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La liga argentina se detendrá en el minuto 10 para aplaudir a Messi

La pelota se va a quedar quieta. No por una lesión, no por un chequeo del VAR, no por un corte de luz. Este fin de semana, en todos los estadios del país, el fútbol argentino se congelará durante un minuto en el minuto 10 de cada partido para aplaudir a Lionel Messi, ya retirado de la selección.

No hay casualidad en el número. Es el dorsal que acompañó al rosarino durante casi toda su vida con la camiseta albiceleste. A los 39 años, el capitán del título mundial en Qatar 2022 anunció el lunes que no volverá a vestir la camiseta de Argentina, y la Asociación del Fútbol Argentino decidió que la despedida tenga el idioma que Messi mejor entiende: el de las canchas.

Un minuto para una era

“El homenaje y tributo a la carrera de Lionel Messi con la selección argentina” tendrá una liturgia simple y poderosa: a los 10 minutos de juego, el árbitro detendrá el partido y el estadio entero romperá en aplausos. Nada de discursos, nada de videos interminables. Solo ruido, piel de gallina y un silencio previo que, por un instante, recordará todo lo que ya no estará.

“Los esperamos en las canchas, súmense a este reconocimiento”, comunicó la AFA. El mensaje es claro: que el aplauso no sea una formalidad, sino un gesto colectivo de un país que se acostumbró a vivir con Messi y ahora empieza a entender qué significa despedirlo de la selección.

Del dolor a la gloria

El punto final llega después de una carrera internacional que no se explica solo con números, aunque los números abruman. Messi es el futbolista con más partidos en la historia de la selección argentina: 207. También es el máximo goleador, con 125 tantos. Detrás de esas cifras hay casi dos décadas de golpes, resurrecciones y, al final, consagración.

No siempre fue celebración. En 2016, tras perder la final de la Copa América ante Chile y fallar su penal en la tanda, Messi ya había dicho adiós. Argentina encadenaba su cuarta final perdida en nueve años y el 10, devastado, anunciaba que no seguiría. Aquella decisión duró poco: el país entero le pidió que volviera y él regresó para cambiar su propia historia.

Con el tiempo, lo hizo todo: campeón del mundo en 2022, dos Copas América, una carrera internacional que arrancó en 2005, cuando debutó entrando a los 63 minutos en un amistoso ante Hungría. Desde entonces, ningún escenario le quedó grande.

Un gigante de los Mundiales

Su última función con Argentina se dio en el escenario más doloroso y más grande a la vez: la final del Mundial 2026, perdida ante España en julio. Allí se cerró el ciclo del ocho veces ganador del Balón de Oro con la selección, en la misma competencia que terminó de sellar su leyenda.

Messi se va como el segundo máximo goleador en la historia de los Mundiales, con 21 tantos, solo por detrás de Kylian Mbappé, que suma 22. Y también como el segundo goleador histórico a nivel selecciones, con sus 125 goles, únicamente superado por Cristiano Ronaldo, que lleva 146. La rivalidad que marcó una era también se refleja en la tabla de artilleros global.

Un ídolo sin club en casa

Hay un detalle que siempre dolió un poco en Argentina: Messi nunca jugó en la primera división de su país. Se fue a los 13 años a La Masia de Barcelona y construyó su carrera de clubes lejos de casa. El homenaje de este fin de semana, entonces, tiene un matiz especial: las canchas que nunca lo vieron como local se detendrán para agradecerle lo que hizo a miles de kilómetros.

Mientras tanto, su presente deportivo sigue en Estados Unidos. Messi continuará en Inter Miami, en la Major League Soccer, con un contrato vigente hasta finales de la temporada 2028. La selección ya es pasado; el club, todavía no.

Una decisión marcada por el duelo

En agosto, Messi había dejado abierta la puerta a un adiós cercano. Habló de su futuro tras la muerte de su padre, Jorge, fallecido a los 68 años después de una larga enfermedad. Ese golpe personal terminó de inclinar la balanza.

Cuando confirmó su retiro de la selección, explicó que, tras la pérdida de su padre, estaba “aún más convencido que antes” de que era el momento adecuado. No era solo una cuestión física o deportiva. Era también emocional. Un cierre de ciclo que mezcló duelo familiar y final de una era futbolística.

El minuto 10 que dirá “gracias”

Este fin de semana, cada vez que el reloj marque el 10, los árbitros levantarán el brazo y el juego se detendrá. Los hinchas se pondrán de pie. No habrá Messi en el césped, pero sí en cada bandera, en cada camiseta, en cada niño que aplauda sin haberlo visto en vivo con la selección.

Será un gesto breve. Un minuto. Suficiente para entender que, aunque él siga jugando en Inter Miami, la relación con la camiseta albiceleste ya pertenece a la memoria. La pregunta ya no es qué más puede ganar con Argentina. La pregunta es otra: ¿cuánto tiempo tardará el fútbol argentino en asumir que a ese vacío no se lo reemplaza, solo se lo recuerda?