Carty y Allen: El combate que terminó en 80 segundos
Había 83.000 almas en Croke Park, una atmósfera de gran noche irlandesa, y un combate de pesos pesados colocado en un escaparate que pocos habrían imaginado para Dave Allen y Thomas Carty. Todo estaba preparado para que el británico popular y el héroe local calentaran el ambiente antes de la despedida de Katie Taylor.
Duró 80 segundos.
Ni un asalto completo. Un clinch, un par de golpes por detrás de la cabeza, un cuerpo que pierde el equilibrio y una imagen surrealista: Carty cayendo entre las cuerdas, desplomándose fuera del cuadrilátero. Silencio primero, desconcierto después. Y, al final, “no contest”.
Un final absurdo en 80 segundos
El propio Carty aún intenta recomponer la secuencia. En “The Ariel Helwani Show”, del canal Uncrowned, el irlandés explicó cómo vivió esos segundos que cambiaron la noche.
“Me rozó en la parte de atrás de la cabeza la primera vez en el clinch y no le di importancia”, relató. “Volvimos a entrar en clinch y, en ese momento, me volvió a pegar en la parte de atrás de la cabeza en 10-15 segundos, y lo siguiente que sé es que estaba boca abajo, cayendo fuera del ring”.
No recuerda todo con nitidez. Tira de los vídeos, de las repeticiones. “Recuerdo golpear un banco o algo en la caída y luego el suelo”, añadió. El parte de daños, ya más frío: molestias en la nuca, en la parte trasera de la cabeza y en el cuello. Carty, con un récord de 11-1 y 9 KOs, aseguró que quiso levantarse y seguir, pero una pierna quedó atrapada bajo un taburete en el caos que se formó a su alrededor.
“La cosa pasó tan rápido… Solo recuerdo mirar hacia arriba y ver como 20 personas”, contó. “Gente en el ring mirándome, fotógrafos, los médicos de ringside, como 20 personas hablando, y mi entrenador también allí”.
El médico de ringside fue tajante: no podía continuar. Carty no logró ponerse en pie con garantías, y el árbitro detuvo todo. Combate terminado.
Al otro lado, Allen tampoco entendía nada. “En ese momento no estaba muy seguro de qué estaba pasando”, admitió. “Había sido medio asalto y salió volando del ring. No sabía si me iban a descalificar, si había ganado, no tenía ni idea”.
Mientras el público murmuraba, el árbitro, el médico y la comisión local debatían a pie de ring. El veredicto podía cambiarlo todo. Si el colegiado consideraba que el golpe había sido legal y que Carty simplemente había atravesado las cuerdas, Allen, con 27-9 y 20 KOs, se marchaba con la victoria. Si el impacto en la parte posterior de la cabeza se interpretaba como intencionado o causa directa de la lesión, el triunfo podía ser para el irlandés.
Nada de eso ocurrió. El árbitro dictaminó que se trató de un accidente no intencionado. Resultado: combate nulo.
Entre la legalidad, la ética y la furia del público
Carty no fue tan comprensivo con la ejecución de los golpes, aunque evitó acusar a Allen de mala fe premeditada.
“No sé si lo hizo a propósito”, dijo. “No creo que dijera: ‘Voy a pegarle a Thomas en la parte de atrás de la cabeza’. Pero eso fue lo que pasó”.
El irlandés habló de “tácticas de viejo zorro”, de un intento de Allen por trabajar cerca de la oreja con picardía. “Estaba intentando golpearme por detrás de la oreja, pero fue innecesario, totalmente innecesario”.
Cuando en las pantallas gigantes de Croke Park se repitieron las acciones a cámara lenta, el estadio reaccionó. Abucheos. La grada irlandesa no necesitó más para señalar a Allen. Para muchos, aquellos golpes a la parte trasera de la cabeza no solo fueron ilegales, sino deliberados, y explicaban por sí solos la caída de Carty.
Allen defendió su estilo, tosco pero, según él, no sucio. “Soy un boxeador duro, no un boxeador sucio”, se justificó. “Soy bastante bruto. La mitad del tiempo ni miro dónde estoy pegando, solo quiero golpearte”.
Su lectura de la acción fue muy distinta. “El primero va a la parte de atrás de la cabeza, pero él se agacha hacia el golpe. En el segundo, él se me echa encima con la cabeza baja. Tiro la derecha a la oreja, él gira y le da en la parte de atrás de la cabeza”.
Ni uno ni otro acusó frontalmente al rival de manipular el desenlace. El respeto, al menos en lo público, se mantuvo. Allen fue claro: no cree que Carty buscara una vía de escape. “Hablé con Thomas y me dijo que no. Me inclino a creerle. Es un boxeador y tengo que creer lo que me dice. No tengo ningún problema con él”.
Carty se defiende: “¿En qué momento no lo quise?”
Mientras Carty seguía en el suelo, rodeado de personal médico y oficiales, las redes sociales ya habían dictado otra sentencia: para algunos, el irlandés no quiso seguir. Que había “tirado” el combate. Carty no entiende de dónde sale esa lectura.
“El tono parece ser que no me apetecía y estaba buscando una salida”, lamentó. Y lanzó una pregunta que deja al aire: “¿En qué parte del combate, en el poco tiempo que duró, se ve que yo no lo quería? Porque, por lo que vi al revisarlo, el que estaba tirando y conectando golpes era yo. Los únicos dos golpes que recibí fueron en la parte de atrás de la cabeza”.
Su enfado no se dirige solo al resultado, sino a lo que implica para su carrera. Carty viene de una lesión grave de ligamento cruzado anterior. Meses fuera, rehabilitación, inversión económica y personal.
“Es absurdo pensar que intentaría tirar la pelea”, insistió. “Después de estar tanto tiempo parado por lesión, costó muchísimo volver. Mucho compromiso, no solo mío, también de mi equipo. Ellos sacrificaron muchísimo tiempo, igual que yo”.
Lo económico también pesa. “Financieramente, fue un compromiso enorme volver del ACL, el entrenamiento que hicimos. La paga en este nivel no es increíble. Estaba apostando a conseguir una pelea más grande después de esta. Estaba totalmente preparado y listo para esta. Pensaba que hoy estaría sentado planeando el siguiente paso. Y lo único en lo que pienso ahora es en la revancha”.
Carty lo dejó claro: quiere a Allen otra vez. Con un desenlace tan extraño y la repercusión que ha tenido, una segunda parte no sería relleno de cartel. Tendría entidad propia, incluso como pelea principal.
Allen cierra la puerta
El problema para Carty es que el otro lado no escucha la misma música. Allen no muestra el menor interés en repetir.
“Sé que quieren la revancha… pero para mí no hay nada ahí”, zanjó. Explicó con franqueza por qué aceptó pelear en Croke Park. No fue por el cinturón, ni por la historia, ni por el ambiente. Fue negocio. “Cogí la pelea en Croke Park porque me ofrecieron un acuerdo para que algunos de mis boxeadores pelearan en sus veladas. Me dieron seis plazas. Esa fue la razón por la que acepté. La única razón”.
El británico mira ya al final de su camino. Contó en Uncrowned que le quedan “una o dos peleas” en su carrera, y el nombre de Carty no aparece en su hoja de ruta. Su objetivo es otro: cerrar su trayectoria levantando el título británico de los pesos pesados.
En esa ecuación, una revancha con el irlandés no encaja. Ni deportivamente, ni económicamente, ni simbólicamente.
Y así, lo que debía ser un trampolín en la gran noche de Croke Park puede quedar reducido a una anécdota amarga, un clip viral y un interrogante sin respuesta. Allen vs. Carty corre el riesgo de instalarse en esa estantería incómoda del boxeo: la de las historias del “qué habría pasado si…”.




