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Fouzi Lekjaa y la lucha por la final de la CAN 2025

Fouzi Lekjaa no se mueve un milímetro. A tres semanas de la audiencia clave del 8 de octubre ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS), el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol mantiene el pulso con Senegal por la final de la Copa Africana de Naciones 2025… y lo hace invocando una sola bandera: la del reglamento.

En una extensa entrevista con la revista Jeune Afrique, de la que se hicieron eco medios como Al-Shorouk, Lekjaa desgranó la estrategia marroquí en el litigio por la final, ligó el caso a la credibilidad de las competiciones internacionales y, casi en el mismo aliento, miró hacia otro escenario mayúsculo: la final del Mundial 2030 que organizarán conjuntamente Marruecos, España y Portugal.

La final de la CAN, una batalla por el reglamento

Lekjaa insiste en que la postura de Marruecos en el conflicto con Senegal no responde a cálculos políticos ni a presiones externas. La ancla, una y otra vez, en “las leyes y los reglamentos aplicables” y en la noción de juego limpio.

Según el presidente federativo, la parte marroquí considera que la delegación senegalesa vulneró las normas durante los incidentes de la final, cuando jugadores y cuerpo técnico abandonaron el terreno de juego. Para él, ese gesto no es un simple episodio de tensión competitiva, sino un choque frontal con las reglas que rigen los torneos internacionales.

Lekjaa subraya, además, un detalle que para Marruecos no es menor: tras aquellos hechos, la FIFA ajustó parte de su marco normativo para endurecer las sanciones en casos similares. A ojos del dirigente, ese movimiento confirma que el fútbol mundial no puede tolerar comportamientos que erosionen la autoridad del reglamento.

La federación marroquí, sostiene, no va a negociar en ese terreno. Seguirá recurriendo a las instancias competentes, agotando todas las vías jurídicas para “proteger sus derechos” y, sobre todo, para que las reglas se apliquen de la misma manera a todos los actores.

El 8 de octubre no es la meta

El calendario marca una fecha: 8 de octubre, audiencia ante el CAS. Pero Lekjaa se encarga de rebajar cualquier expectativa de desenlace inmediato. No vende ese día como el veredicto final, sino como una estación más de un trayecto que puede alargarse.

Explica que el expediente puede requerir nuevas audiencias y análisis adicionales antes de que se dicte una resolución definitiva. El mensaje es claro: Marruecos está preparado para una pugna larga, paciente, sostenida en documentos, artículos y precedentes.

Mientras tanto, el país se atrinchera en su posición jurídica, convencido de que el fallo que persigue no solo resolverá un conflicto puntual con Senegal, sino que marcará un precedente sobre el respeto a las normas en las competiciones continentales y mundiales.

Mundial 2030: Marruecos se postula para la gran noche

Del litigio en los despachos, Lekjaa salta a la gran ambición deportiva del país: albergar la final del Mundial 2030. Con Marruecos, España y Portugal ya confirmados como coanfitriones, la batalla ahora se libra en los detalles, en los informes de inspección y en la letra pequeña de los procesos de selección de sedes.

El dirigente asegura que Marruecos cumplirá escrupulosamente con cada procedimiento y cada requisito fijado por la FIFA: visitas de las comisiones técnicas, evaluación de estadios, análisis de infraestructuras y planes de ciudad. No promete, certifica compromiso.

Al mismo tiempo, reivindica el derecho de su país a defender con firmeza su candidatura para acoger el partido más importante del fútbol mundial, apoyándose en su condición de representante del continente africano dentro del proyecto conjunto. Ambición sin desafío al sistema: ese es el equilibrio que Lekjaa intenta proyectar, insistiendo en que la aspiración marroquí no choca con el respeto a los mecanismos oficiales del organismo.

Infantino, el apoyo y las líneas rojas

En el tramo final de la entrevista, el presidente marroquí aborda otro asunto delicado: su respaldo al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Lekjaa no lo presenta como un alineamiento ciego con una figura, sino como la expresión de una convicción: el fútbol, bien gestionado, puede unir pueblos y acortar distancias.

Defiende su apoyo, pero introduce matices. Asegura que esa cercanía no implica renunciar a la exigencia de mejorar la gobernanza dentro de la institución que dirige el fútbol mundial. Reclama más equilibrio, más transparencia, una arquitectura de poder capaz de ordenar intereses muy distintos sin romper la legitimidad del conjunto.

Lekjaa insiste en que su visión está menos ligada a nombres propios que a principios y estructuras. Habla de construir un sistema fuerte, capaz de arbitrar entre federaciones, confederaciones y actores privados sin que nadie se sienta por encima de las reglas.

Entre el pulso legal por la CAN 2025, la carrera por la final del Mundial 2030 y el debate sobre el futuro gobierno del fútbol global, Marruecos se ha colocado en el centro del tablero. La pregunta ya no es solo qué decidirán los jueces del CAS, sino hasta dónde está dispuesto a llegar el país para convertir su peso político y jurídico en influencia deportiva duradera.