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Joshua Van se consagra campeón de peso mosca en UFC 331

Joshua Van solo tiene 24 años, pero anoche en el Crypto.com Arena dejó de ser una promesa. Se confirmó como un campeón legítimo, un tirano de las 125 libras dispuesto a reescribir la jerarquía del peso mosca.

Nueve meses después de aquel desenlace anticlimático en su primer cruce, Joshua Van y Alexandre Pantoja se dieron la guerra que todos les debían. Cinco asaltos de ritmo salvaje, de ida y vuelta constante, que terminaron con el cinturón todavía en la cintura del birmano y con una tarjeta contundente: decisión unánime para Van (49-46, 49-47, 50-45) en el combate estelar de UFC 331.

Del “accidente” al manifiesto de un campeón

La primera vez, en diciembre en UFC 323, el título cambió de manos en apenas 26 segundos, con una lesión fortuita en el brazo que cortó de raíz el reinado de dos años de Pantoja. Van se convirtió entonces en el segundo campeón más joven de la historia de UFC, pero el murmullo fue inmediato: “suerte”, “fluke”, “accidente”.

Durante meses, el brasileño llegó señalado como el verdadero número uno. Seguía clasificado como el número 2 libra por libra en Uncrowned; Van, en cambio, aparecía en el 10. La narrativa era clara: el veterano campeón moral contra el chico con el cinturón “prestado”.

Todo eso se hizo añicos en Los Ángeles.

Van y Pantoja venían mordiéndose desde comienzos de 2026. La tensión se fue acumulando conferencia tras conferencia, declaración tras declaración, hasta explotar en una pelea que, sin exagerar, entra de lleno en la conversación por Combate del Año.

Pantoja golpea primero

El inicio fue del ex campeón. A los pocos segundos del primer asalto, Pantoja cambió niveles y clavó un derribo limpio, un aviso de sus intenciones: arrastrar a Van al barro del grappling, donde durante años ha hecho sufrir a casi todos.

No fue un intento aislado. A lo largo de los 25 minutos, Pantoja consiguió cinco derribos y buscó un total de 16. Pero ahí apareció la versión evolucionada de Van. El campeón defendió 11 intentos, se levantó una y otra vez, negó los encadenamientos y evitó pasar largos tramos atrapado en la lona. Desde su defensa del título ante Tatsuro Taira en mayo, su lucha y su defensa de sumisiones han dado un salto evidente.

Cada vez que el combate volvía a la larga distancia, el duelo cambiaba de dueño.

El campeón acelera y abre brecha

Con el paso de los minutos, Van se soltó. Comenzó a lanzar combinaciones en ráfagas, manos al cuerpo y a la cabeza, volumen, ritmo, precisión. El primer asalto dejó a Pantoja con buenos momentos de control, pero a partir del segundo el campeón apretó el acelerador y no lo soltó.

En el segundo y el tercero, Van fue tallando el rostro del brasileño. Cortes, hinchazón, sangre. El birmano no dejó de trabajar, mezclando jabs, cruzados y golpes al cuerpo, obligando a Pantoja a retroceder más de lo que acostumbra. El intercambio era feroz, pero el volumen marcaba la diferencia.

Las estadísticas lo cuentan sin adornos: Van conectó 259 golpes de 392 intentos; Pantoja, 159 de 300. Casi 700 golpes lanzados entre ambos. Un ritmo que rompe pulmones.

Orgullo de campeón, respuesta de veterano

Pantoja, sin embargo, no es un excampeón cualquiera. A los 36 años, con un historial que lo coloca entre los grandes de la división, se negó a ser un simple trampolín generacional. En el cuarto asalto, cuando Van parecía haber encontrado ya una zona de confort, el brasileño tiró de orgullo.

Volvió al plan original. Derribo, presión desde arriba, golpes cortos, codos. Pantoja se quedó prácticamente todo el asalto dominando desde la posición superior, castigando al campeón, recordándole que la corona todavía tenía dueño en espíritu, si no en las tarjetas.

Fue su mejor asalto. El tipo de round que, en otras noches, habría cambiado el guion de un combate.

Esta vez, no.

Un quinto asalto para la historia

Van salió al quinto como si el título estuviera en juego por primera vez. Nada de contemporizar, nada de administrar. Salió a dejar huella.

El joven campeón encontró de nuevo la distancia, volvió a imponer su boxeo y empezó a desarmar a un Pantoja ya muy castigado. Cada combinación hacía retroceder un poco más al brasileño, que resistía por pura voluntad.

Hasta que llegó el momento que selló la noche.

Van conectó un uno-dos perfecto, directo a la mandíbula. Pantoja cayó al suelo, derribado por el único knockdown de la pelea. No fue el final, pero sí la firma del campeón sobre un lienzo ya manchado de sangre y esfuerzo.

Cuando sonó la campana final, el rostro de Pantoja lo decía todo: había dado todo lo que tenía. No alcanzó.

El nuevo rey mosca ya no admite asteriscos

Más allá de las tarjetas, UFC 331 fue la noche en la que Joshua Van dejó de ser “el chico que se encontró un cinturón” para convertirse en el primer campeón nacido en Myanmar que domina de forma incontestable. Defendió por segunda vez el título del peso mosca, disipó casi un año de dudas y críticas y lo hizo ante uno de los nombres más respetados que ha tenido la división.

Pantoja, por su parte, se marcha con una etiqueta tan dura como inédita: primera racha de dos derrotas consecutivas en su carrera. Una frase que duele al escribirla, pero que resume la brutalidad del relevo generacional en las artes marciales mixtas.

La pregunta ya no es si Van merece el cinturón. La pregunta es quién se atreve ahora a arrebatárselo después de haber sobrevivido —y dominado— a Alexandre Pantoja en una guerra de 25 minutos.

El resto de la noche en UFC 331

La velada en el Crypto.com Arena dejó también resultados contundentes en el resto del cartel principal:

  • En el peso ligero, Arman Tsarukyan no perdió tiempo: noqueó a Mauricio Ruffy con codos a los 4:56 del primer asalto.
  • En pluma, Patricio Pitbull volvió a mostrar por qué su nombre pesa tanto en el deporte: TKO sobre Doo Ho Choi a los 3:28 del primer asalto.
  • En los pesos pesados, Sean Sharaf firmó una de las sorpresas del año al noquear a Gable Steveson con un solo puño a los 12 segundos del primer asalto.
  • En semipesado, Alonzo Menifield se llevó una ajustada decisión dividida frente a Iwo Baraniewski (29-28, 28-29, 29-28).

En las preliminares, Marlon Vera detuvo a Charles Jourdain por TKO a los 2:02 del tercer asalto en gallo, Robelis Despaigne se impuso por decisión dividida a Tai Tuivasa en pesado —con Tuivasa igualando el récord histórico de derrotas en UFC—, y Michael Aswell Jr. venció por decisión dividida a Joo Sang Yoo en pluma.

En los primeros combates de la noche, Ryan Gandra logró un TKO sobre Ozzy Diaz a los 2:04 del primer asalto en peso medio, Edmen Shahbazyan se impuso por decisión unánime a Brunno Ferreira (29-28, 29-28, 30-27), Casey O'Neill sometió con una llave de brazo a Eduarda Moura a los 3:22 del primer asalto en mosca femenino, y Joanderson Brito noqueó a Giga Chikadze a los 1:57 del primer asalto en pluma.

Pero cuando las luces se apagaron en Los Ángeles, una imagen quedó flotando sobre todas las demás: Joshua Van, el campeón más joven de la noche, cinturón al hombro, mirando a un futuro en el que ya no carga con signos de interrogación, sino con un objetivo claro en la espalda. ¿Quién será el próximo en intentar destronar al nuevo rey de las 125 libras?