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Celtic y Rangers sancionados a puerta cerrada en la Scottish Cup

El fútbol escocés amaneció con un fallo disciplinario que marca época. Celtic y Rangers, los dos gigantes que sostienen el pulso del deporte en el país, han sido obligados a disputar su próximo partido de la Scottish Cup en casa a puerta cerrada. Silencio en las gradas. Castigo ejemplar.

La sanción llega tras la audiencia disciplinaria de la Scottish Football Association por los graves incidentes que ensombrecieron el triunfo de Celtic en la tanda de penaltis en Ibrox, en marzo, en los cuartos de final. Aquel día, la rivalidad se desbordó. No solo en las canciones.

Decenas de personas fueron detenidas después de los choques sobre el césped. Aficionados de Rangers invadieron el campo para encarar a seguidores de Celtic que ya se habían lanzado a la zona de juego para celebrar la clasificación. La fiesta se convirtió en un frente a frente que obligó a intervenir con contundencia.

Un informe independiente sobre aquellas escenas fue tajante: se “evitaron por poco” situaciones de “aplastamiento” y “violencia que ponía en peligro la vida”. Un aviso muy serio. La SFA ha respondido con un mensaje que no deja espacio a la interpretación.

Castigo deportivo y golpe económico

El cierre de gradas no llega solo. Ambos clubes deberán pagar 100.000 libras a sus próximos rivales en la Scottish Cup como compensación por la pérdida de la parte correspondiente de la recaudación en taquilla. Un doble castigo: deportivo y financiero.

El fallo va aún más lejos. Cualquier repetición de incidentes de público en partidos de la Scottish Cup durante las próximas dos temporadas activará otra sanción de partido a puerta cerrada. Una espada de Damocles sobre los dos colosos de Glasgow.

Tanto Celtic como Rangers admitieron los cargos por conducta inaceptable de sus aficionados. Esa admisión no ha suavizado el veredicto. La SFA ha querido trazar una línea clara en el césped: la invasión del campo y el descontrol en las gradas ya no se tolerarán bajo ningún matiz.

La reacción de Celtic: “castigo desproporcionado”

En Parkhead la respuesta fue inmediata. Celtic se declaró “conmocionado” por la dureza de la sanción.

“Estamos conmocionados por este castigo desproporcionado por una incursión relativamente pequeña de aficionados de Celtic en un momento de emoción y celebración”, señala el comunicado del club. Una frase que resume el sentir de la directiva: la celebración, sostienen, no puede equipararse a una agresión organizada.

El club insiste en que nunca ha defendido que sus seguidores entren al terreno de juego y recuerda que ha tomado medidas en repetidas ocasiones cuando ha sucedido. Pero reclama contexto. Diferenciar entre un estallido de euforia y un intento de confrontación.

Celtic subraya además un punto clave en su defensa: en aquel partido no era el club local. No era responsable del dispositivo de seguridad del estadio ni de la organización en Ibrox. Para la entidad, esa distinción debería haber pesado más en la decisión del panel disciplinario.

El club ha anunciado que estudiará el informe completo y la argumentación de la SFA cuando estén disponibles, y que a partir de ahí valorará sus próximos pasos. La posibilidad de recurrir planea sobre la escena.

Un clásico bajo la lupa

El fallo coloca de nuevo el foco sobre la rivalidad más intensa del fútbol británico. Cada Celtic–Rangers se juega desde hace décadas en un filo muy estrecho entre la pasión y el descontrol. Esta vez, la SFA ha optado por apretar el listón como pocas veces antes.

El próximo partido de Scottish Cup en casa para cada uno de los dos clubes se jugará sin público. Sin cánticos, sin mosaicos, sin ese ruido que suele hacer temblar las cámaras de televisión. Un Old Firm, o cualquier cruce copero que les toque en suerte, convertido en un eco extraño.

La pregunta ya no es solo cómo responderán los equipos en el campo, sino si las aficiones serán capaces de contenerse cuando vuelva a abrirse la puerta de los estadios. Porque la próxima invasión, el próximo estallido que cruce la línea, ya tiene castigo escrito. Y esta vez, nadie podrá decir que no estaba avisado.