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Moses Itauma se detiene en Londres ante Filip Hrgovic

El despegue de Moses Itauma en el peso pesado se frenó en seco en Londres. Su asalto al vacante título mundial IBF terminó en la novena ronda, detenido por Filip Hrgovic y por un árbitro, Howard Foster, obligado a proteger a un joven que había dado todo… y se había quedado sin gasolina.

En el O2, el combate se presentó como el examen más duro de la corta carrera profesional de Itauma, apenas 15 peleas a sus espaldas frente a un medallista olímpico curtido en mil batallas. Y, durante varios asaltos, el británico pareció no entender de jerarquías.

Salió suelto, rápido, mandando con el jab y marcando el ritmo. Tomó el centro del ring, anticipó los intercambios y desactivó durante buena parte del inicio la experiencia y la paciencia de Hrgovic. El croata, acostumbrado a caminar combates largos, observaba, encajaba y respondía con calma, como quien sabe que la noche es larga.

La pelea cambió de tono cuando el cansancio empezó a colarse en las piernas de Itauma. Lo que antes era iniciativa se transformó en reacción. Cada vez que soltaba combinaciones, tardaba un segundo más en volver a la guardia. Un segundo de más ante un peso pesado de élite es una eternidad.

La presión, al fin, hizo daño.

En el octavo asalto, el duelo se convirtió en una guerra abierta. Ambos intercambiaron golpes en dos rounds que quedarán grabados en la memoria: puños cruzados, defensas abiertas, orgullo desnudo. En ese terreno, la mandíbula de granito de Hrgovic marcó la diferencia. Encajó lo que quedaba de la ofensiva de Itauma y respondió con manos más pesadas, más limpias, más constantes.

El noveno fue una pendiente sin freno para el aspirante. Hrgovic lo acorraló, lo castigó sin pausa, combinando arriba mientras Itauma se sostenía como podía. No era ya una cuestión táctica, sino de pura supervivencia. El joven británico se tambaleaba, las cuerdas lo mantenían en pie más que sus propias piernas.

Howard Foster vio suficiente. Se interpuso entre ambos cuando Itauma recibía una andanada de golpes sin respuesta real. En la esquina, Ben Davison ya había tomado su decisión: la toalla voló casi al mismo tiempo. El combate estaba perdido, pero el futuro de su boxeador seguía en juego.

Hrgovic se marchó con el cinturón y la confirmación de que su dureza sigue siendo un factor decisivo en la élite. Itauma se fue con la primera gran cicatriz de su carrera. La pregunta, ahora, no es por qué se frenó su ascenso, sino qué hará con esta noche cuando vuelva al gimnasio.