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Matt Hauser, el nuevo rey del triatlón con mirada a Los Ángeles 2028

Quince años después, Australia vuelve a mandar en el triatlón mundial. Y el nombre que ha roto la sequía es claro: Matt Hauser.

Su victoria en casa, en Wollongong, no fue solo un triunfo. Fue una declaración. El final de una espera que se había hecho eterna para un país con una tradición riquísima en este deporte y que, sin embargo, llevaba década y media sin un título mundial.

Hauser lo ha devuelto a la cima. Pero él tiene la vista puesta bastante más lejos.

Dominio absoluto en la serie mundial

Camino a la próxima cita de la World Triathlon Championship Series, en Weihai el 29 de agosto, Hauser llega instalado en el tercer puesto de la general. Por delante solo figuran Miguel Hidalgo, de Brasil, y Vasco Vilaça, de Portugal. Ambos han completado cuatro carreras. El australiano, solo tres.

Las tres, ganadas.

Yokohama, Hamburgo y Londres llevan ya su firma. Tres salidas, tres victorias. Un registro que lo ha convertido en el hombre a batir. El objetivo número uno del pelotón.

Hauser lo sabe. Y todavía lo está asimilando.

“Es un momento de pellizcarme, honestamente”, confesó a ABC Sport desde el AusTriathlon Performance Hub de Miami, en la Gold Coast de Queensland. Siente que vive algo casi irreal: estar “en la cima” de su deporte, sabiendo que esa ventana no dura para siempre, obligado a recordarse a sí mismo que hoy es “uno de los mejores, si no el mejor del mundo” y que tiene que exprimir cada oportunidad.

Nada de éxito repentino. Su ascenso no es un cuento de un año bueno. En triatlón, una disciplina que castiga cada debilidad, llegar al techo del mundo nunca es un camino recto.

Hauser lo resume de otra forma: no fue un salto, sino una suma. “Muchos objetivos pequeños y procesos” que han ido construyendo, paso a paso, esa “persona de campeón del mundo”, como la define. Señala a su entrenador, Dan Atkins, con quien lleva una década trabajando, y a ese entorno de “rendimiento diario” que han creado en la Gold Coast como la base de todo.

El nuevo faro de la generación australiana

El momento de Hauser llega justo después de los Juegos de París, en una etapa de transición en la élite del triatlón. Y su impacto se nota también en casa.

En el AusTriathlon Performance Hub, los jóvenes lo miran como referencia. Aspen Anderson, promesa de 19 años, lo admite sin rodeos: la historia australiana en triatlón “es riquísima” y ahora sienten que el país “está subiendo el nivel”. Hauser, dice, “ha marcado el camino” y ver lo que está haciendo les permite pensar: “si ellos pueden, yo también puedo”.

Mientras tanto, algunos de sus grandes rivales han tomado rutas alternativas. El campeón olímpico Alex Yee se ha lanzado a la maratón, firmando un 2:06:38, el segundo mejor registro de la historia para un británico tras Mo Farah. El subcampeón en los Juegos, Hayden Wilde, se ha probado en distancias más largas con la serie T100.

En la rama femenina, la campeona olímpica Cassandre Beaugrand ha trasladado su talento al tartán y al asfalto: récords de Francia en 3.000 y 5.000 metros, además de un gran 10 km en ruta, compitiendo en la Diamond League.

Hauser observa todo eso con admiración. Le inspira ver a sus colegas brillar fuera del triatlón y, al mismo tiempo, siente que ayuda a elevar la consideración del deporte: demostrar que los triatletas son atletas de clase mundial en casi cualquiera de las tres disciplinas.

Su elección, sin embargo, es otra. Él ha decidido encerrarse en el laboratorio del triatlón puro. Pulir cada detalle. Adaptarse a un deporte que, según él mismo reconoce, ha cambiado “muchísimo” en solo dos años.

El arte de equilibrar tres deportes

En triatlón, la trampa está siempre al acecho. Más fuerza de brazos en la piscina puede convertirse en lastre en la bici y la carrera. Un foco excesivo en la carrera puede costar segundos vitales en el agua. El viejo mantra se mantiene: no se gana en el segmento de natación, pero sí se puede perder todo ahí.

Encontrar el punto justo se ha convertido en una de las grandes virtudes de Hauser. Durante un tiempo, la élite masculina parecía un territorio dominado por los corredores: grupos compactos en el agua y en la bici, para decidirlo todo a zancadas en el último tramo.

Ese libreto ya no le sirve al australiano.

Hauser ha recuperado un estilo que recuerda a los mejores días de los hermanos Brownlee. Atacar desde el disparo. Romper la carrera desde la natación. Forzar en la bici. Obligar a los grandes corredores a llegar a pie con menos margen, con menos piernas.

Él mismo lo explica: las dinámicas cambian año a año. Primero, los Brownlee con sus escapadas natación-bici y su capacidad para seguir corriendo a un nivel altísimo tras ese desgaste. Luego, la era de Mario Mola, Jake Birtwhistle y otros grandes fondistas, que llegaban desde atrás en grupos grandes y muy compactos.

Ahora, la marea vuelve a girar. Los grupos delanteros y las fugas vuelven a tener premio. Y Hauser se ha colocado en la punta de lanza de ese cambio. Liderar el grupo delantero, “limitar las fortalezas” de los grandes corredores que vienen por detrás, ha sido clave en su racha de victorias.

El mensaje para el circuito es claro: ya no hace falta ser el mejor corredor para ganar una carrera.

La gran cuenta pendiente: un podio olímpico masculino

Todo este presente brillante tiene un horizonte muy concreto: Los Ángeles 2028.

Australia solo ha ganado un oro olímpico en triatlón, el de Emma Snowsill en Pekín. Michellie Jones, Loretta Harrop, Emma Moffatt y Erin Densham han subido también al podio, consolidando una tradición femenina de élite.

En categoría masculina, el vacío es total. Ningún australiano ha pisado todavía el podio olímpico.

Hauser convive a diario con esa ausencia. No lo obsesiona, pero lo acompaña. “Los Juegos siempre están en el fondo de mi mente”, admite. Cada carrera de la serie mundial, cada entrenamiento, cada día forma parte del mismo plan: llegar al pico de forma dentro de dos años.

Hace no tanto, se veía capaz de brillar en un día, pero no de sostener ese nivel. No era “un favorito constante”. Hoy, en cambio, se ha instalado en la parte alta de cada carrera. El siguiente paso es mental: hacer que esa normalidad cale en su cabeza. Que, cuando llegue el momento de alinearse en la salida de Los Ángeles, solo tenga que repetir lo que ya ha hecho muchas veces.

No se engaña: en triatlón, se trabaja cuatro años para una sola jornada. Pero insiste en que el camino importa tanto como el destino. Necesita acumular “muescas en el cinturón”, experiencias de alto nivel que le permitan, llegado el día, rendir a un nivel alto incluso si la jornada no es perfecta.

Mientras tanto, el calendario no espera. La World Triathlon Championship Series aterrizará en Weihai, China, el 29 de agosto, antes del gran desenlace en Pontevedra, España, el 23 de septiembre.

Hauser llega como el hombre del momento. El triatlón australiano, como un gigante que vuelve a despertarse. La pregunta ya no es si puede ganar carreras. Es si podrá, por fin, cambiar la historia olímpica de su país.