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India brilla en los Juegos Asiáticos: oro en cricket y remontada de Lakshya Sen

El marcador lo dice todo: 216/3 en 20 overs en una final por el oro. India no solo cumplió, impuso condiciones. Enfrente, una Sri Lanka valiente, pero obligada a perseguir una cifra que, desde el primer momento, tuvo aroma de sentencia.

Smriti Mandhana marcó el tono del innings. Clase pura, manos suaves, un tempo perfecto. Su 79 de solo 45 bolas fue la columna vertebral de una actuación que mezcló control y brutalidad ofensiva. Mientras ella estuvo en el crease, cada error de línea de las lanzadoras de Sri Lanka parecía condenado.

A su lado, Shafali Verma aportó exactamente lo que se esperaba: impacto. Sus 48 corrieron el marcador y obligaron a Sri Lanka a replantearse el plan antes incluso de llegar al tramo final. Cuando cayó Verma, el partido todavía estaba abierto. Cuando se fue Mandhana, en cambio, quedó claro que India iba en serio: 163/3 en 17 overs y todavía cuatro por jugar. El escenario perfecto para una arremetida final.

Ahí apareció Richa Ghosh. Entró para el cierre y lo convirtió en un castigo. 49 carreras en 22 bolas, una ráfaga de golpes que transformó una “buena” puntuación en una montaña. Los últimos overs fueron una exhibición de potencia: el ritmo se aceleró, el público se levantó, y Sri Lanka quedó mirando un 216/3 que, en una final, roza lo inalcanzable.

Athapaththu cae, y con ella el sueño de la remontada

Con 217 por cazar, Sri Lanka necesitaba algo cercano a la perfección. Chamari Athapaththu, su gran figura, era la única capaz de sostener un sueño así durante 20 overs. Salió al crease con esa responsabilidad sobre los hombros.

India, sin embargo, olió sangre pronto.

Kranti Goud tomó la nueva bola y marcó el tono del intento de defensa. El plan era claro: no regalar nada, apretar líneas, obligar a las bateadoras a arriesgar desde el inicio. El marcador avanzaba lento, y la presión se acumulaba. En ese contexto, cada error se amplifica.

La ruptura llegó de la mano de Deepti Sharma. Athapaththu, en 29, parecía lista para lanzar el contraataque que Sri Lanka necesitaba. En cambio, se encontró con el golpe que lo cambió todo. Deepti la hizo regresar al pabellón y, con ella, se fue la gran esperanza de la remontada. El gesto de la capitana al marcharse lo explicaba mejor que cualquier estadística: sabía que había dejado escapar una oportunidad gigantesca.

El marcador lo reflejaba con crudeza: 43/3 en 7 overs, persiguiendo 217. Demasiado por hacer, muy poco margen para fallar.

Shafali Verma, que ya había castigado con el bate, se convirtió también en protagonista con la bola. Su segunda víctima, Hasini Perera, hundió todavía más a Sri Lanka. Con dos wickets en su cuenta, Verma transformó la presión en asfixia. Cada bola india parecía pesar el doble; cada carrera de Sri Lanka costaba un mundo.

En la grada, la delegación india ya estaba de pie. No era solo una defensa sólida. Era la sensación de estar asistiendo a una victoria con peso histórico. Un partido que se recuerda cuando se habla de generaciones, no solo de torneos.

Lakshya Sen, del abismo al estallido

Mientras el cricket se inclinaba del lado indio, en el bádminton se escribía otra historia, muy distinta, pero igual de intensa. Lakshya Sen comenzó su duelo de cuartos de final ante Kodai Naraoka con el pie completamente cambiado.

El primer juego fue un correctivo. 11-21 en apenas 18 minutos. Naraoka dictaba el ritmo, movía a Sen de adelante hacia atrás a su antojo y dominaba el intercambio largo. En el último punto, un simple toss largo de Lakshya selló un set para olvidar. No había sensación de control, ni de confianza.

El cambio llegó con el lado de la pista… y con la cabeza. Sen arrancó el segundo juego desde la zona “buena”, con el drift a favor, y lo aprovechó sin piedad. Primero, un toque sutil en la red. Luego, una secuencia de smashes dirigidos con precisión al revés de Naraoka. En cuestión de minutos, el marcador mostraba un 8-2 que lo decía todo.

La presión se trasladó al japonés. Los errores no forzados empezaron a caer en cascada. Lakshya se fue al intervalo con un 11-2 que sonaba a declaración de intenciones. El set terminó 21-5. Un vuelco absoluto.

El factor ambiental también jugaba. El drift hacía que el volante descendiera más rápido de lo que los jugadores esperaban. Naraoka no encontró nunca el ajuste: envió varios lifts largos, dejó drops y smashes en la red. Sen, en cambio, leyó la pista con lucidez.

El partido se marchó al tercer juego, con Lakshya arrancando desde el “lado malo”. Tocaba sufrir. Tocaba resistir.

Su plan fue simple y brillante: defender, aguantar, obligar a Naraoka a golpear una y otra vez desde posiciones incómodas. Aceptó rallies largos, casi crueles, esperando el error. Con 5-7 en contra, ya había hecho buena parte del trabajo en el sector desfavorable. El objetivo era claro: llegar vivo al cambio de lado en 11 puntos.

Naraoka, sin embargo, no se rindió. Forzó el ritmo, lo llevó a un 17-13 a su favor en el set definitivo. Parecía tener el control y el viento del partido de su lado.

Ahí apareció la versión más madura de Lakshya Sen.

Se mantuvo en el plan. No se desesperó. Desde el 14-19, encadenó una remontada que desarmó por completo al número 7 del mundo. Defensa férrea, lectura impecable del drift, elección de golpes casi quirúrgica. Naraoka, incapaz de superar el muro de Sen, se fue descomponiendo punto a punto. El japonés terminó sumido en una especie de colapso competitivo, sin encontrar la forma de romper la resistencia india.

El marcador final del tercer set, 21-19 para Lakshya, cerró una batalla de 1 hora y 6 minutos. Un duelo que empezó con dudas y terminó como una exhibición de cabeza fría y adaptación táctica. India, gracias a él, golpeó primero en el primer singles masculino del cruce de cuartos.

Satwik–Chirag toman el relevo, el reto sube de nivel

Con la victoria de Sen en el bolsillo, la responsabilidad cambiaba de manos dentro del equipo indio. Llegaba el turno de la mejor pareja de dobles masculina del país: Satwiksairaj Rankireddy y Chirag Shetty.

Al otro lado de la red, un desafío mayúsculo: Takuro Hoki y Yugo Kobayashi, pareja japonesa situada en el número 9 del ranking mundial. Un duelo de élite, de esos que definen no solo una eliminatoria, sino el tono de una campaña completa.

Tras el desgaste emocional y físico del partido de Lakshya, el escenario exigía mantener la intensidad. El margen de error, otra vez, iba a ser mínimo.

Golpe duro en tenis de mesa y filo en esgrima

No todo fueron buenas noticias para India en la jornada. En tenis de mesa por equipos masculino, el golpe fue seco. Los medallistas de bronce en 2018 se despidieron en octavos de final con un 0-3 frente a Corea que dejó poco espacio para las excusas.

Harmeet Desai cayó 1-3 ante Jang Woojin. Manush Shah peleó hasta el quinto set, pero perdió 2-3 frente a Oh Junsung. Manav Thakkar tampoco pudo cambiar la dinámica y cedió 1-3 ante An Jaehyun. Quedó flotando una pregunta incómoda: ¿echó de menos India la experiencia de G Sathiyan, ausente en este duelo clave pese a estar en la convocatoria?

En esgrima, el margen fue aún más cruel. Mitva Jesangbhai Chaudhari, en la prueba individual de Epee, se vio eliminada en la tabla de 32 ante la china Jingwen Yang por un ajustadísimo 14-15. Había llegado al primer descanso por delante, 5-4, pero el combate se le escapó en los detalles. Un toque, un error, una duda. A veces, el deporte se decide en una sola acción.

India mantiene una última baza en la modalidad: Taniksha Khatri, que entrará en acción en la tabla de 16. Su actuación dirá si el día termina como un simple aviso o como el inicio de algo más grande.

Entre remontadas imposibles, victorias aplastantes y derrotas que escuecen, la delegación india salió de la jornada con una certeza: este no es un torneo más. Es un examen de carácter. Y todavía quedan muchas respuestas por escribir.