Hong Kong y el reto de emular a Croacia en el fútbol
Cuando llegó a la Asociación de Fútbol de Hong Kong hace dos años y medio, el entonces nuevo director técnico John Morling lanzó una pregunta que sonó casi a desafío: mirando a Croacia, se preguntó en voz alta: “¿por qué no podemos ser nosotros?”.
El ejemplo croata es poderoso. Un país de algo menos de cuatro millones de habitantes, que en los últimos 28 años ha alcanzado una final de la Copa del Mundo y dos semifinales. Una fábrica de talento que compite sin complejos con las grandes potencias. El contraste con Hong Kong es inevitable: siete millones de habitantes, puesto 156 en el ranking mundial y, hoy por hoy, tan lejos como siempre de un Mundial, incluso con un formato ampliado a 64 selecciones.
En medio de ese horizonte lejano aparece un nombre muy familiar para cualquier aficionado de los años noventa: Davor Suker. Uno de los héroes de la Croacia que deslumbró en Francia 98, ahora se asoma al fútbol de Hong Kong con un nuevo rol. El exdelantero de Real Madrid y Arsenal, actual embajador de Fifa y defensor público del presidente Gianni Infantino esta misma semana, ha sido nombrado presidente honorario del club Eastern District, de la Hong Kong Premier League.
El anuncio sorprendió a muchos. No pocos se preguntaron qué hacía una leyenda croata vinculándose a un club de una liga modesta en el otro extremo del mundo. Suker ofreció una explicación sencilla: durante sus nueve años al frente de la Federación Croata de Fútbol, estrechó lazos con Eric Fok Kai-shan y Timothy Fok Tsun-ting, actual y antiguo presidente de la Asociación de Fútbol de Hong Kong, China. De esas relaciones personales, tejidas a lo largo de casi una década, nace ahora esta conexión inesperada.
El currículum que acompaña a Suker no es menor. Bajo su mandato, que concluyó en 2021, Croacia alcanzó la final del Mundial de 2018 en Rusia, confirmando que lo de 1998 no había sido un accidente aislado, sino la consolidación de un modelo capaz de maximizar recursos limitados y producir equipos competitivos de forma sostenida.
Hong Kong busca precisamente eso: una hoja de ruta, una identidad, una manera de convertir su masa de siete millones de habitantes en algo más que un número en el ranking. Morling ya había señalado el espejo en el que mirarse. Ahora, una de las figuras emblemáticas de ese espejo se sienta, aunque sea de forma honoraria, en la mesa del fútbol local.
La pregunta, inevitable, vuelve a la carga: con Suker cerca del proyecto y la experiencia croata sobre la mesa, ¿podrá Hong Kong transformar por fin la ambición en un plan realista?




