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Kilmurry arrasa en la final de IAFC y alcanza la tercera categoría

Kilmurry: 2-18 (2-2-14)
Buttevant: 0-10 (0-2-6)

En una noche fría en SuperValu Páirc Uí Chaoimh, Kilmurry no solo ganó un título. Cerró un círculo que llevaba abierto desde 1995 y dejó claro que su ascenso en el fútbol de Cork va muy en serio.

El marcador final, 2-18 a 0-10, habla de una final de McCarthy Insurance Group IAFC sin historia. La sensación en la grada fue aún más contundente. El equipo de Muskerry dominó de principio a fin y dejó a Buttevant persiguiendo sombras, incapaz de encadenar una racha que amenazara realmente el resultado.

De la herida del 95 a la tercera categoría

El viejo fantasma de la derrota en la final intermedia de 1995 ante Dohenys puede, por fin, archivarse. Kilmurry llega a la tercera categoría del fútbol de Cork con una trayectoria que impresiona: campeones del JAFC en 2022, del Premier JFC en 2024 y ahora coronados en el IAFC. Escalón tras escalón, sin titubeos.

Para Buttevant, el sueño del doblete consecutivo de condado se quedó en eso, un sueño. Tras su título de Premier JFC en 2025, aspiraban a encadenar otra corona. Kilmurry les bajó a la tierra con una actuación de autoridad.

Gol tempranero, mensaje claro

El tono del partido se marcó en los primeros compases. Ni un minuto cumplido y ya Ruadhrán Ó Curraoín levantaba la primera bandera blanca. Treinta y cuatro segundos y Kilmurry mandaba. Dos minutos, y el golpe de verdad: Liam Wall culminó con sangre fría, enviando el balón a la red tras una buena jugada, justo después de que Mark Lenahan dispusiera de una ocasión clara para Buttevant.

Ese contraste lo resumía todo. Kilmurry castigaba, Buttevant perdonaba.

Los de negro y ámbar tardaron 11 minutos en inaugurar su cuenta, con un punto de Aaron Horgan, seguido por otro de Lenahan. 1-1 a 0-2 y un encuentro que, en ese tramo, se movía en clave táctica, cerrado, más de ajedrez que de intercambio de golpes. Pero incluso en ese contexto, Kilmurry encontraba sus puntos con menos sufrimiento.

Denis O’Mullane, desde un libre, Seán O’Leary —incansable, omnipresente, un auténtico “conejito Duracell” en la banda— y dos aciertos más de Wall estiraron la diferencia a 1-5 a 0-2 a los 22 minutos. Cada ataque de Kilmurry parecía tener un plan. Cada ataque de Buttevant chocaba con un muro.

Un error, una advertencia… y otro mazazo

Buttevant apenas lograba descifrar la defensa de Kilmurry. Solo un error poco habitual en los hombres de Muskerry abrió la puerta a Conor Hanlon, que anotó un punto que pudo ser gol. Fue su primer tanto en diez minutos. Un destello. Nada más.

Si Buttevant buscaba un punto de inflexión, no lo encontró. Kilmurry volvió a pisar el acelerador. Kyle Kelleher, con el exterior de la bota, firmó uno de los puntos más elegantes de la noche. Y justo antes del descanso, Ó Curraoín apareció de nuevo, esta vez para clavar un gol frío, calculado, ajustado al rincón de la portería. 2-6 a 0-3 a un minuto del entretiempo.

David Hanlon sostuvo una pequeña esperanza para Buttevant al convertir un libre de dos puntos en una posición incómoda, dejando el 2-6 a 0-5 al descanso. El margen seguía siendo amplio, pero al menos ofrecía algo a lo que agarrarse.

Defensa de hierro y un partido que se apaga

La segunda parte arrancó lenta, espesa. No por falta de esfuerzo, sino por la estructura defensiva de Kilmurry, impecable. Buttevant acumuló posesión y presión, pero sin filo real. Y cuando se abrió un resquicio, apareció el guardameta de Buttevant, Ronan Donovan, para evitar un resultado aún más duro: tras un intento de dos puntos de Wall que dio en el palo, el rebote cayó perfecto para Ó Curraoín, que se topó con una parada salvadora.

Ese susto activó a Buttevant. El suplente Michael O’Neill inauguró el marcador del segundo tiempo a los ocho minutos, reduciendo la diferencia a seis. Parecía el inicio de una reacción.

Duró poco.

Kilmurry respondió con dos puntos rápidos y reconstruyó un colchón de 2-8 a 0-6 con 18 minutos por jugar. O’Mullane, con otro libre de dos puntos, elevó la renta hasta los diez. El partido entraba en el último cuarto y Buttevant necesitaba algo especial. No llegó.

Hanlon sumó un libre sencillo, pero el dominio ya era total. Wall levantó bandera naranja, Tomás Collins añadió su segundo punto y el electrónico marcaba 2-13 a 0-7 a los 51 minutos. La final se había convertido en una procesión de Kilmurry hacia el título.

Un banquillo que también marca diferencias

En el tramo final, los suplentes de Kilmurry se unieron a la fiesta. El intercambio de puntos mantuvo el ritmo del marcador, con O’Mullane sumando otro y un libre de dos puntos de Hanlon como muestra de la resistencia de Buttevant, que nunca dejó de intentarlo pese a la montaña que tenía delante.

Pero la última palabra también fue de los hombres de Muskerry. Joe McGinn entró con impacto inmediato, firmando dos puntos, uno de libre, y Joe Ryan cerró la cuenta con otro tiro sencillo a balón parado. Un broche coral para una actuación que fue mucho más que la inspiración de una o dos figuras.

Wall terminó con 1-4, Ó Curraoín con 1-2, O’Mullane con 0-4 y un abanico amplio de anotadores —Kelleher, L Asling, O’Leary, Collins, McGinn, Ryan— subrayó el carácter colectivo del triunfo. En el otro lado, Hanlon (0-4), Lenahan y David Hanlon (0-2 cada uno), más los aportes de O’Neill y Horgan, no bastaron para sostener a Buttevant en una noche en la que se vieron superados en todas las líneas.

Bajo la mirada del árbitro Brian Crowley de Castlehaven, Kilmurry levantó otro trofeo de condado y dio un paso más en su escalada. La pregunta ya no es si pertenecen a este nivel. La cuestión es hasta dónde pueden llegar desde aquí.