Jonathan Kuminga elige Minnesota y deja dudas en los Lakers
Durante semanas, el nombre de Jonathan Kuminga sonó como si ya tuviera asiento reservado en el vestuario de los Los Angeles Lakers. El encaje parecía evidente, el interés era real y la narrativa estaba servida: un joven alero explosivo, al lado de Luka Doncic y Austin Reaves, en uno de los escenarios más grandes de la liga.
Pero Kuminga giró el volante en la última curva y se marchó a los Minnesota Timberwolves con un contrato de dos años, rechazando, según los informes, una oferta económicamente superior de L.A. La explicación fue directa: quería unirse a una “cultura ganadora”, y veía a Minnesota como el lugar ideal.
En Los Ángeles, esa frase no pasó desapercibida.
Un mensaje incómodo para los Lakers
Según Ryan Ward, de Sports Illustrated, las palabras de Kuminga dicen tanto de él como de los Lakers actuales, a las puertas de la temporada 2026-27. Sobre el papel, el alero encajaba a la perfección: titular inmediato, minutos garantizados, espacio claro en la rotación y la oportunidad de crecer junto a Doncic.
La propuesta angelina era tentadora: rol de inicio en el quinteto con Luka Doncic y Austin Reaves. Una estructura ofensiva que le habría dado tiros abiertos, transiciones constantes y foco mediático diario. Pero Minnesota movió su propia ficha grande: LaMelo Ball junto a Anthony Edwards, un núcleo joven con aspiraciones serias en el Oeste.
Históricamente, cuando alguien hablaba de “cultura ganadora”, el dedo apuntaba primero a L.A., no a Minneapolis. Hoy el mapa competitivo se ve distinto. Y Kuminga lo ha leído así.
Dos equipos, dos advertencias
El talento de Kuminga no está en cuestión: 23 años, físico de élite, herramientas ofensivas y defensivas para ser un titular sólido en la liga. El problema, como bien apunta Ward, está en otra parte: encontrarle un sistema donde realmente encaje y quieran construir con él a largo plazo.
Golden State Warriors, la franquicia que lo vio llegar a la liga, decidió no comprometer su futuro con él. Después, Atlanta Hawks también optó por no seguir adelante y declinó su opción de equipo, abriéndole la puerta de salida y, finalmente, su llegada a Minnesota.
Ward lo resumió con claridad: que dos organizaciones distintas renuncien a un jugador de 23 años es una señal que no puede ignorarse. No significa que Kuminga esté condenado ni que no pueda reinventarse en un nuevo contexto, pero sí dibuja un perfil: talento enorme, interrogantes igual de grandes.
Para los Lakers, eso convierte lo que parecía una oportunidad en algo más cercano a una apuesta fuerte. Y no barata.
¿Ganga perdida o problema evitado?
En L.A. reconocen desde hace tiempo la necesidad de sumar un alero atlético, capaz de defender varias posiciones y correr la pista con Doncic. Kuminga encajaba en esa descripción casi al milímetro. Pero no era la prioridad número uno.
La urgencia real del verano se llamaba Walker Kessler y el puesto de pívot titular. El hecho de que la franquicia no se lanzara desesperadamente a cerrar a Kuminga, pese a su perfil y edad, revela algo del grado de confianza —o de cautela— que generaba internamente.
Kuminga habría sido un refuerzo de impacto inmediato, sí. También un riesgo importante en cuanto a encaje, constancia y compromiso a largo plazo. Los Lakers, esta vez, decidieron no forzar la máquina. Y el jugador, al hablar de “cultura ganadora” lejos de L.A., terminó de cerrar la puerta por su cuenta.
El plan B en el perímetro
Sin Kuminga, el vacío en el ala no queda totalmente descubierto. La franquicia se movió por otro perfil: Quentin Grimes, que llega este verano y, de momento, se proyecta como titular en el puesto de alero.
Grimes no tiene el físico ni el techo atlético de Kuminga, pero aporta algo que los entrenadores valoran muchísimo: conocimiento del juego, experiencia algo mayor y un estilo más definido. Es más bajo, sí, pero también más pulido en ciertos detalles. Menos incógnitas, menos ruido.
Tiene además un pequeño punto a favor: ya compartió vestuario con Luka Doncic durante media temporada en Dallas Mavericks. Esa mínima base de química, en un equipo que girará alrededor del esloveno, no es un detalle menor.
Los Lakers podrían seguir peinando el mercado en busca de otra pieza exterior, algún nombre que aparezca vía traspaso o agente libre tardío. Pero, a día de hoy, el plan pasa por ver hasta dónde puede llegar Grimes en un rol importante y cómo encaja alrededor de Doncic y Reaves.
¿Error de cálculo o decisión correcta?
Kuminga se marcha a unos Timberwolves que han decidido acelerar su proyecto con Anthony Edwards y LaMelo Ball como estandartes. Si el experimento en Minnesota funciona y el alero explota al nivel que muchos vieron en sus primeros años, en L.A. habrá quien mire atrás con cierta incomodidad.
Si, en cambio, se repite el patrón de Golden State y Atlanta, los Lakers podrán decir que evitaron una apuesta cara y compleja en un momento en el que no podían fallar en la construcción de su núcleo.
De momento, la realidad es simple: Kuminga no vestirá de púrpura y oro, los Lakers han apostado por otro tipo de perfil en el perímetro y la frase “cultura ganadora” ha dejado una sombra incómoda sobre el proyecto angelino.
La respuesta a si se equivocaron o no no llegará en los despachos ni en las ruedas de prensa. Llegará en primavera, cuando se cuente quién sigue vivo en el Oeste… y desde qué vestuario se ve realmente la cara de una franquicia ganadora.




