugués: “alien”. Una etiqueta que encaja con la sensación que transmite un futbolista que, a estas alturas, sigue demoliendo registros con una naturalidad casi sobrenatural.
Ronaldo no dejó pasar la ocasión para celebrar en redes sociales: habló de una “gran victoria” y de un “gran rendimiento de equipo”, y remató con la satisfacción personal de haber ayudado con un hat-trick. Un mensaje breve, directo, en la línea de alguien que se alimenta de la competencia diaria.
Futuro en el palco, presente en el área
El contraste es poderoso. Sobre el césped, un delantero que continúa ampliando una obra goleadora sin precedentes. Fuera de él, un fondo de inversión que se plantea convertirlo en socio en un proyecto que uniría capital estadounidense, ambición saudí y una red europea ya consolidada.
Los próximos meses dirán si las conversaciones entre RedBird y el entorno de Al Nassr pasan de la fase exploratoria a un acuerdo formal. Si eso ocurre, el club que hoy vive de los goles de Ronaldo podría, dentro de no mucho, vivir también de sus decisiones en la sala de juntas.
Mientras tanto, el foco deportivo es nítido: cada balón que sale del pie derecho del portugués acerca un poco más a esa frontera casi mítica de los 1.000 goles. Y plantea una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede seguir empujando los límites un futbolista que, a los 41 años, todavía juega como si se negara a aceptar el final?




