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Hamilton enfrenta desafíos en Brasil: Ferrari sufre y Antonelli lidera

Lewis Hamilton llegará a la parrilla de Interlagos con la sensación de haber retrocedido dos pasos en un circuito que siempre le ha sonreído. Ferrari firmó su viernes más flojo de 2026 justo cuando menos margen tiene para fallar, y el castigo será doble: falta de ritmo y una penalización en parrilla por cambio de componentes de motor tras los entrenamientos libres.

Un Ferrari sin punta… ni magia en las curvas

En la segunda sesión de libres, Hamilton fue el mejor de los dos Ferrari, pero su mejor vuelta se quedó a 0,450s del tiempo de referencia de Kimi Antonelli. Charles Leclerc, todavía más incómodo, se dejó casi tres décimas adicionales. El déficit se explica en gran parte por un problema de despliegue en la recta principal, aunque el problema va más allá de un simple detalle de gestión energética.

Los números del ritmo de carrera en FP2 fueron demoledores. En tandas largas, con neumáticos comparables, el Ferrari sólo dio para ser cuarto mejor coche… y gracias:

  • Antonelli – 1m15.331s (S)
  • Lando Norris – 1m15.497s (H)
  • Max Verstappen – 1m15.501s (M)
  • Oscar Piastri – 1m15.520s (S)
  • Isack Hadjar – 1m15.569s (S)
  • George Russell – 1m15.657s (S)
  • Leclerc – 1m15.872s (S)
  • Hamilton – 1m16.027s (M)

La radiografía es clara: el coche rojo sangra tiempo justo donde Interlagos no perdona, en la larga fase a fondo desde Juncao hasta la línea de meta. En ese tramo, Hamilton pierde tres décimas sólo respecto a Antonelli. Tres décimas en una única sección, a igualdad de manos, son una condena.

En la otra gran zona de aceleración, hacia Descida de Lago, la foto es igual de dura: Hamilton pasó por la segunda recta 11 km/h más lento que Antonelli, cediendo más de una décima y media antes siquiera de tocar el freno para la curva 4. Un Ferrari sin velocidad punta en Brasil es un Ferrari maniatado.

Lo inquietante para Maranello es que tampoco aparece el consuelo habitual: la excelencia en curva. Leclerc lo dejó claro tras la sesión, admitiendo que el “coche en las curvas se sintió probablemente como una de las peores sensaciones de viernes de la temporada”. Sin apoyo pleno en los virajes y sin dientes en las rectas, el paquete se queda en tierra de nadie.

Fred Vasseur no lo maquilló: reconoció que hay “mucho trabajo por hacer en el equilibrio” durante la noche. La cuestión es si basta una noche para cerrar una brecha que, ahora mismo, parece estructural en este fin de semana.

Penalización para Hamilton y amenaza en el horizonte para Leclerc

En medio de este escenario, Ferrari ha decidido mover ficha con la unidad de potencia. El equipo tiene previsto cambiar componentes del motor de Hamilton tras la FP2, una decisión que arrastra una penalización en parrilla para el siete veces campeón.

No es un territorio desconocido para él en Brasil. En 2021, Hamilton ya convirtió una sanción de cinco posiciones en una de las remontadas más brutales que se recuerdan en Interlagos: ganó el Gran Premio saliendo décimo, después de haber volado del 20º al 5º en la carrera sprint. El recuerdo alimenta la narrativa, pero la realidad técnica de 2026 es otra: hoy el Mercedes de Antonelli marca el ritmo, y el Ferrari de Hamilton lucha por no caer al pelotón.

George Russell también arrastra una penalización de cinco posiciones, lo que altera el tablero estratégico de Mercedes, aunque no cambia una verdad de fondo: el coche plateado es el más fuerte en Brasil, tanto a una vuelta como en tandas largas.

Leclerc, por su parte, podría enfrentarse a su propia penalización en la siguiente cita, en Las Vegas, si Ferrari confirma el mismo tipo de intervención en su motor. El equipo se ve obligado a caminar sobre una cuerda floja entre fiabilidad, rendimiento inmediato y la batalla por el campeonato de constructores.

El título de constructores, al borde del desenlace

La presión no viene sólo del cronómetro. La calculadora también aprieta. Ferrari necesita evitar que Mercedes le recorte tres puntos en Brasil para impedir que el título de constructores quede sentenciado este mismo fin de semana.

Tras el viernes, esa misión se ha vuelto incómoda. El vigente campeón del mundo, Kimi Antonelli, lideró tanto en simulación de clasificación como en ritmo de carrera, y su Mercedes se mostró sólido, consistente y sin las grietas que sí dejó ver el Ferrari.

El contraste es brutal: mientras Antonelli encadena sectores con una fluidez que intimida, Hamilton y Leclerc pelean contra un coche nervioso, falto de tracción y sin la tracción eléctrica suficiente en las rectas clave. El margen de maniobra se reduce a la estrategia, a un posible caos en carrera y a la capacidad de Hamilton de exprimir un domingo épico más en un circuito que conoce como pocos.

Interlagos ya ha sido escenario de resurrecciones imposibles y giros de guion que parecían impensables al caer el viernes. Esta vez, Ferrari necesita que la historia vuelva a torcerse a su favor. Porque si el sábado confirma lo que el viernes ha insinuado, el campeonato de constructores podría cambiar de manos con la frialdad de un número… y con Lewis Hamilton obligado a remontar no sólo posiciones en la parrilla, sino también el ánimo de todo un equipo.