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Katie Taylor se despide en Croke Park: Vamos una vez más

Katie Taylor se prepara para bajar el telón de una de las carreras más brillantes del boxeo moderno en el escenario que siempre imaginó. Este sábado, en un Croke Park repleto con 80.000 aficionados en Dublín, la irlandesa buscará despedirse como triple campeona indiscutida del mundo ante la invicta francesa Flora Pili. Una última caminata al ring. Un último reto. Un último “vamos una vez más”.

La campeona de 40 años, que marcó 139,6 libras en el pesaje para el combate del peso superligero, apenas unas décimas por debajo de las 139,9 de Pili, llega al final del camino habiéndolo ganado prácticamente todo. Oro olímpico en Londres 2012. Pionera junto a Amanda Serrano al encabezar la primera velada femenina en el mítico Madison Square Garden. Venganza consumada ante Chantelle Cameron, la única que logró derrotarla como profesional.

Le faltaba algo. Le faltaba Croke Park. Hasta hoy, el gran estadio de Dublín solo era un sueño. Esta noche, se convierte en el escenario de su despedida.

La última misión

En una semana cargada de homenajes, análisis de legado y palabras grandilocuentes sobre su impacto en el deporte, Taylor se ha mantenido imperturbable. No quiere distracciones. No quiere nostalgia. Solo ve a Flora Pili frente a ella.

“Mi mente está enfocada en la pelea. Tengo un trabajo que hacer contra una rival muy dura”, advirtió la boxeadora de Bray tras bajar de la báscula el viernes por la tarde. No hay tono de despedida en su voz, solo la frialdad de quien ha vivido noches grandes durante más de una década.

“Me he construido una reputación aceptando siempre las peleas más difíciles, así que ¿por qué tratar mi última pelea de forma diferente? Para esto nací, para esto fui hecha. Vamos una vez más”.

La frase retumbó entre los aficionados que se agolparon en el pesaje. Muchos de ellos repetirán hoy, teñidos de verde, blanco y naranja, en las gradas de Croke Park. Saben que no están ante una velada cualquiera. Es la noche en la que la figura que cambió el mapa del boxeo femenino se despide en casa.

Taylor se tomó un momento para hablarles directamente: “Estoy alucinada. Quiero ofrecer una actuación a la altura del apoyo que he recibido estos últimos años. Ustedes me han llevado en volandas durante los Juegos Olímpicos y en toda mi carrera. Muchas gracias. Estoy muy agradecida”.

Se detuvo, respiró, y dejó asomar algo que rara vez muestra en la previa de una pelea: ilusión pura. “Estoy muy emocionada. He estado soñando con esto durante los últimos años y estoy a un día de terminar mi carrera en un escenario de ensueño, delante de toda esta gente increíble”.

Croke Park, la razón para alargar el sueño

Para muchos, Katie Taylor ya había completado el círculo. Títulos mundiales, noches históricas, barreras derribadas. Pero la llamada de Croke Park pesó más que el cansancio, más que la lógica.

El excampeón mundial Carl Frampton, analizando la velada en DAZN, lo resumió sin rodeos: “Ella ya ha completado el deporte, pero creo que una de las razones por las que aguantó fue el sueño de pelear en Croke Park. Por fin lo ha conseguido”.

No se trata solo de un estadio. Es el símbolo de una nación deportiva. Es el lugar donde el deporte irlandés se mira al espejo. Que Taylor cierre allí su carrera tiene un aire de justicia poética.

“Katie es una auténtica heroína para tanta gente, una inspiración. Es una forma perfecta de terminar… pero primero tiene que ganar y no podemos descartar a Pili, que es una boxeadora muy buena”, avisó Frampton. No hay noche de homenaje que valga sin victoria. Y Pili viaja a Dublín sin intención de convertirse en figurante.

¿Último baile… o penúltimo?

La gran pregunta flota en el ambiente: ¿es realmente el final? ¿O Croke Park será el escenario de un adiós que, con el tiempo, podría convertirse en un “hasta luego”?

La tres veces campeona mundial Mikaela Mayer, una de las voces más respetadas del boxeo femenino actual, no lo ve tan ambiguo: “Katie siempre ha sido muy fiel a su palabra. Si dice que esta es su última pelea, yo lo creo”.

No cierra la puerta, eso sí, a una eventual vuelta. Y lo hace desde la admiración de quien entiende perfectamente lo que Taylor ha significado para el deporte. “Si quiere regresar, no me molestaría. Nos encantaría verla de nuevo. Yo me estoy beneficiando de su trabajo duro y de todo lo que ha ayudado a crear para las mujeres en este deporte. Estoy triste porque siempre había esperado compartir ring con Katie”.

Ese es, quizá, el mejor termómetro de su legado: las campeonas actuales, las que llenan portadas y encabezados, se reconocen deudoras de su camino. Taylor peleó por bolsas mejores, por escenarios más grandes, por respeto mediático. Hoy, muchas viven en ese nuevo mundo que ella ayudó a construir.

Esta noche, sin embargo, todo se reduce a algo mucho más simple. Dos mujeres, un ring, cuatro cinturones y un estadio entregado. Taylor contra Pili. Una campeona que busca sellar su leyenda y una aspirante que ve en este combate la oportunidad de su vida.

Cuando suene la campana en Croke Park, no habrá discursos, ni homenajes, ni debates sobre legado. Solo golpes, ajustes tácticos, corazón. Y la incógnita que lo envuelve todo: ¿podrá Katie Taylor escribir el final perfecto a una carrera que parecía no necesitar epílogo?