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La lluvia frena el segundo Test entre Inglaterra y Pakistán en Lord’s

El segundo Test entre Inglaterra y Pakistán en Lord’s amaneció con la incertidumbre propia de un cielo encapotado y un ambiente aún más cargado fuera del campo. El lanzamiento de la moneda se retrasó, el inicio del juego también, y mientras las cubiertas iban y venían sobre el césped, el cricket inglés miraba de reojo a una tormenta distinta: la que rodea a la conducta y el estado de ánimo de algunos de sus protagonistas.

Un Lord’s húmedo y un césped “nibbler”

Michael Vaughan, siempre atento al detalle, se acercó al terreno de juego y no le gustó lo que sintió bajo las botas. “Hay un tono verdoso y se siente bastante blando”, describió. Su diagnóstico fue claro: no habrá mucho ritmo, será un campo para que la pelota “mordisquee”, un escenario ideal para los que saben hacerla hablar fuera de la mano.

La mañana en Londres dejó bastante lluvia, suficiente para mantener las cubiertas sobre el cuadrado y obligar a retrasar el sorteo hasta las 11:30 BST, con inicio previsto a las 12:00. Cuando por fin se retiraron las lonas exteriores, los jugadores de Inglaterra mataban el tiempo a la vieja usanza: pasándose un balón de fútbol en el outfield mientras el personal de campo trataba de rescatar el día.

El parte meteorológico no invitaba a la calma. Ben Rich, presentador jefe del tiempo de la BBC, avisó de una banda de lluvia empujando hacia el norte. Las nubes, eso sí, debían ir rompiéndose con el paso de la mañana, dejando claros y algo de sol. Pero la tarde no estaba asegurada: posibilidad de chubascos, tormentas aisladas, el típico menú de verano británico que convierte cada sesión en una pequeña lotería.

Jordan Cox y el privilegio de compartir crease con Joe Root

Entre tanta espera, una de las voces más frescas fue la de Jordan Cox. El bateador inglés, aún con la emoción reciente, habló con Sky Sports sobre lo vivido: “Fue un partido increíble, ¿no? Empezamos de forma increíble, especialmente con la pelota. Esos rápidos de Inglaterra… digamos que tenemos suerte de no tener que enfrentarnos a ellos cada semana. Dieron una auténtica clínica”.

Cox no exagera. En los entrenamientos ya se mide a Jofra Archer y Josh Tongue, un máster acelerado para cualquier bateador. “Enfrentarte a Jofra y a Tongue en las redes solo puede hacerte mejor”, admitió. Por eso, cuando cayó su wicket, el golpe fue doble, deportivo y emocional. “Estaba destrozado cuando me eliminaron. Me decía a mí mismo: ‘esta podría ser tu única oportunidad’. La pelota dio en la pierna, yo no sentí nada y pensé en ir arriba con la revisión. Nunca lo había hecho, fue divertido”.

Lo que no tuvo nada de divertido fue la sensación de dejar escapar una ocasión al lado de Joe Root. Sobre el ex capitán, Cox fue casi incapaz de encontrar palabras: “Es difícil describir cómo es Joe. Todos dicen que es tan calmado, tan compuesto. Batear con Joe… mi objetivo era intentar durar más que él”. Un propósito tan sencillo como revelador: en este equipo, el listón se llama Root.

Ben, Baz y un estilo bajo escrutinio

Mientras los jugadores calentaban y el público miraba al cielo, Vaughan ponía el foco en algo más profundo que un simple retraso por lluvia. Bajo la dupla Ben Stokes–Brendon McCullum, el cricket de Inglaterra ha sido “un viaje increíble”, reconoció, pero también “bastante suelto”. Esa libertad, celebrada cuando se gana, se vuelve incómoda cuando los resultados se tuercen.

“Cuando empiezas a perder y sigues con ese mismo ‘vibe’, ahí es cuando empieza el problema”, advirtió Vaughan. Y dejó una frase que recorrió el entorno del equipo como un escalofrío: “Las palabras ‘hacked off’ (cabreado) de Joe Root enviaron un temblor por todo el cricket inglés. Si Joe Root está cabreado, sabes que hay un problema real”.

En un vestuario donde Root ha sido durante años la brújula moral y técnica, su malestar pesa. No es una queja menor, es una señal de alarma para una estructura que ha apostado todo a un estilo valiente, agresivo, casi desafiante. ¿Dónde está el límite entre la valentía y la temeridad? La respuesta, como siempre, la dictan el marcador y la tabla de resultados.

Babar Azam vuelve al centro del escenario

Entre nubarrones, una buena noticia para el espectáculo: Babar Azam está de vuelta. El capitán de Pakistán, ausente en el primer Test en Headingley por una lesión en la mano, ha sido declarado apto y regresará al orden medio de los turistas.

En Leeds, Salman Ali Agha ocupó su lugar, pero nada se compara al peso específico de Babar en esta alineación. Su presencia en el sorteo junto a Joe Root, si las condiciones lo permiten, devolverá al centro del campo uno de los duelos más atractivos del cricket actual: el maestro inglés frente al estandarte paquistaní, dos estilos distintos, una misma responsabilidad de sostener a sus equipos.

El caso Brydon Carse sacude la imagen del equipo

Mientras los radares de lluvia se movían hacia el norte, otra nube, esta vez institucional, se instalaba sobre el cricket inglés. Brydon Carse, lanzador rápido de Inglaterra, está bajo investigación de la policía de Derbyshire tras un incidente a las puertas de un club nocturno.

Las imágenes, difundidas en redes sociales el domingo, muestran a Carse esposado y rodeado de agentes durante una salida nocturna en Derby el sábado. La policía confirmó que el jugador de 31 años fue detenido brevemente bajo sospecha de estar ebrio y alterando el orden. Ahora se investigan acusaciones de agresión.

La reacción fue inmediata. El England and Wales Cricket Board (ECB) anunció que el caso será analizado por el Cricket Regulator y, como consecuencia directa, Carse fue retirado de la convocatoria de Inglaterra para este Test. No es un nombre cualquiera: suma 58 apariciones con la selección, 14 de ellas en Tests, la última en la Ashes del pasado invierno.

Pese a todo, Carse figura hoy en el once de Durham para el duelo de County Championship ante Gloucestershire en Chester-le-Street, con el equipo local preparado para empezar con la pelota. Una doble vida deportiva en cuestión de horas: apartado del escenario internacional, pero todavía activo en el circuito doméstico.

Jonathan Agnew, voz autorizada del juego, no minimizó el impacto. “Esto es bastante serio porque socava todo lo que todos intentan hacer por el bien del cricket”, advirtió. “Cuando has tenido la suerte de jugar a este nivel, es el momento más orgulloso de tu vida. No deberías necesitar que te recuerden tu comportamiento. Forma parte del territorio”. Una frase que pesa tanto como cualquier sentencia disciplinaria.

Un día que pide respuestas dentro y fuera del campo

El plan para Lord’s es claro: sorteo a las 11:30, inicio al mediodía, siempre que el terreno responda y las nubes respeten. La banda de lluvia se aleja, las cubiertas se retiran poco a poco, el público entra con chubasquero en una mano y esperanza en la otra.

Sobre el césped espera un wicket verde, blando, ideal para que los rápidos “nibblers” de Inglaterra vuelvan a dar una lección. Al otro lado, Pakistán recupera a Babar Azam y se agarra a su capitán para equilibrar la balanza. Entre ambos, Joe Root, punto de encuentro entre el brillo deportivo y el descontento interno.

El día ha empezado con retrasos, investigaciones y dudas. Falta saber si, cuando por fin se lance la primera pelota, Inglaterra encontrará en Lord’s algo más que un respiro meteorológico: una respuesta convincente a la pregunta que sobrevuela su vestuario y su imagen pública. ¿Hasta dónde puede estirarse este proyecto antes de que la cuerda, dentro o fuera del campo, termine por romperse?