Djokovic eliminado en Basilea por Struff
En Basilea, donde el tenis lleva el nombre de Roger Federer grabado en cada esquina del St. Jakobshalle, Novak Djokovic descubrió que la nostalgia no gana partidos. Quince años después de su último paso por el Swiss Indoors, el serbio regresó al torneo donde venció a Federer en la final de 2009. Esta vez, se marchó en octavos, frenado por el servicio demoledor de Jan-Lennard Struff.
El alemán, número 47 del mundo, firmó una noche impecable al saque y se llevó un duelo feroz por 6-7 (4), 7-5, 7-6 (5). Su 27º ace, directo al centro, selló el partido en el tercer punto de encuentro. Djokovic, que había salvado el segundo con un saque ganador propio, se estiró cuanto pudo. No alcanzó.
En un torneo que parecía hecho a medida para alimentar la carrera por los récords, el golpe fue doble. El serbio perseguía el título número 103 de su carrera, una cifra que lo habría igualado con Federer y lo habría acercado un poco más a Jimmy Connors, dueño del récord absoluto con 109. Llegaba fresco de conquistar en Pekín su 102º trofeo y con la memoria de aquella final de 2009 ante el ídolo local.
Esta vez, el guion cambió. Struff aguantó el pulso mental y físico, no se descompuso tras perder el primer set en el desempate y fue ganando terreno con cada turno de servicio. Cuando el partido entró en la zona caliente, el alemán siguió atacando, sacando fuerte, sin regalar nada. Djokovic, de 39 años, encontró respuestas durante tramos enteros, pero no halló la llave en los momentos que deciden un torneo bajo techo.
En la pista donde Federer fue recogepelotas antes de levantar diez veces el trofeo, el serbio se quedó a un paso de seguir escribiendo historia. Basilea tendrá que esperar para ver si Djokovic vuelve a intentar asaltar el récord de su viejo rival.
Shelton, otra caída ante un rival de triple dígito
La noche suiza dejó otro resultado sonoro. El máximo cabeza de serie, Ben Shelton, también se despidió antes de tiempo. El número 4 del ranking estadounidense cayó 6-3, 6-7 (4), 7-6 (1) ante el suizo Jerome Kym, invitado del torneo y número 222 del mundo.
Fue una derrota que encaja en un patrón incómodo. El finalista del US Open suma ya tres tropiezos esta temporada ante jugadores fuera del top 100: Kym (222), Otto Virtanen (140) en Wimbledon y Nikoloz Basilashvili (117) en Roma. A esa lista se añaden siete derrotas más ante rivales situados entre los puestos 87 y 56, en un año en el que, pese a todo, ha levantado cuatro títulos en tres superficies distintas.
En Basilea, Shelton tuvo varias vidas. Servía con 5-6 en el segundo set, a dos puntos de la derrota, y logró estirar el partido. En el tercero, ya pasada la medianoche, perdía por dos breaks, 5-2 abajo. Aun así, regresó al combate, se agarró al saque, forzó el desempate.
El público, deseoso de una gran sorpresa local, encontró su héroe en Kym, un diestro alto de 23 años que suele limitar sus apariciones en cuadros finales a torneos disputados en Suiza. En el supertiebreak, el suizo subió un peldaño más. Más agresivo, más valiente. Cerró la gesta con un passing de revés cruzado, a la carrera, a todo o nada. La bola besó la línea. El estadio explotó.
Para Shelton, otra lección dura ante un rival teóricamente accesible. Para Kym, la noche que cambia una carrera.
Kym, Fils y Fritz animan los cuartos
El premio para Jerome Kym es un duelo de cuartos de final ante Jiri Lehecka. El checo, octavo cabeza de serie, superó por 7-5, 6-4 al alemán Daniel Altmaier y llega sin haber cedido sets en su camino hasta esta ronda.
La jornada también dejó un pulso generacional interesante. Arthur Fils, segundo cabeza de serie, tuvo que remar a contracorriente ante el estadounidense Alex Michelsen, número 34 del mundo. Perdió el primer set 4-6, ajustó su juego, subió la intensidad desde el fondo y acabó imponiéndose 6-3, 7-6 (5) en un partido que se decidió por detalles en el desempate final.
Su siguiente obstáculo será otro estadounidense, Taylor Fritz, sexto cabeza de serie. Fritz se mostró mucho más contundente: 6-4, 6-3 ante Denis Shapovalov, sin sobresaltos y con una autoridad que encaja con su condición de aspirante serio al título.
Sin Djokovic y sin Shelton, el cuadro de Basilea se abre de golpe. Menos brillo mediático, quizá. Más espacio para historias inesperadas. En un torneo que creció a la sombra de Federer, la semana empieza a preguntar quién quiere realmente adueñarse de su pista.




