Estados Unidos y su dominio en el baloncesto femenino
La corona sigue en las mismas manos. Team USA volvió a imponer su ley en el baloncesto femenino mundial y levantó su quinto título consecutivo de la FIBA Women’s Basketball World Cup tras derrotar a Francia por 97-79, sumando ya 12 campeonatos en la historia del torneo. No es una racha, es una era.
Breanna Stewart marcó el ritmo con 22 puntos, imparable cada vez que encontró un resquicio. Jackie Young añadió 18, agresiva hacia el aro, castigando cada desajuste francés. Entre ambas dinamitaron cualquier esperanza de sorpresa en una final que llegaba cargada de relato.
Una racha que ya pertenece a la historia
El triunfo no fue solo un oro más. Alargó hasta 36 la secuencia de victorias de Estados Unidos en la Copa del Mundo, una serie que se remonta a las semifinales de 2006, cuando Rusia firmó la última derrota estadounidense en este escenario. Desde entonces, cada aparición ha sido un recordatorio de quién manda.
El dato que define el dominio llega en las finales: desde aquel segundo puesto en 1983 ante la Unión Soviética, Team USA ha ganado nueve finales mundialistas seguidas. Nueve. Sin resbalones. Sin concesiones. Cada vez que el oro ha estado en juego, las estadounidenses han respondido.
Francia, entre el orgullo y la herida
Para Francia, la plata tiene doble filo. Es el mejor resultado de su historia en la competición, un salto evidente en el mapa del baloncesto femenino. Pero el contexto pesa: hace apenas unos meses se quedó a un solo punto de tumbar a Estados Unidos en la final de los Juegos Olímpicos de París 2024. Aquella casi hazaña alimentó la ilusión de que esta vez el muro podía caer.
Llegaban con la idea de transformar aquel “casi” en una noche histórica. De romper la hegemonía. De demostrar que el miedo escénico había quedado atrás. No lo lograron, pero no se marchan pequeñas.
Dominique Malonga lideró la resistencia con 21 puntos, poderosa y valiente, atacando sin complejos. Gabby Williams aportó 20, sosteniendo a Francia cuando el partido amenazaba con romperse. Entre las dos firmaron una actuación que confirmó que el combinado francés ya no es un invitado, sino parte estable de la élite mundial.
Un dominio que marca época
El marcador final refleja algo más que un título. Habla de una dinastía que se niega a aflojar, de un equipo que, generación tras generación, encuentra la manera de seguir en la cima. Cada campeonato parece cerrar un ciclo, pero en realidad abre el siguiente.
Con otro oro en el bolsillo y una racha que desafía la lógica competitiva, la pregunta ya no es si alguien podrá frenar a Team USA. La cuestión es quién se atreverá a hacerlo y cuánto tiempo más durará este imperio.




