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Kylian Mbappé y su autoproclamación como el ‘elegido’

La frase de Kylian Mbappé que ha encendido Francia no salió de un regate, ni de un gol en el descuento, ni de una final. Salió de su propia boca. El capitán de la selección se definió como “el elegido” y, según reveló el diario L’Équipe, esas palabras cayeron muy mal en el entorno de Ousmane Dembélé. Muy mal.

En el vestuario de la campeona del mundo en 2018, donde las jerarquías se miden por títulos, galones y carácter, la autoproclamación de Mbappé ha abierto un debate incómodo: ¿confianza desbordante o ego fuera de control?

El “elegido” que incomoda

Que Mbappé figure entre los grandes favoritos al Balón de Oro no sorprende a nadie en Francia. Lleva años instalado en ese escalón. Lo que ha levantado polvo es el tono, la forma, la insistencia en hablar de sí mismo como centro del universo futbolístico.

Según L’Équipe, en el círculo de Dembélé, y también en el de Paris Saint-Germain, la frase no hizo ninguna gracia. Se percibió como una falta de tacto hacia un compañero con el que comparte vestuario en el club y en la selección, y con el que mantiene una relación de larga data.

El ruido se amplificó en los medios. El debate dejó de ser una cuestión de matiz para convertirse en una supuesta grieta interna en la selección francesa.

Rothen habla de “traición”, Dugarry salta al cruce

En el programa de RMC Sport, Jérôme Rothen fue directo al cuello. Habló incluso de una especie de “traición” por parte de Mbappé y sugirió la existencia de dos grupos dentro del vestuario de Francia. Palabras mayores.

No tardó en encontrar respuesta. Christophe Dugarry, campeón del mundo en 1998 y voz respetada en el fútbol francés, no compró ese relato. En el mismo programa, se plantó ante Rothen y le exigió algo muy simple: pruebas.

“Jérôme, sobre lo que estás diciendo, quiero nombres”, le lanzó Dugarry. “Dices que hay dos grupos dentro del equipo. ¡No me creo estas tonterías! ¿Qué te molesta de Ousmane? Ha ganado la Champions League dos veces y el Balón de Oro”.

El exdelantero fue subiendo el tono. Recordó que Mbappé y Dembélé se conocen desde los 15 años y cuestionó la supuesta fragilidad de esa relación. “¿De verdad te vas a enfadar por una entrevista en la que Kylian se pasa todo el tiempo hablando de sí mismo? No dijo nada malo de Dembélé”.

Dugarry, lejos de apagar el incendio, decidió redirigirlo.

Dos estrellas, dos mundos

Para Dugarry, el fondo del asunto no es un insulto directo, sino el choque frontal entre dos maneras de vivir el fútbol y la fama.

“Lo que dijo Kylian es la verdad”, afirmó. Y tiró de memoria para ilustrarlo. Recordó la etapa de Dembélé en Barcelona, cuando se hablaba de sus problemas de disciplina y de su adicción a la PlayStation. “Recuerdo cuando Dembélé estaba en Barcelona, que no podía levantarse por la mañana para ir a entrenar porque estaba jugando a la PlayStation. ¡Venga ya! Dembélé es el antiestrella, y brilla por eso. Tiene la mentalidad de antiestrella. Son dos visiones del fútbol. Dos estilos futbolísticos distintos que chocan. Dos personalidades diferentes”.

Para el exinternacional, la diferencia no equivale a crisis. La considera, incluso, algo casi inevitable en un grupo de élite: caracteres opuestos obligados a convivir bajo la misma camiseta.

¿De qué se ofende Dembélé?

Dugarry fue más allá y cuestionó directamente el supuesto enfado del extremo de Paris Saint-Germain. No ve motivos sólidos para que Dembélé se sienta atacado por las palabras de Mbappé.

“No entiendo qué le choca a Ousmane Dembélé”, insistió. “Siempre se ha presentado como una persona reservada, tímida, algo introvertida, con un gran espíritu de equipo. Construyó su carrera así, y ganó así. Entiende esta filosofía de fútbol. Mbappé es todo lo contrario. Perdón, pero si su amistad no puede superar este asunto, significa que nunca fue fuerte desde el principio”.

El retrato es claro: Dembélé, el talento que huye del foco, que prefiere la discreción, que se siente cómodo en la sombra. Mbappé, el astro que abraza el protagonismo, que no rehúye definirse a sí mismo como el centro del proyecto. Dos polos opuestos en un mismo vestuario.

El ego de Mbappé, bajo la lupa

Eso no significa que Dugarry firme un cheque en blanco al capitán de Francia. Él mismo reconoce que hay cosas en el discurso de Mbappé que le incomodan.

“Hay cosas que me molestan, como la confianza excesiva de Kylian en sus comentarios”, admitió. “Me parece extraño que hable tanto en primera persona y que se presente así… en un deporte de equipo, en el que no ha logrado todavía gran cosa pese a tener mucho por ganar”.

Ahí está el corazón del debate: la tensión entre el yo y el nosotros. Entre la figura del líder que se sabe referencia mundial y la exigencia de un deporte que castiga cualquier desajuste en el equilibrio del grupo.

Dugarry, sin embargo, reconoce una realidad: Mbappé ya se ha ganado el derecho a hablar como habla. “Hoy, Mbappé es su propia fuente de fuerza”, concluyó.

En Francia, la discusión sigue encendida. Entre el “elegido” que no teme decirlo y el “antiestrella” que nunca quiso serlo, la próxima convocatoria de la selección no solo alineará talento. También pondrá a prueba cuánto aguanta un vestuario cuando el ego y la autenticidad chocan a la vista de todos.

Kylian Mbappé y su autoproclamación como el ‘elegido’