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Holger Rune renace en Basilea tras un año de sombras

Durante mucho tiempo, el nombre de Holger Rune desapareció del ruido diario del circuito. Casi un año fuera, una lesión de Aquiles que heló cualquier impulso y tres torneos ATP desde su regreso. Y, sin embargo, en apenas unas semanas, el danés ha encendido de nuevo una luz muy clara: hay motivos reales para creer que vuelve para competir de verdad.

Su reaparición oficial llegó primero en la Copa Davis. Un regreso simbólico, más emocional que competitivo. El verdadero examen, el choque con la dureza del circuito, se produjo en Japón. Allí, el jugador de 23 años se vio claramente superado por Kyrian Jacquet. Derrota contundente, sin matices.

Nadie podía esperar un regreso limpio para alguien que había estado tanto tiempo parado. El cuerpo no olvida una lesión así de fácil, y la cabeza tampoco. Por eso, otra eliminación en primera ronda en Shanghái entraba dentro del guion. Lo distinto fue el tono. Rune pidió perdón por su nivel en Japón, reconoció que estaba lejos de lo que exige el circuito… y, acto seguido, mostró pequeños brotes verdes en esa derrota en China. No ganó, pero empezó a competir.

El verdadero giro, sin embargo, ha llegado en Basilea. Allí, esas ráfagas de calidad se han convertido por fin en algo tangible, en victorias, en una sensación de avance real mientras su físico se acerca, paso a paso, a la plenitud.

Basilea, el torneo donde el plan empieza a encajar

La decisión de renunciar a Bruselas fue recibida casi por unanimidad como lógica. Después de una lesión tan grave, acelerar el calendario solo podía conducir a un nuevo problema. Rune eligió frenar. Y esa elección, hoy, parece clave.

Porque lo que ha hecho después sí merece ser subrayado. En la primera ronda en Basilea, logró por fin su primera victoria desde el regreso: un triunfo sufrido ante Quentin Halys, decidido en un ‘tie-break’ del tercer set. No fue brillante de principio a fin, pero sí resistente. Aguantó, se sostuvo en los intercambios largos y, cuando el partido se apretó, no se encogió.

El siguiente paso fue aún más significativo. Rune derrotó a un Hubert Hurkacz en plena forma, otra vez en un tercer set resuelto en el desempate. Ahí ya no se trataba solo de confianza: se vio fondo físico, capacidad para sostener la intensidad y, sobre todo, ese nivel de tenis que no se pierde, solo se esconde mientras el cuerpo se recompone.

Ni siquiera la derrota posterior, una batalla a tres sets ante Valentin Vacherot, ensombrece el cuadro general. El danés volvió a competir, volvió a estirarse hasta el límite. Perder así, en este contexto, no resta. Confirma que el camino va en la dirección correcta.

Con una pretemporada completa por delante cuando termine el año, el escenario se dibuja con nitidez: Rune puede aterrizar en Australia más fuerte que nunca, con piernas para aguantar el calor y tenis para volver a pelear por títulos.

Casi un año fuera: la dimensión real del calvario

Para medir de verdad lo que está logrando ahora, hay que mirar atrás sin atajos. La carretera de vuelta ha sido larga, mucho más de lo que sugieren unas pocas líneas de resultados.

Mientras se hablaba, y con razón, de la frustración por los cinco meses de baja de Carlos Alcaraz o del final anticipado de la temporada de Jannik Sinner, el caso de Rune ha sido aún más extremo. El danés ha estado fuera más tiempo que ambos, con una lesión más cruel en cuanto a impacto en los apoyos, la confianza y la explosividad.

Todo se torció en las semifinales del Stockholm Open. Rune mandaba por un set ante Ugo Humbert cuando llegó el golpe definitivo: una lesión de Aquiles que cortó en seco su temporada. Ocurrió el 18 de octubre de 2025. A partir de ahí, casi nada de lo que venía sonando en su carrera tuvo continuidad.

Regresó de forma simbólica en la Copa Davis, pero su primer partido oficial ATP no llegó hasta el 1 de octubre de este año. Entre una fecha y otra: 348 días. Once meses y trece días. Una eternidad en la vida de un tenista que empezaba a consolidarse entre la élite.

La espera para volver a ganar todavía se hizo más larga. Rune rompió una sequía de 373 días sin triunfos a nivel de gira al derrotar a Quentin Halys en Basilea. Más de un año sin sentir la mano al cerrar un partido, sin ese gesto instintivo de apretar el puño sabiendo que el trabajo del día está hecho.

Ese es el peso real de lo que está pasando ahora. No son solo victorias aisladas. Es la confirmación de que el cuerpo responde, de que el tenis sigue ahí y de que la cabeza ha soportado casi un año de dudas sin quebrarse.

El circuito se mueve rápido y no espera a nadie. La pregunta, a partir de aquí, es sencilla y brutal: ¿hasta dónde podrá llegar Rune en 2026 si, esta vez, el cuerpo le deja correr todo el año?