logo

El gol de Haaland y la polémica del VAR

El grito de gol se congeló en el Etihad justo en el minuto 60. Erling Haaland, encajonado en un ángulo imposible, soltó un zurdazo furioso al techo de la red. Gol de nueve puro. Gol de partido grande. Bandera arriba.

La celebración se cortó en seco. Silencio, miradas al asistente, manos al aire. Y entonces, el ya habitual paréntesis del fútbol moderno: la cabina del VAR.

Un gol, dos líneas y un lío

La jugada, en apariencia, tenía poco misterio. Haaland arrancaba al límite, pero el pie de Patrick Dorgu lo habilitaba. El lateral de Manchester United, en su intento por cortar un centro raso desde la izquierda, terminaba convirtiéndose en el salvoconducto legal del noruego. El delantero, como casi siempre, no perdonó.

Hasta ahí, lógica. El fuera de juego señalado en directo se corregía con las líneas. Haaland estaba habilitado. Gol válido. 1-0 para City.

El problema no estaba ahí.

Mientras el balón cruzaba el área pequeña, Enzo Fernández aparecía como el jugador más adelantado de City. Nunca llegó a ponerse en posición reglamentaria. Ni un paso atrás, ni una corrección de carrera. Se mantuvo claramente en fuera de juego y se lanzó en plancha a por el centro, intentando rematar de cabeza a apenas unos metros de la portería.

Lisandro Martínez leyó el peligro. El argentino dio un paso hacia Fernández, preparado para el corte desesperado. Detrás de él, como un fantasma que nadie quiso ver, entraba Haaland.

El balón no tocó nunca a Fernández. Pasó rozando su intento de cabezazo y terminó en la bota del noruego, que fusiló. La decisión final, después de la revisión: gol legal.

La cabina bajo el foco

La reacción no tardó. En la retransmisión de Sky Sports, Gary Neville, leyenda de United, fue tajante tras ver las repeticiones: ese tipo de jugadas, en un partido de este calibre, suelen traer disculpas oficiales. Y, para él, la decisión era claramente errónea.

Desde fuera, la sensación era de caos en la interpretación. Desde dentro, la visión no era mucho más amable. Owen, exinternacional inglés y ahora embajador de Casino.org, que ha pasado horas sentado en el corazón del VAR analizando decisiones, no se explicó cómo se llegó a ese desenlace.

“He estado en el centro del VAR y he repasado muchas decisiones, y no es fácil. Es diez veces más difícil de lo que la gente piensa”, reconoció en declaraciones a GOAL, antes de volver a sus labores como presentador en ‘Match Officials Mic’d Up’ junto al jefe arbitral Howard Webb.

Y, precisamente por eso, el fallo le resultó incomprensible: “Esta era de las más sencillas. No sé cómo pueden llegar a esta decisión. Sé que el linier señaló fuera de juego de Haaland. Eso lo sé seguro. Y eso solo puede haber distorsionado su visión: piensan ‘tenemos que comprobar a Haaland, trazamos las líneas, está en posición correcta’”.

El verdadero punto ciego, según Owen, fue Fernández: “¿Cómo no revisan, o si lo hacen, cómo no señalan el fuera de juego de Fernández? Claramente hace un movimiento hacia el balón. ¿Qué movimiento es más obvio que un cabezazo en plancha? No es cuestión de si intenta tocarla o no. Se lanza en plancha. Es increíble. No puede ser más sencillo”.

Carrick, indignado: “Es preocupante”

Michael Carrick no suavizó el tono tras el 1-0 final a favor de City. United había jugado más de 65 minutos con un hombre más, después de la expulsión temprana de Phil Foden por una patada en el estómago a Bruno Fernandes, y se marchaba sin puntos… y con la sensación de haber sido castigado por una interpretación que no entiende.

“No puedo entender cómo intentamos ayudar a los árbitros, poniendo tantas capas detrás de ellos, tanta gente, tantas pantallas, tantas oficinas, para intentar llegar a las decisiones correctas”, lamentó el técnico.

Su crítica fue directa al corazón del problema: la lectura de la interferencia en el juego. “Si así es como se interpreta la regla, que no interfieres en el juego cuando te lanzas a por el balón a seis metros de la portería y prácticamente lo rozas, es preocupante si esa es la forma en la que los que arbitran ven el fútbol”.

El enfado no se quedaba solo en la derrota. Apuntaba a algo más profundo: la confianza en el sistema.

El comunicado que llega tarde

Neville lo había anticipado en directo: habría disculpas. Y llegaron. Pro Ref emitió un comunicado asumiendo el error.

En el texto, el organismo explicaba: “Se estableció que Enzo Fernández no jugó el balón y, por lo tanto, cualquier infracción de fuera de juego se vuelve subjetiva. Sin embargo, en esta ocasión, el VAR no reconoció el posible impacto de su posición y debería haber recomendado una revisión en el campo”.

La conclusión era clara: fallo de criterio. “Se ha contactado con Manchester United esta noche para reconocer lo que consideramos un error de juicio. Se llevará a cabo una revisión del incidente”.

Palabras oficiales, reconocimiento explícito… y cero puntos para United. El partido ya era historia. El marcador, inamovible.

Un sistema bajo sospecha

La temporada apenas ha arrancado y el VAR ya vuelve a ocupar portadas, tertulias y ruedas de prensa. No es la primera polémica y, a este ritmo, difícilmente será la última.

Owen se suma a la lista de voces que piden algo tan básico como difícil de conseguir: claridad y consistencia. Que la tecnología no solo corrija errores, sino que no genere otros nuevos. Que las líneas no tapen lo evidente. Que un cabezazo en plancha a seis metros de la portería, en fuera de juego, no se convierta en un acto “invisible” para quien debe impartir justicia.

El gol de Haaland ya forma parte del marcador y de la clasificación. La pregunta, una vez más, queda flotando sobre el césped y las pantallas: ¿cuánto tiempo más puede el fútbol permitirse que el VAR sea protagonista por las razones equivocadas?