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Katie Taylor se despide en Croke Park: última pelea en casa

Katie Taylor se marcha donde siempre soñó: en casa, en lo más alto y ante una marea verde. El sábado, la irlandesa disputará la última pelea de su carrera en el estadio Croke Park de Dublín, un escenario mítico que abrirá sus puertas al boxeo por primera vez desde 1972. Entonces el protagonista fue Muhammad Ali. Hoy, el foco es ella.

La campeona olímpica, de 40 años, defensora de los títulos del peso superligero, subirá al ring ante unos 80.000 aficionados. No habrá butaca vacía. Según informó The Guardian, las entradas volaron en apenas 17 minutos desde que salieron a la venta en junio. Un fenómeno de masas.

RTÉ, la cadena pública irlandesa, emitirá la velada en abierto. No será solo boxeo: el programa incluye actuaciones musicales, con la banda Westlife como uno de los grandes reclamos. Una noche pensada como homenaje, como despedida y como celebración de una carrera que ha cambiado el mapa del boxeo femenino.

Un adiós en Dublín, medio fiesta, medio despedida

Croke Park no acogía un combate desde aquel Ali–Alvin Lewis de hace más de medio siglo. El regreso del cuadrilátero al coloso dublinés llega con un aire de fin de época. Trevor McMahon, cuñado de Taylor y fundador de Liberty Boxing Gym, lo definió sin rodeos: el final de una era. Especial, sí. Pero también triste, porque marca el cierre de una de las trayectorias más influyentes del deporte irlandés.

En Bray, el pueblo costero de County Wicklow donde creció la campeona, la pelea se vive como un acontecimiento nacional. Las tiendas exhiben gorras, banderas y carteles con su imagen. Las calles se llenan de verde, oro y blanco. Catherine Hill, vecina de la localidad, lo resumió con sencillez: Taylor se ha convertido en un modelo para las niñas que quieren boxear o dedicarse a cualquier deporte. No es solo una campeona; es un espejo.

Impacto en el boxeo femenino: de “K Taylor” a icono global

La dimensión de este combate no se entiende sin mirar atrás. Taylor empezó a entrenar de niña en un gimnasio llamado Tin Can. Entonces, las normas en Irlanda y el Reino Unido prohibían a mujeres y niñas subir al ring. Ella no aceptó ese límite. Se inscribía en los torneos como “K Taylor”, haciéndose pasar por chico para poder pelear.

A los 15 años, junto a su padre Pete, empujó el cambio definitivo: en 2001 se levantó la prohibición en Irlanda. Ese giro abrió la puerta a una generación entera. La suya fue la primera en entrar; detrás vinieron miles.

El resto es historia escrita a golpes precisos. Oro olímpico en Londres 2012, figura central en veladas en Madison Square Garden, protagonista de una trilogía de alto voltaje ante Amanda Serrano. Taylor convirtió sus peleas en eventos globales y dio al boxeo femenino un espacio que antes le negaban.

La última rival

La función de despedida no será un paseo. Enfrente estará la francesa Flora Pili, de 29 años, invicta como profesional con 12 victorias y campeona del mundo IBO del peso superligero. Una rival joven, ambiciosa, sin nada que perder y con un cinturón propio que defender.

Es el tipo de duelo que define a Taylor: nada de rivales de trámite, nada de combates fáciles para decorar el adiós. Una campeona que se marcha como vivió su carrera, arriesgando, midiendo su legado contra la mejor oposición posible.

El sábado, cuando suene la campana en Croke Park y 80.000 gargantas rugan al unísono, Irlanda verá algo más que una pelea. Verá a la niña que tuvo que esconder su nombre para poder boxear, convertida en la mujer que llenó estadios y cambió leyes. La pregunta ya no es qué más puede ganar Katie Taylor, sino qué quedará en el boxeo femenino cuando se apaguen las luces y ella deje los guantes en el centro del ring.