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Mikel Arteta y su método para el caos en Arsenal

Mikel Arteta, el técnico que convirtió el caos en método en Arsenal, no deja ni un milímetro al azar. Literalmente.

El hombre que una vez contrató a carteristas para mantener alerta a sus jugadores, que pintó salas de reuniones con colores diseñados para estimular la concentración y que hace sonar los himnos de estadios rivales en los altavoces del centro de entrenamiento, vuelve a poner a prueba su obsesión: que nada sorprenda a su equipo.

El retraso que no alteró nada

Camino de la victoria en Champions League en el campo de Napoli el miércoles, Arsenal sufrió un retraso en su vuelo. Para la mayoría de los entrenadores, un quebradero de cabeza. Para Arteta, casi un ejercicio práctico.

“Me encantan estos desafíos”, explicó el viernes. Él los provoca. Los diseña. Los incorpora a la pretemporada. Cambia horarios de llegada, modifica rutinas, rompe la comodidad. Quiere que sus jugadores ya hayan vivido el contratiempo antes de que ocurra de verdad.

“Puedes perder un vuelo, el tren puede retrasarse, pero no quiero que los jugadores o el staff entren en pánico cuando pase, sino que se adapten. Que no se quejen ni lo usen como excusa porque no ayuda en absoluto”, remarcó.

Ese episodio encaja con la versión actual de Arsenal: un equipo que, tras conquistar la pasada temporada su primer título de Premier League en 22 años, se ha acostumbrado a convivir con la exigencia y a neutralizar las excusas antes de que aparezcan.

Un vestuario entrenado para el desorden

Arteta ha cambiado la cultura del club. No solo desde la pizarra, también desde la mente. En los entrenamientos se ven ejercicios poco habituales: futbolistas pasándose el balón mientras equilibran un bolígrafo en un dedo, tareas que fuerzan la concentración en condiciones incómodas, pruebas que sacan al jugador de la zona de confort.

Para el viaje a Sunderland, el mensaje es el mismo: el desorden no es una amenaza, es parte del plan.

“A veces retrasamos las comidas, retrasamos el transporte, tomamos una ruta diferente, hacemos el vestuario más caliente, menos camas, porque vamos a tener que adaptarnos y así no hay elemento sorpresa el día de partido”, detalló el técnico.

Todo responde a una idea central: el equipo debe estar preparado para cualquier escenario, desde un autobús atascado hasta un vestuario estrecho y sofocante en un campo hostil.

En esa misma línea simbólica, Arteta mandó plantar un olivo de 150 años en el centro de entrenamiento para subrayar la importancia de las raíces del club. Lleva incluso una versión en miniatura a las charlas con el equipo, un recordatorio físico de que el presente se sostiene sobre una historia que hay que cuidar.

Sunderland, una herida reciente

El domingo, Arsenal buscará su cuarto triunfo en cuatro jornadas de Premier League. El objetivo es claro, pero el rival trae un recuerdo incómodo. La temporada pasada, en ese mismo escenario, Sunderland rescató un 2-2 en el último suspiro. Dos puntos que se escaparon en el descuento y que todavía escuecen.

“El año pasado dejamos escapar puntos allí en el último minuto y hemos aprendido mucho de ese partido”, admitió Arteta.

El contexto añade peso al encuentro. Si Arsenal gana, será solo la sexta vez en toda su historia que arranca una campaña liguera con cuatro victorias consecutivas. Las tres primeras ocasiones en que lo logró, acabó levantando el título. El dato no decide nada en septiembre, pero marca el tono de una temporada.

Enfrente, un Sunderland que ya demostró que sabe castigar cualquier relajación y que no se intimida ante el campeón. No es un campo amable, ni un rival dócil. Justo el tipo de escenario que Arteta lleva meses recreando en pequeños detalles: comidas que no llegan a la hora prevista, trayectos alterados, habitaciones incómodas.

Nada de eso será nuevo cuando el equipo salte al césped. Para Arsenal, si algo falla en el plan del viaje, el plan ya lo contempla. La incógnita, esta vez, no está en cómo llegarán al estadio, sino en si sabrán cerrar un partido que el curso pasado se les escapó en el último aliento.