logo

Hrgovic frustra a Itauma y se corona campeón mundial IBF

La noche que prometía coronar a un nuevo prodigio del peso pesado terminó con un silencio helado en el O2 Arena de Londres. Moses Itauma, invicto, 21 años, perseguía la historia. Salió a escena para convertirse en el segundo campeón mundial de los pesados más joven de la historia, solo por detrás de Mike Tyson. Acabó en una camilla, rumbo al hospital, y con su primera derrota profesional a cuestas.

Frente a él, un hombre de 34 años que se negó a aceptar el papel de escalón. Filip Hrgovic, duro, paciente, testarudo. El croata remontó una pelea que se le escapaba en las tarjetas, aguantó castigo, esperó el momento… y lo destrozó en el noveno asalto para conquistar el vacante título mundial pesado IBF y convertirse en el primer campeón del mundo de los pesados en la historia de su país.

La coronación llegó envuelta en drama.

Un inicio de película para Itauma

Durante varios asaltos, el guion fue el soñado por el británico. Zurdo, rápido, con la guardia alta y una confianza que se palpaba desde el primer toque de guantes, Itauma empezó a marcar el ritmo desde la larga distancia. El jab de izquierda entraba una y otra vez, seco, directo, abriendo camino a manos más pesadas.

En el segundo asalto, la primera gran sacudida. Itauma cazó a Hrgovic con un gancho de derecha que hizo tambalear al croata y obligó al árbitro Howard Foster a aplicar una cuenta de protección de pie. El O2 rugió. Parecía que la noche iba a ser corta y gloriosa para el chico de 21 años.

El británico olió la sangre. Siguió insistiendo con la izquierda recta, combinando arriba y abajo, descolocando a un Hrgovic que por momentos parecía ir siempre un segundo tarde. Al final del quinto, un uppercut poderoso levantó de sus asientos a los aficionados londinenses. La sensación era clara: Itauma estaba a un par de escalones de la cima del mundo.

Pero el veterano no se fue. No se descompuso. No se rindió.

Hrgovic sobrevive a la tormenta y cambia la pelea

A partir del sexto, el combate entró en un territorio desconocido para Itauma. Nunca había peleado más allá de ese asalto como profesional. Y se notó. Las piernas empezaron a pesarle, los desplazamientos dejaron de ser tan fluidos, la respiración se hizo más profunda. Cada regreso al rincón parecía costarle un poco más.

Hrgovic, en cambio, empezó a crecer. Absorbió el castigo inicial, ajustó la distancia y comenzó a conectar sus propias manos pesadas. Ya no era solo el hombre que resistía: era el que empujaba hacia atrás al joven aspirante.

El croata aprovechó cada resquicio. Cuando Itauma se quedaba un segundo de más en la corta, llegaba la derecha. Cuando retrocedía en línea recta, aparecía el golpe al cuerpo. El ritmo, que al principio marcaba el británico, se inclinó poco a poco hacia el lado de Hrgovic. La pelea dejó de ser una exhibición de talento joven para convertirse en una prueba brutal de resistencia.

“Sentí el ritmo de la pelea. Sabía que estaba perdiendo asaltos, pero sabía que tenía ese ritmo a mi favor. Él se estaba vaciando”, explicó después Hrgovic, ya con el cinturón sobre el hombro.

El noveno asalto y el derrumbe de un sueño

Para el noveno, las señales de alarma eran evidentes. Las piernas de Itauma parecían de plomo. Cada paso atrás era un esfuerzo. Cada intento de esquiva, un suspiro.

Hrgovic lo olió. Se lanzó. Empezó a cargar con todo, a encadenar combinaciones, a obligar al británico a retroceder sin descanso. Itauma se tambaleaba, al borde del derrumbe, incapaz de estabilizar la base. El castigo se acumulaba en su rostro y en su cuerpo.

La presión se hizo insoportable. En pleno vendaval, el árbitro Howard Foster decidió detener la pelea. Al mismo tiempo, desde la esquina británica, Ben Davison lanzó la toalla. Doble señal de que aquello no daba para más. El giro de guion era total: del dominio inicial del joven aspirante al triunfo por detención en el noveno para el croata.

“Ni sé de dónde saqué energía en ese noveno asalto. No fue mi fuerza. Fue el Espíritu Santo”, confesó Hrgovic en la entrevista posterior, todavía sudando, todavía con la adrenalina a flor de piel.

Silencio en el O2: camilla y preocupación

La preocupación no terminó con la decisión arbitral. Las imágenes posteriores helaron el ambiente. Itauma, visiblemente tocado, fue sacado del ring en camilla y trasladado directamente al hospital. El bullicio se convirtió en un murmullo inquieto.

El promotor Frank Warren apuntó a una posible lesión en la pierna del británico, un problema físico que podría haber contribuido a los problemas de movilidad que mostró en los últimos asaltos. Más allá de las explicaciones, el contraste era brutal: el chico que había salido a hacer historia abandonaba la escena inmóvil, rodeado de sanitarios.

Respeto del campeón y cuentas pendientes

Hrgovic, lejos de recrearse en la victoria, se deshizo en elogios hacia su rival. “Yo soy el presente, y él es definitivamente el futuro. Es un boxeador increíble. Es único. Es el mejor con el que he compartido ring, pero necesitaba más experiencia”, reconoció el nuevo campeón mundial.

La noche también sirvió para cerrar una herida propia. La derrota de 2024 ante Daniel Dubois en un combate por el título interino IBF seguía siendo la única mancha en el récord profesional del croata. Este triunfo, con cinturón absoluto en juego, entierra buena parte de aquella frustración.

Con el título IBF ya en su poder, Hrgovic mira más arriba. Quiere unificar. Desde el ring, apuntó directamente al campeón WBC, Agit Kabayel, con quien conversó brevemente tras la pelea. En el horizonte también asoma el nombre de Frank Sanchez, mencionado por Frank Warren como posible siguiente rival tras haber aceptado dinero de compensación para hacerse a un lado y permitir que se celebrara este combate por el título.

Un campeón para Croacia, una lección para Itauma

La noche, al final, fue de Hrgovic. Londres lo vio marcharse con el cinturón, con la historia de su lado y con el orgullo de un país entero a sus espaldas: Croacia ya tiene campeón mundial de los pesados.

Para Itauma, la derrota no borra el talento ni el potencial, pero sí marca un antes y un después. Perdió el invicto. Perdió la oportunidad de sentarse a la mesa de Mike Tyson en los libros de récords. Ganó, eso sí, una lección que solo otorgan las noches duras: en el peso pesado, la juventud deslumbra, pero la experiencia decide.

La pregunta ahora es sencilla y brutal: ¿cómo responderá el chico que quiso ser historia a los 21 años tras caer tan cerca de la cima?

Hrgovic frustra a Itauma y se corona campeón mundial IBF