Gasperini pide calma en medio de la euforia
El arranque de temporada ha encendido la ilusión en la capital. Resultados sólidos, ambiente eléctrico, vestuario ambicioso. Y, en medio de todo, Gian Piero Gasperini levanta la mano y pide calma.
En una conversación con La Gazzetta dello Sport, el técnico reconoció el entusiasmo que rodea al equipo y a la ciudad, pero marcó con claridad la línea entre sueños y realidad. La Serie A apenas comienza y él no está dispuesto a dejar que el vestuario se pierda en celebraciones anticipadas.
Las palabras de Bryan Cristante y Lorenzo Pellegrini, hablando abiertamente de grandes objetivos y hasta de una posible fiesta por el Scudetto en el Circo Massimo, han hecho ruido. Gustan a la grada, alimentan la imaginación, pero también exigen una respuesta del entrenador. Gasperini no se escondió.
La idea le seduce, pero no le distrae.
No negó la ambición. Al contrario, la reivindicó, aunque con una advertencia muy clara: el título no se conquista con declaraciones, sino con trabajo diario. “Los sueños no hay que sofocarlos nunca”, recordó. La frase suena a permiso para soñar, pero llega acompañada de un recordatorio firme: cuando suena el despertador, manda la realidad. Y la realidad, en septiembre, se llama entrenamiento, concentración y constancia.
Para Gasperini, la clave está en ese punto exacto donde la ilusión no se convierte en presión desmedida. “Si vives la realidad de la manera correcta, incluso puedes hacer que coincida con los sueños”, añadió. Un mensaje directo al vestuario: se puede hablar de metas altas, siempre que el foco siga puesto en el día a día. Lo demás, insiste, “no son conversaciones para principios de septiembre”.
El técnico no solo mira hacia dentro. También siente el pulso de la ciudad. La atmósfera en la capital ha cambiado. La pasión, dice, siempre estuvo ahí. Lo que percibe ahora es otra cosa: entusiasmo, sí, pero maduro, consciente. Una afición que ha visto grandes campeones y grandes equipos, que ha sufrido y celebrado, y que no se deja engañar fácilmente.
“Más de lo que la gente fuera de Roma cree”, subrayó. Los aficionados, asegura, entienden el juego, reconocen el esfuerzo, saben cuándo hay un proyecto serio detrás de los resultados. Y esa complicidad le toca de lleno. Verles satisfechos se ha convertido, admite, en su gran gratificación personal.
No hay promesas de Scudetto, no hay eslóganes vacíos. Hay un equipo que se atreve a hablar en grande y un entrenador que, sin apagar la chispa, recuerda que la temporada es larga y no perdona distracciones. Los sueños siguen ahí, flotando sobre la ciudad. Gasperini, mientras tanto, los mantiene con los pies en el césped.




