Mikel Arteta: Entrenando el Caos en Arsenal
Mikel Arteta no solo prepara a su Arsenal para presionar alto, salir limpio desde atrás o castigar a la mínima grieta del rival. También los entrena para el caos. Para el retraso, el imprevisto, el contratiempo que suele servir de excusa fácil cuando las cosas salen mal.
El último ejemplo llegó esta semana, camino de Italia. El vigente campeón de la Premier League vio cómo su vuelo hacia el partido de Champions League ante Napoli quedaba atrapado en problemas de control aéreo. Tres horas de retraso. Llegada muy por detrás del plan inicial. Un escenario perfecto para el desorden… salvo que Arteta llevaba meses trabajando precisamente para ese tipo de noche.
“Me encantan esos desafíos, intento crearlos en pretemporada”, explicó el técnico en su rueda de prensa del viernes, en la previa del duelo liguero del sábado ante Sunderland (20:00 BST). No son palabras al aire. Responden a un método.
El plan: incomodar para normalizar el imprevisto
Arteta diseña veranos incómodos. Cambia horarios, altera rutinas, rompe automatismos. Obliga a su plantilla a vivir en un permanente “no estaba previsto”. Todo con una idea de fondo: que nada les sorprenda cuando la temporada apriete.
“Así, cuando pasan, ya los hemos vivido y estamos preparados”, razonó. El ejemplo es gráfico: “Llegar muy tarde al estadio, cambiar la rutina para que los jugadores tengan que hacer otra cosa”. No se trata de dramatizar el contratiempo, sino de vaciarlo de poder.
El entrenador vasco quiere que su equipo asuma que el fútbol profesional convive con el desorden: “El vuelo se puede cancelar, el tren se retrasa, hay mucho tráfico… No quiero a jugadores y staff entrando en pánico”.
Su respuesta es pragmática: aprovechar el tiempo muerto, no maldecirlo. “Tenemos dos o tres horas en el avión, ¿podemos utilizarlas? Jugar juntos, pasar tiempo juntos, dormir”. Lo que prohíbe es la queja estéril: “No os quejéis ni lo uséis como excusa porque no ayuda en absoluto”.
Vestuarios sofocantes, rutas extrañas y cenas intervenidas
El trabajo de Arteta con el factor psicológico no se queda en los discursos. Lo lleva al terreno práctico. Ha reconocido que en pretemporada retrasa comidas o transportes, cambia rutas hacia los estadios y hasta sube la temperatura del vestuario para hacerlo más incómodo.
La lógica es clara: si el cuerpo y la mente ya han pasado por ahí, el día de partido no hay sorpresa, no hay estrés añadido. Solo fútbol.
No es la primera vez que el técnico recurre a recursos poco convencionales. En una ocasión apareció en el vestuario con una bombilla en la mano para pedir a sus jugadores energía y luz, una metáfora visual que se hizo célebre. En otra, fue todavía más lejos: contrató a carteristas profesionales para que acudieran a una cena del equipo y robaran móviles y carteras a los futbolistas. Todo estaba pactado. El objetivo era lanzar un mensaje: mantenerse alerta, siempre, incluso en un entorno que parece seguro.
En 2023 incorporó a Win, un perro, al día a día de la ciudad deportiva. No era una mascota cualquiera. Para Arteta, el animal simbolizaba la idea de familia, de pertenencia, de un grupo que se sostiene en algo más que resultados y tácticas.
Sin excusas en la élite
El retraso del vuelo hacia Napoli encaja a la perfección en ese catálogo de estímulos que el entrenador ha ido sembrando. Un viaje que habría descolocado a muchos grupos se convirtió en un examen más de un plan trabajado desde julio: adaptarse, no lamentarse.
En un calendario que no concede respiro, con la Champions League a mitad de semana y la Premier League exigiendo al límite cada fin de semana, Arteta ha decidido blindar a su equipo también contra lo intangible: el ruido, la ansiedad, el imprevisto.
No todos los entrenadores se atreven a llevar tan lejos el laboratorio emocional de un vestuario. Arteta sí. Y mientras Arsenal siga compitiendo en la élite, la pregunta no será si habrá más retrasos, fallos logísticos o sorpresas en los desplazamientos, sino cuántas de ellas encontrará ya entrenadas el día que vuelvan a aparecer.




