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Harry Brook brilla en Southampton y revive el debate Pietersen

En Southampton, en la primera Vitality T20, Harry Brook no solo firmó una centena brutal. Encendió una comparación que muchos en Inglaterra llevaban años evitando pronunciar en voz alta: Kevin Pietersen.

Inglaterra aplastó a Sri Lanka por 119 carreras con un marcador descomunal de 254-4 en 20 overs. La paliza fue tan contundente que el resultado casi quedó en segundo plano frente al espectáculo de Brook: 114* de 49 bolas, 10 fours, seis seisers y una sensación constante de que el juego se disputaba a su antojo.

A su lado, Jos Buttler firmó 80 de 44 entregas y juntos construyeron una asociación de 128 carreras que destrozó cualquier plan defensivo de Sri Lanka. Antes, el debutante Aneurin Donald había aportado 12, apenas un preludio de la tormenta que se avecinaba.

El eco de Pietersen en la era TikTok

Brook lleva todo el verano sin un siglo en Tests. Nada de eso importó aquí. Desde el primer momento golpeó a todos los rincones, leyó la longitud como si tuviera el guion del partido en la mano y castigó a los spinners incluso cuando parecían encontrar buenas zonas.

El paralelismo con Kevin Pietersen surgió de inmediato. No solo porque el exbateador se ha incorporado recientemente al cuerpo técnico como mentor hasta el Mundial del próximo año, sino porque el tono, la agresividad y la intención de Brook recuerdan a aquel talento indomable que cambió la forma de entender el bateo inglés en 2005.

Pietersen inventó el switch hit; Brook apenas lo usa. Su sello es ese scoop acrobático por encima de su propia cabeza y la del wicketkeeper, un golpe que esta vez ni siquiera necesitó sacar del repertorio. Donde sí se parecen es en la lectura del lanzamiento: la capacidad de decidir en una fracción de segundo si tirar del balón, golpear plano o cortar incluso pelotas que, en teoría, son buenas.

Brook lo hizo una y otra vez mientras Buttler marcaba el ritmo desde el otro extremo. La asociación no solo sumó, humilló. La intensidad en la carrera entre wickets, la manera de convertir uno en dos, de mantener al lanzador bajo presión permanente, completó una actuación que desbordó a Sri Lanka.

Desde la distancia, Ben Stokes lo veía por televisión y no se contuvo. El actual capitán de Test, antiguo compañero y uno de los grandes valedores de Brook, fue tajante: el talento de Harry, dijo, está por encima incluso del “genio” de Pietersen. En redes sociales, Stokes llegó a llamarlo “freak”, fenómeno, y lanzó un dardo a quienes cuestionan a este tipo de bateadores: ¿tan difícil es sentarse y admirarlos, en los días buenos y en los malos?

De The Oval a la costa sur: dos carreras en paralelo

Brook tenía seis años cuando Pietersen selló los Ashes de 2005 en The Oval con aquel 158 que quedó grabado en la memoria colectiva. Tenía 14 cuando, tras la derrota en los Ashes 2013-14, Inglaterra decidió prescindir de él en medio de una polémica que aún divide opiniones.

Hoy, Brook es el Pietersen de la generación TikTok. Creció bajo las colinas de Cumbria en Sedbergh, lejos de Pietermaritzburg, donde se formó Kevin, pero ambos beben de la misma escuela: atacar, tomar la iniciativa, obligar al rival a reaccionar.

El propio Brook lo reconoce: de niño le encantaba verlo batear. Le fascinaba esa manera de ir siempre a por el lanzador, de ponerlo bajo presión. “En ese aspecto, soy bastante similar”, admitió en sus primeros pasos como internacional. La frase podría haber salido de la boca del propio Pietersen, aquel que en 2009, tras caer a tres carreras de un siglo en Test por un golpe agresivo de más, se encogió de hombros: “Llegué a 97 jugando así, así que obviamente no estaba destinado a ser”.

No es casual que ambos dividan tanto a la afición inglesa. Ni que las comparaciones ya se proyecten hacia el futuro. Si algún día en un pub se discute quién fue mejor a la misma edad, los números cuentan una historia apretada.

A los 27 años, Pietersen promediaba 49,55 en Tests, camino de acabar con 47,28 tras 104 partidos. Brook, a esa misma edad, se mueve en 53,08, aunque con dos siglos menos. En ODI, Pietersen manda con claridad: media de 47,87 y seis centenas, frente al 37,43 y tres siglos de Brook. En T20, el de Yorkshire golpea con fuerza: esta segunda centena en el formato, lograda en la costa sur, son dos más de las que Pietersen consiguió jamás.

Lo que le falta a Brook son los momentos icónicos. Su 317 en Pakistán, en una pista plana, es una marca que pocos pueden igualar. Pero Pietersen tiene dos 158 que definen una era: el de The Oval que ganó los Ashes en su quinto Test y el de Adelaide, año y medio después, frente a Shane Warne y Glenn McGrath. Brook, de momento, tiene como mejor marca en Ashes un 85. Y todavía no ha levantado la urna.

Un monstruo de tres formatos

El presente, sin embargo, habla de un bateador que ya se sienta en la mesa grande del cricket mundial. Desde que fue promovido al número tres en el T20 de Inglaterra durante el último Mundial, Brook promedia 95,20 con un strike-rate de 200,84. No es una racha, es una declaración de intenciones. Lleva 288 carreras en el formato desde la última vez que fue eliminado.

Steven Finn, exlanzador de Inglaterra, no dudó en colocarlo en la discusión por el mejor bateador de tres formatos del planeta, junto a nombres como Travis Head o Shubman Gill. Finn recordó que, aunque Brook no ha firmado un siglo en Tests en el último año, sigue promediando 42 en ese periodo. Lo que hizo en Southampton, la versatilidad de golpes y el ritmo al que jugó, refuerzan la sensación de que Inglaterra tiene entre manos algo “muy especial”.

Hay otro dato que alimenta el mito. Brook, que se quedó sin la capitanía de Test, ha ganado 18 de sus últimos 20 T20 al frente de Inglaterra. La comparación con Pietersen en ese rol también cae de su lado: el mandato de Kevin como capitán duró apenas cinco meses.

Inglaterra, despiadada sin balón

Con el bate, Inglaterra ya había sentenciado la noche. Con la pelota, remató sin piedad. Sin Jofra Archer ni Sam Curran, el equipo de Brook redujo a Sri Lanka a 135 en 19 overs. El objetivo, gigantesco desde el inicio, nunca pareció a su alcance.

Sonny Baker, joven seamer, firmó su mejor actuación con la camiseta de Inglaterra: 3-12 en sus cuatro overs, bajo la mirada atenta de su capitán. Brook gestionó los cambios, mantuvo la presión y no permitió que el partido se deslizara hacia la relajación que a veces acompaña a las grandes ventajas.

Al final, el propio Brook definió la actuación como “casi perfecta”. No sonaba a exageración.

Inglaterra ha reclutado a Pietersen para que les ayude a ganar el Mundial de 50 overs del próximo año. Después de una noche como esta, con Brook destrozando ataques y liderando un equipo que parece cómodo bajo su mando, la pregunta es otra: ¿cuánto más puede crecer este jugador si el maestro que inspiró su estilo ahora está en el mismo vestuario?