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Kylian Mbappé critica el uso de memes sobre dictadores

Kylian Mbappé vive acostumbrado a que su nombre incendie las redes. Goles, títulos, cambios de club, decisiones deportivas. Todo se amplifica. Pero esta vez el delantero de Real Madrid y de la selección francesa ha querido poner un límite muy claro: no todo vale en nombre del humor.

En una entrevista con France Football, el atacante de 27 años criticó con dureza un meme viral generado por inteligencia artificial que coloca su rostro sobre el cuerpo de un dictador. La imagen circula desde hace meses en redes sociales y muchos aficionados la usan para ilustrar cómo “domina” los partidos o su influencia en los clubes. Para Mbappé, la broma cruza una línea.

“Hay un lado gracioso porque se nota que, para algunas personas, es de buen rollo”, admite. Pero la sonrisa se borra rápido. “Luego hay un lado un poco menos divertido, porque sabemos el daño que gente así ha causado a lo largo de la historia”.

El francés no se esconde ni rebaja el tono. Al contrario, se planta frente a una cultura del meme que trivializa figuras y episodios oscuros del siglo XX: “Ser comparado con personas que asesinan a otras, o que han hecho miserables a millones y millones de personas… No creo haber hecho eso en mi vida”.

La frase golpea. No es una queja ligera de una estrella molesta por una caricatura incómoda. Es un reproche directo a la falta de contexto con la que se consumen y se comparten imágenes en redes sociales. Mbappé lo resume sin rodeos: “Por un lado, sé que se hace de forma desenfadada y que no llega tan lejos, pero a veces revela una falta de conciencia política y humana en la gente”.

El contraste con el vestuario de Francia

El tema no es nuevo para él. Durante el Mundial de 2026, su compañero de selección Ousmane Dembélé le puso el apodo de “Mobut”, inspirado en Mobutu Sese Seko, el dictador que gobernó durante tres décadas la actual República Democrática del Congo, entonces Zaire.

Ese mote también nació de las redes sociales. Pero aquí Mbappé hace una clara distinción. Con Dembélé no hay reproche, hay complicidad.

“Ousmane, eso es otra cosa. Lo sacó de las redes sociales. Solo está de broma”, explica el delantero, restando hierro al apodo dentro del contexto del vestuario.

La diferencia es evidente para él: una cosa es la burla privada, el chiste interno entre amigos y compañeros; otra, muy distinta, es un meme global que asocia su imagen con dictadores responsables de crímenes masivos y sufrimiento histórico.

Entre el ídolo y el símbolo

Mbappé entiende que su figura se ha convertido en algo más grande que un simple futbolista. Su dominio en el campo, su peso en los proyectos deportivos y su exposición mediática alimentan una narrativa casi desmesurada en torno a su nombre. De ahí que algunos aficionados recurran a la figura del “dictador del juego” para ensalzar su superioridad.

Pero el francés marca el límite: no quiere que su dominio deportivo se mezcle con imágenes que blanquean, aunque sea por accidente, la memoria de regímenes responsables de atrocidades. No quiere ser parte de ese juego.

En una era en la que un montaje puede recorrer el planeta en segundos, Mbappé utiliza su voz para frenar una deriva peligrosa: la de convertir cualquier referencia histórica, por brutal que sea, en simple combustible para el chiste fácil.

La pelota seguirá rodando, los memes seguirán apareciendo y Mbappé continuará decidiendo partidos. La cuestión es otra: ¿hasta dónde está dispuesto el fútbol a reírse de todo sin mirar atrás?