Gaël Monfils asume el liderazgo de la selección francesa en la Copa Davis
Gaël Monfils no ha tardado ni un mes en encontrar su siguiente escenario. Colgó la raqueta en silencio, casi de puntillas, y ya vuelve al primer plano con el brazalete más simbólico del tenis francés: será el nuevo capitán de la selección en la Copa Davis.
El anuncio llega apenas unas semanas después de que su nombre apareciera en la lista de inactivos de la International Tennis Integrity Agency, sin comunicado oficial, sin rueda de prensa, en plena tormenta personal por la ruptura de su matrimonio con la ucraniana Elina Svitolina. Un adiós discreto para un jugador que nunca lo fue.
París, la despedida y el relevo
Monfils había imaginado otro final. Su idea era decir adiós en la pista, con un último baile en el Paris Masters. No pudo ser. En su lugar, recibió un homenaje en la capital francesa esta misma semana, rodeado de una generación que marcó época para el tenis galo: Jo-Wilfried Tsonga, Gilles Simon, Richard Gasquet, Benoit Paire. Viejos cómplices, viejos rivales, la misma guardia que llenó estadios y portadas durante más de una década.
Ese acto en París funcionó casi como un puente. Del jugador al capitán. Del showman al estratega.
La Federación Francesa de Tenis (FFT) confirmó que Monfils toma el relevo de Paul-Henri Mathieu al frente del equipo de Copa Davis, justo antes de un nuevo ciclo que arrancará con la fase de clasificación en febrero. No será un capitán simbólico. Él mismo marcó el tono.
«Es una gran fuente de orgullo convertirme en capitán del equipo nacional francés», declaró. «Esta camiseta azul significa muchísimo para mí. Quiero construir un verdadero proyecto colectivo y crear la dinámica que nos permita ganar títulos juntos».
Un histórico de la Davis al mando
La elección no es solo sentimental. Es deportiva. Monfils, de 40 años, conoce la Copa Davis por dentro: disputó ocho ediciones a lo largo de sus 22 años de carrera profesional y firmó un balance contundente en individuales, con 12 victorias en 15 partidos.
Su actuación más recordada llegó en la final de 2014, cuando arrasó a Roger Federer en tres sets. Aquella noche encendió a toda Francia, aunque el título acabó en manos de Suiza. El golpe fue duro, pero consolidó la imagen de Monfils como hombre de grandes citas bajo la bandera azul.
Curiosamente, no formó parte del equipo que conquistó la décima Copa Davis francesa en 2017. Esa ausencia añade ahora una dosis extra de hambre a su nueva etapa: quiere levantar la Ensaladera, aunque sea desde la silla y no desde la línea de fondo.
La FFT, por su parte, se despidió de Paul-Henri Mathieu con gratitud. El exjugador ha guiado al equipo durante los últimos tres años y lo llevó hasta los cuartos de final en 2025, un techo que Monfils está obligado a intentar romper.
Un capitán rodeado de su generación
Monfils no caminará solo. La FFT ya ha avanzado que contará con la ayuda de compatriotas como Gilles Simon y Richard Gasquet en su nuevo cargo. Es decir, la misma generación que hizo vibrar a Roland Garros ahora se reagrupa en versión técnica para intentar relanzar al tenis francés por equipos.
El presidente de la FFT, Gilles Moretton, lo dejó claro: la apuesta es tanto emocional como estratégica. «Estamos muy felices de dar la bienvenida a Gaël como seleccionador del equipo francés», afirmó. «Estamos convencidos de que su energía contagiosa y su entusiasmo serán activos valiosos para impulsar las ambiciones del tenis francés».
El reto, sin embargo, va mucho más allá del carisma. Francia lleva años buscando continuidad en la élite de la Copa Davis, atrapada entre el legado de una generación dorada y la necesidad de consolidar a sus nuevos líderes. Monfils llega justo en ese punto de cruce.
La pregunta es evidente: ¿podrá el eterno showman transformar su electricidad en una cultura ganadora desde el banquillo y devolver a Francia al lugar que siente como propio en la Copa Davis? La próxima clasificación de febrero empezará a dar la respuesta.




