Gattuso establece su línea en la Lazio: disciplina y verdad
En Formello no manda el toque de queda. Manda la verdad. Gennaro Gattuso lo dejó claro en la víspera del duelo en casa ante el Parma: tolerancia para la vida privada, cero concesiones cuando se pisa el césped.
“Prefiero la honestidad intelectual. Si alguien me dice que tomó una copa de más o que salió por la noche, está bien, pero no permitiré que nadie arruine un entrenamiento”, subrayó el técnico de la Lazio en rueda de prensa. “La puerta de mi despacho está siempre abierta”.
Es el código Gattuso. Se puede fallar, se puede pecar, pero no se negocia la intensidad. Desde que llegó en verano, el excentrocampista ha ido levantando un equipo feroz en lo competitivo, que ahora se presenta al fin de semana compartiendo liderato de la Serie A con el Inter y con el eco aún reciente del 3-0 en el Allianz Stadium ante la Juventus.
Disciplina sí, pero sin teatro moral. Gattuso no juega a policía nocturno; juega a entrenador que exige que el trabajo se respete como un santuario. Ahí no hay matices.
Lesionados: paciencia antes que riesgos
Entre mensaje y mensaje, el técnico también actualizó el parte médico, otro punto clave para sostener el ritmo de la Lazio en la cumbre.
“Para Albert, esperamos verlo correr sin dolor en diez días, y ojalá esté disponible antes del partido contra el Napoli”, explicó. Nada de prisas, nada de atajos.
El discurso fue similar con Rovella y Marušić: “Rovella y Marušić deberían hacer parte de las sesiones con nosotros en cuatro o cinco días si no hay problemas, y luego estarán disponibles”.
Ambos llevan varias semanas fuera y el cuerpo médico ya ha confirmado que también se perderán la visita a Sassuolo la próxima semana. La consigna es clara: mejor perderlos unos días más que lamentar una recaída cuando el calendario apriete de verdad.
Del 3-0 en Turín al aviso contra el Parma
La goleada en Turín podría invitar a la euforia. Gattuso se encarga de apagarla antes de que prenda el vestuario. Sabe que el golpe sobre la mesa ante la Juventus ha colocado a la Lazio en un escaparate distinto, con otra presión, con otra mirada sobre cada partido.
Y justo ahí aparece el Parma de Alberto Gilardino, un rival al que el técnico no está dispuesto a subestimar ni un segundo.
“Si bajamos el nivel, el Parma nos dará una paliza que no olvidaremos”, advirtió, sin rodeos.
No son palabras huecas. Son el recordatorio de que este equipo, que se ha acostumbrado a morder, no puede permitirse ni un gesto de suficiencia si quiere seguir enganchado al Inter en lo alto de la tabla.
Entre la puerta del despacho siempre abierta, la mano firme en el campo y la prudencia con los lesionados, Gattuso va dibujando su Lazio: un grupo que puede salir, puede celebrar, puede vivir… pero que, cuando llega la mañana y toca entrenar, tiene la obligación de comportarse como un aspirante serio al título. El resto, se verá en el césped.




