Jeglertz transforma a City: un cambio de cultura en la WSL
Lo que ha hecho Jeglertz en su primera temporada al mando de City no admite matices: ha cambiado el eje del club. Durante años, el talento estaba ahí, la etiqueta de aspirante también, el pronóstico recurrente de quienes veían en este equipo al candidato ideal para romper la hegemonía de Chelsea. Pero el final siempre era el mismo. Desplome en las últimas semanas o tropiezo sonoro mucho antes de la meta.
Esta vez, no.
Un cambio de lenguaje, un cambio de club
Alex Greenwood lo definió como un “cambio de cultura”. No era solo una cuestión de táctica o de fichajes. Era cómo se hablaba dentro del vestuario, cómo se nombraban las cosas. El equipo empezó a verbalizar títulos, finales, éxito. A decir en voz alta lo que antes quizá se pensaba en silencio.
“Es un poco incómodo a veces”, admitía Greenwood, “pero cruzar ese obstáculo ha cambiado muchas mentalidades en este edificio”. Esa incomodidad ha traído una WSL, los primeros trofeos en cuatro años y, sobre todo, la sensación de que no ha sido un golpe aislado. De que puede repetirse.
Mary Fowler lo resumió con una claridad que retrata el momento: antes, la duda; ahora, la certeza. “En temporadas anteriores quizá nos quedamos cortas porque faltaba algo en la mentalidad, no sentíamos de verdad que fuéramos capaces de ganar”, explicó a GOAL. “Pero ahora que lo hemos hecho, se siente como: ‘Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez’”.
El verano ha sido corto. El efecto, duradero. Cuando Jeglertz ha regresado tras el parón, se ha encontrado un vestuario distinto. No uno relajado por el éxito, sino uno casi obsesionado con el siguiente paso.
“Ya lo he visto en las jugadoras”, contaba a GOAL. “Tienen una confianza genial, tranquila, pero curiosa por saber cómo damos el siguiente paso. Qué hacemos para ser un poco mejores. Ya lo veo, y es algo que necesitamos mantener todo el año”.
No es un equipo satisfecho. Es un equipo hambriento.
Más campeonas para un vestuario campeón
Para alimentar ese ecosistema ganador, el club ha añadido algo más que nombres. Ha añadido biografías de títulos.
Niamh Charles llega desde una máquina de ganar como Chelsea, donde ha encadenado cinco WSL y siete copas nacionales en seis años. No hace falta adornarlo: sabe lo que es vivir en un vestuario que se mide solo por trofeos.
“Eso significa que tiene un poco de líder dentro”, valora Jeglertz. Y ese liderazgo, esa costumbre de pasar de un título a otro sin bajar el listón, es exactamente el tipo de detalle que City quiere inyectar en sus sesiones, en su día a día.
Beth Mead aporta otro tipo de peso específico. Dos Europeos seguidos con Inglaterra, una Champions con Arsenal ante Barcelona en 2025. No es solo palmarés, es la mirada de alguien que ha estado en las noches más grandes. “Se le ve en los ojos, sigue con muchas ganas de formar parte de esto y de aprender más”, apuntó el técnico.
En lo intangible, City parece blindado para defender su corona de la WSL: cultura, mentalidad, entorno. La pregunta, inevitable, se desplaza a otro lado.
La gran incógnita: ¿alcanza la plantilla?
El año pasado hubo un matiz que nadie dentro del club ignora: City no tuvo que lidiar con la Champions League. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United repartían esfuerzos, Jeglertz pudo exprimir una estructura más corta sin castigo europeo. Esta temporada, eso cambia. Y el calendario aprieta.
En ese contexto, el mercado deja un poso curioso. Aparte de Mead y Charles, solo ha llegado Carlotta Wamser, capaz de reforzar ambos laterales. Nueve salidas del primer equipo y un grupo que, sobre el papel, no se ha reforzado en volumen como quizá muchos esperaban, aunque nunca hubo intención de una revolución.
“La profundidad está ahí”, defendió O’Neill al final del curso pasado. “No se trata de transformar la plantilla, sino de añadir en las posiciones clave”. El discurso encaja con la idea de continuidad, pero las primeras lesiones han puesto la teoría bajo examen. El caso más grave, el de Vivianne Miedema, a la que, según The Guardian, no se espera de vuelta hasta 2027, amenaza con tensionar al límite ese fondo de armario.
Que City intentara fichar en el último día de mercado y no lograra cerrar ningún acuerdo delata que la preocupación existe.
El club ha apuntalado el lateral izquierdo con Charles y Wamser tras la marcha de Leila Ouahabi, y el frente ofensivo con Mead tras la salida de Kerolin a Barcelona. El resto del plan es claro: crecer desde dentro.
Risa Shimizu, cedida el año pasado a Liverpool, entra como recurso de profundidad en los laterales. Se espera un salto de impacto de Sydney Lohmann y Grace Clinton, dos fichajes del verano pasado que nunca terminaron de despegar, frenadas por molestias y por la incapacidad de agarrar con fuerza sus oportunidades. Fowler, en su primera temporada completa tras la rotura del ligamento cruzado, es otro nombre subrayado. En febrero ya dejó destellos de lo que puede llegar a ser.
Arriba, la versatilidad es un arma. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden moverse por distintas posiciones, incluida la de ‘9’ para varias de ellas. Esa polivalencia reduce la urgencia de traer una delantera para vivir todo el año a la sombra de Shaw.
Desde la academia también llegan señales. Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan han firmado su primer contrato profesional este verano. Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales que rubricó el suyo el año pasado, asoma como posible pieza de rotación.
En la cúspide de la jerarquía, nada se ha movido. Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose y Yui Hasegawa sostienen uno de los mejores once iniciales de la WSL, al que se sumará Miedema cuando por fin pueda volver.
La cuestión es otra: ¿basta con eso para resistir un año con Champions?
Una plantilla al límite del riesgo
La temporada pasada, City firmó un registro de lesiones casi perfecto, algo poco habitual en los últimos tiempos. Mantener ese nivel de salud con más partidos, más viajes y más exigencia será un reto mayúsculo.
“Hemos aprendido y estaremos absolutamente listas la próxima temporada”, prometió O’Neill. Jeglertz, por su parte, siempre ha defendido que el grupo era demasiado grande el curso pasado, así que celebra el aumento de encuentros: más minutos, más oportunidades para todas. “Tenemos demasiadas buenas jugadoras para jugar tan pocos partidos”, dijo en mayo. “El año que viene será distinto porque habrá más encuentros. La plantilla está construida para eso”.
La teoría suena convincente. El margen de error, no tanto. Hay posiciones en las que una lesión grave podría resultar devastadora, y otras donde la preocupación crecería si las jugadoras llamadas a dar un paso adelante no cumplen las expectativas. El propio caso de Lohmann, que ha pasado por una operación de cadera, o el de Clinton, sitúan parte del plan en terreno delicado.
A eso se suma que City arranca el curso con varias dudas físicas y con la certeza de que Miedema lo verá empezar desde la grada. No es el escenario ideal para un equipo que aspira a pelear en todos los frentes.
Y aun así, hay algo que inclina la balanza. Mientras otros clubes de la WSL presumen de una profundidad quizá superior, arrastran interrogantes sobre su cultura, su cohesión, su capacidad para responder en los momentos en los que el plan inicial se rompe. Ahí, hoy, City juega con ventaja.
Construir una dinastía como la de Chelsea en la nueva WSL, con una competencia más feroz que nunca, parece improbable. Pero este grupo ha demostrado que sabe llegar al final de la carrera con gasolina y con ideas. Y no ha perdido ni el hambre ni la claridad.
El mejor equipo de Inglaterra la temporada pasada ganó la liga con holgura. Ahora, con la confianza y la convicción que deja el éxito, más el impacto silencioso pero profundo de sus nuevas campeonas, la sensación es otra: City ya no es el club que espera una década para volver a tocar la WSL. La pregunta, a estas alturas, es cuántas veces levantará el trofeo antes de que alguien logre bajarlo del pedestal.




