logo

Man City conquista Old Trafford con diez y Anderson brilla en el derbi

Con uno menos durante más de una hora y un Old Trafford encendido en su contra, Man City encontró la manera de salir con algo más que orgullo: se llevó su primera victoria en casi tres años en territorio enemigo. Un triunfo de esos que pesan en un vestuario y dejan cicatriz en el rival.

El partido cambió de tono muy pronto. Minuto 23: Phil Foden ve la roja directa por soltar un manotazo a Bruno Fernandes después de que el capitán del United le soltara una patada cuando ya estaba en el suelo. De golpe, el plan de Enzo Maresca saltó por los aires y City quedó expuesto en el escenario menos amable posible.

Un gol polémico de Haaland y una muralla celeste

El equipo visitante, lejos de desmoronarse, se replegó, apretó dientes y esperó su momento. El premio llegó con polémica: Erling Haaland firmó el único tanto del encuentro en una acción que dejó protestas encendidas en Old Trafford. El noruego, casi siempre implacable en noches grandes, volvió a aparecer cuando el partido pedía sangre fría.

El resto fue una exhibición de resistencia. City ajustó su estructura, sacrificó posesión y convirtió cada metro en una batalla. Sin Foden, sin su principal foco creativo, el equipo se reordenó alrededor de otro nombre propio: Anderson.

Anderson, dueño del centro del campo y de la noche

El fichaje veraniego, 116 millones de libras sobre sus espaldas y un pasado reciente castigando al United con la camiseta del Nottingham Forest, se adueñó del centro del campo y se marchó con el premio a Jugador del Partido. No fue solo por lo que hizo con la pelota, sino por lo que negó al rival.

Ganó duelos, cerró líneas de pase, se ofreció siempre como salida limpia en un contexto hostil. Y, sobre todo, jugó con una calma impropia de sus 23 años.

“Lo he dado todo por el equipo: duelos y jugar entre líneas. Creo que lo he hecho bastante bien y he mantenido la calma con el balón para ayudar a todos”, explicó después del encuentro, aún con la adrenalina del derbi en la voz.

La expulsión temprana de Foden obligó al grupo a cambiar el chip. Anderson no lo escondió: “La roja hizo el partido mucho más duro y nos ha hecho juntarnos. Demuestra un liderazgo de pelea real de los chicos. No fue ideal que Phil se fuera, pero todos luchamos por ello. Cambió la forma de jugar, pero lo hicimos realmente bien”.

En el vestuario, el propio Foden fue el primero en pasar de la frustración a la euforia. “Estaba destrozado por no jugar todo el partido, pero estaba dando botes en el vestuario. Como todos nosotros”, contó Anderson, dibujando la escena de un grupo que se siente fuerte incluso en la adversidad.

De “reyes de Manchester” a respaldar sus palabras

Cuando llegó en julio, Anderson se presentó con una frase que no cayó precisamente en gracia en la mitad roja de la ciudad: llamó a City los “reyes de Manchester”. Old Trafford no se lo olvidó y le recibió con la hostilidad previsible.

Esta vez, el centrocampista prefirió que hablara el césped. “Solo intentaba dejar que mi fútbol hablara por mí. Creo que hemos venido aquí y hemos jugado realmente bien. No hay duda de que tenemos toda la calidad, pero estamos mostrando una mentalidad real en los primeros cuatro partidos, especialmente en este. No rendirnos, pelear cada entrada, cada duelo y esperar nuestra oportunidad, y obviamente Erling marca”, resumió.

La noche, ruidosa y bronca, fue también un examen de carácter. Anderson salió reforzado.

Una sociedad nueva en la medular: Anderson–Enzo Fernandez

En esa resistencia numérica y emocional tuvo mucho que ver otro recién llegado: Enzo Fernandez. El argentino, con quien Anderson se midió en una semifinal de Copa del Mundo en Estados Unidos, se ha convertido ahora en su socio más cercano en la zona ancha.

“Antes me tocaba jugar contra él”, recordó el inglés. “Pero es un tipo brillante. Y es un jugador top. Es muy bueno. Muestra una calidad real con el balón y saber que tienes a alguien a tu lado que te cubre la espalda ayuda muchísimo. Es top”.

La química entre ambos se notó en cada repliegue y en cada transición. Uno salía al choque, el otro ofrecía línea de pase. Cuando el partido se ensució, los dos mantuvieron la cabeza fría.

Un City cómodo también sin la pelota

No fue el City dominante de posesiones eternas, pero sí un equipo que supo sobrevivir sin el balón. Para Anderson, no es un terreno desconocido: “Estoy acostumbrado a jugar así (sin la pelota) bastante a menudo. Me siento cómodo de las dos maneras y solo intento dar lo mejor para ayudar a los chicos”.

No ocultó que el arranque de temporada ha sido exigente: “No ha sido fácil. Me han exigido en todos los partidos y creo que lo he hecho bastante bien. He entrenado duro para ponerme en la mejor situación para los partidos y ha empezado realmente bien”.

La victoria en Old Trafford refuerza esa sensación: City puede ganar gustando, pero también puede ganar sufriendo.

Tensión, artimañas y un derbi sin maquillaje

Como todo buen derbi, el tramo final se llenó de roces, protestas y ese punto de picardía que enciende a unos y desespera a otros. Enzo Fernandez tiró de “oficio” para arañar segundos al reloj, exagerando contactos, especialmente en un choque con Kobbie Mainoo que levantó la grada local.

Anderson, lejos de dramatizar, lo vio como parte del guion: “Es un derbi, ¿no? Siempre va a haber ese tipo de cosas en el partido”.

City sale de Old Trafford con tres puntos, una declaración de fuerza con diez hombres y la sensación de que su nuevo motor en la medular no se arruga ante nada. Si este es solo el inicio, ¿hasta dónde puede llegar este equipo cuando juegue once contra once los noventa minutos?