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Flora Pili: De desconocida a rival en Croke Park

El sábado por la noche, bajo los focos de Croke Park, el nombre de Flora Pili sonará nuevo para casi todo el público irlandés. Pero no será la primera vez que la francesa se suba a un ring en Irlanda. Ni mucho menos la más cómoda.

Hay que retroceder a abril de 2017. En la web de la IABA, una simple entrada anunciaba que Kellie Harrington se mediría a una tal “Flora Pile”, de Francia, en un torneo internacional élite en el National Boxing Stadium de Dublín. Para la adolescente gala, fue una semana dura, de las que marcan.

Perdió 5-0 ante Harrington. Después, cayó dos veces frente a la italiana Irma Testa, otra que acabaría colgándose medalla olímpica. Tres derrotas, cero consuelo. Un viaje de castigo en la South Circular Road.

Pero aquella serie de golpes no la dejó en la lona. La empujó hacia arriba.

Pili ya había sido campeona juvenil de Francia en 2015. Cuatro años más tarde, en 2019, se proclamó campeona nacional absoluta del país en superligero. Dentro de casa, su progresión era clara. Fuera, la historia era distinta: un palmarés internacional discreto, sin billete olímpico y con un cuarto de final en el Europeo sub-22 de 2019 como techo.

Ese mismo año, a los 21, decidió cruzar la frontera más importante: se hizo profesional. Desde entonces, no ha perdido. Doce peleas, doce victorias. Cero derrotas, cero concesiones.

La mayoría de esas noches se han escrito en Francia, lejos de los grandes titulares. Solo una salida a Rumelange, en Luxemburgo, y otra a Padua, en Italia, rompen la rutina. Sus últimos tres combates han sido en casa, en Saint-Avold, en el noreste francés, a un paso de la frontera alemana. Terreno conocido, público propio, ruido controlado.

En diciembre del año pasado llegó el punto de inflexión. En su ciudad, Pili se llevó el título mundial superligero de la IBO, aún vacante, tras imponerse por decisión mayoritaria a la serbia Jelena Janicijevic. Un cinturón mundial, sí, pero todavía lejos de los focos que iluminan a las grandes estrellas.

En Irlanda, para casi todos salvo los cronistas más obsesivos, seguía siendo una completa desconocida. Ni siquiera tiene página en Wikipedia. Ni una línea. Silencio digital para una campeona mundial.

Por eso, cuando en junio los periodistas entraron en la sala de prensa de Croke Park y vieron en los paneles el anuncio “TAYLOR V PILI” detrás de la mesa principal aún vacía, muchos leyeron ese apellido por primera vez. Ahí estaba: la francesa convertida de golpe en protagonista de una de las veladas más esperadas del año en Irlanda.

Eddie Hearn recordó entonces que el último en pelear en Croke Park había sido Muhammad Ali. Y, con esa comparación en el aire, la figura de Pili quedaba colocada en un papel muy concreto: la Al “Blue” Lewis de esta era, la rival que algún día aparecerá como respuesta en un trivial para separar a los verdaderos fanáticos del resto.

Su entrenador italiano, Christian Cherchi, no escondió la sorpresa cuando llegó la llamada de Matchroom. Lo describió sin rodeos: no solo era una pelea, era un acontecimiento histórico. El mensaje fue directo: “¿Están interesados en pelear con Katie Taylor?”. No hizo falta debate. Cherchi ni siquiera consultó a su boxeadora antes de responder. Dijo que sí. Que sería un honor. Que no había nada que pensar.

Pili, tímida pero firme, habló en francés ante la sala, animada por Hearn y con Cherchi como intérprete. Reconoció que ha seguido la carrera de Katie Taylor. La definió como una leyenda del deporte femenino. Y dejó claro a qué viene a Dublín: llega con todo su equipo para hacerse un nombre.

La adolescente que salió vapuleada de Dublín en 2017 regresa ahora a Irlanda con un cinturón mundial en la maleta y un récord inmaculado. Del anonimato a la cartelera estelar en Croke Park. La pregunta ya no es quién es Flora Pili. La cuestión es otra: ¿está lista para que el mundo del boxeo lo descubra todo en una sola noche?