logo

Cesc Fàbregas: Entrenador del Año en Como

En una noche pensada para los gigantes del calcio, el foco acabó sobre el técnico de un club modesto, de una “realidad pequeña”, como él mismo la define. Cesc Fàbregas fue nombrado Entrenador del Año en la Gran Gala del Calcio, un reconocimiento que confirma lo que ya se intuía: su trabajo en el banquillo de Como ha dejado de ser una sorpresa para convertirse en referencia.

El premio tuvo un peso simbólico añadido. Sobre el escenario, quien le entregó el trofeo fue el seleccionador de Italia, Roberto Mancini. Un campeón de Europa dándole la corona a un entrenador que apenas empieza su carrera en los banquillos, pero que ya se codea con técnicos consolidados del país.

Mientras Inter era distinguido como Club del Año y Federico Dimarco se llevaba el galardón a Jugador del Año, el nombre de Fàbregas sonó con fuerza entre los grandes. No por presupuesto. No por escudo. Por ideas.

Un proyecto joven, una idea valiente

Fàbregas no escondió el orgullo por el camino recorrido junto a un grupo al que define casi como una apuesta generacional. “Hicimos historia con chicos muy jóvenes”, recordó en el escenario, subrayando el núcleo del proyecto: energía juvenil y valentía técnica.

Su Como se ha ganado elogios por una propuesta proactiva, atrevida con balón, que ha colocado al técnico español entre los estrategas jóvenes más prometedores de Europa. No se trata solo de resultados, sino de identidad. De un equipo que no se repliega ante los grandes nombres y que ha construido su reputación desde la iniciativa.

“Ahora queremos intentar crecer todavía más”, lanzó Fàbregas, sin esconder la ambición. No son palabras grandilocuentes, sino la declaración de intenciones de un entrenador que ve en este premio un punto de partida, no una meta.

Calma en medio de la presión

El ascenso de Como ha traído también un cambio de paisaje alrededor del club. Más miradas, más exigencia, más ruido. Fàbregas, sin embargo, insiste en la calma como principio rector.

“Somos Como, una pequeña realidad, vamos despacio”, recordó. Frase corta, mensaje enorme. El técnico sabe que el contexto invita a acelerar, pero él prefiere el camino largo: “Debemos ir paso a paso, cada año la presión sube y es un placer. Tomamos la presión con naturalidad”.

Ahí está una de las claves de su gestión: transformar la presión en combustible, no en carga. Disfrutarla. Normalizarla. Colocarla al servicio del crecimiento del club, no al revés.

“El premio me gusta, es un honor estar aquí”, añadió, sin perder de vista el foco principal: un desarrollo sostenible para Como, sin atajos, sin golpes de efecto vacíos.

Serie A como laboratorio de ideas

Con el galardón ya en sus manos, la gala se apaga y vuelve la rutina. Para Fàbregas, eso significa regresar al trabajo diario, al césped, a la libreta táctica. El objetivo inmediato es claro: seguir guiando a Como en su campaña doméstica, consolidar lo construido y afinar todavía más una identidad ofensiva que ya se ha hecho reconocible en Serie A.

El entrenador español mantiene la misma línea: hacer crecer a sus jugadores, pulir a ese grupo de “chicos muy jóvenes” y, al mismo tiempo, no renunciar al sello que le ha llevado hasta este escenario. Un equipo que quiere el balón, que se atreve, que no se esconde.

La estatuilla de Entrenador del Año ya tiene dueño. Ahora la verdadera batalla se libra lejos de los focos de la gala, en cada jornada de liga, donde se sabrá si esta “pequeña realidad” llamada Como está preparada para dar el siguiente paso sin perder su esencia.