Corea del Norte regresa a Japón: fútbol, cánticos y simbolismo
Llegaron en silencio, pero los recibieron como si ya hubieran ganado. Los atletas de Corea del Norte empezaron a aterrizar este viernes en Japón para disputar los Juegos Asiáticos de Nagoya-Aichi, envueltos en una estampa tan cuidada como cargada de simbolismo.
Blazers blancos, corbatas rosas, pantalones azules, camisas celestes. La bandera norcoreana, bien visible en el pecho. La delegación, que superará el centenar de deportistas repartidos en 14 disciplinas, pisó suelo japonés entre canciones, banderas al viento y ramos de flores entregados por simpatizantes pro-Pyongyang.
Regreso completo al gran escenario
El país, con arsenal nuclear y aislado políticamente, se había borrado del mapa deportivo internacional durante la pandemia. Cerró fronteras, renunció a competiciones y desapareció de los grandes eventos. Volvió en los Juegos Asiáticos de China en 2023 y se dejó ver también en los Juegos Olímpicos de París.
Ahora, Japón. Un territorio donde, por norma, sus ciudadanos no pueden entrar debido a las sanciones impuestas por Tokio por los programas nucleares y de misiles de Pyongyang. Pero el deporte abre una rendija: las autoridades permiten la entrada de atletas, una excepción que convierte cada llegada en un gesto político, además de deportivo.
La selección masculina, primera en escena
El equipo masculino de fútbol fue el primero en aparecer, aterrizando en Osaka en un vuelo procedente de Beijing alrededor del mediodía. A la salida, un recibimiento coreografiado: cánticos, banderas, sonrisas, manos alzadas.
Los jugadores, formales, casi hieráticos, recibieron ramos de flores antes de subir al autobús. Desde las ventanillas, saludos, manos chocando con las de los aficionados que se acercaron a despedirlos. El protocolo habitual de un viaje de selección, pero envuelto en una atmósfera muy distinta: la de una comunidad en el exilio que ve en estos atletas un pedazo de casa.
El debut no tardará. La selección masculina abrirá su participación en el torneo de fútbol el 16 de septiembre frente a China, en un duelo que mezcla rivalidad deportiva y lectura geopolítica.
Las campeonas de base llegan con expectativas
La selección femenina, con un historial brillante en categorías juveniles a nivel internacional, estaba prevista para llegar por la tarde. No traen el foco mediático de otras potencias asiáticas, pero sí una reputación: equipos intensos, disciplinados, difíciles de descifrar.
Su calendario es exigente desde el inicio. Debutan el lunes contra Bangladesh y comparten grupo con Corea del Sur, a la que se enfrentarán el 21 de septiembre en un choque que va mucho más allá de la clasificación. Partido de alta tensión, aunque se juegue bajo el paraguas de unos Juegos.
Fútbol antes de la ceremonia
Aunque la inauguración oficial de los Juegos Asiáticos está programada para el 19 de septiembre, el balón se pone en juego antes. El fútbol abre camino, como suele ocurrir en los grandes eventos, y permite que selecciones como las norcoreanas entren en competición mientras el resto del programa aún se acomoda.
Para Corea del Norte, es también una forma de marcar territorio desde el principio. Estar pronto, hacerse ver, dejar una imagen de orden y unidad antes del desfile inaugural.
La grada, un escenario político
En Japón, donde no existen relaciones diplomáticas con Corea del Norte, el apoyo a los atletas recae en una comunidad muy concreta. Un grupo pro-Pyongyang con sede en Tokio ha llamado a los residentes en el país a llenar las gradas y arropar a los deportistas.
No se queda solo en comunicados. El diario Choson Sinbo, medio pro-norcoreano radicado en Japón, difundió un video en el que estudiantes de Korea University enseñan cómo animar en los Juegos: cantos, consignas, gestos, todo al detalle. Los jóvenes, sonrientes, instan a acudir a los partidos vestidos de rojo, el color de Corea del Norte.
La imagen es potente: en un país que veta la entrada de norcoreanos salvo contadas excepciones, una hinchada organizada se prepara para teñir de rojo pequeños rincones de las gradas. En medio, un balón, dos porterías y una selección que vuelve a usar el fútbol como escaparate.
La pregunta ya no es si Corea del Norte ha regresado al deporte internacional. La cuestión es hasta dónde está dispuesta a llegar en estos Juegos para que el mundo, y sobre todo la región, vuelva a mirarla.




