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Mourinho blinda al nuevo Madrid con una defensa sólida

En el Santiago Bernabéu, el proyecto defensivo de José Mourinho dejó de ser un boceto para convertirse en algo muy real. Ante una Real Sociedad atrevida, el técnico portugués empezó a ensamblar la línea de cuatro que, salvo sorpresa, le acompañará en los meses decisivos de la temporada.

El partido aún no había llegado al descanso cuando Mourinho encendió las alarmas.

Minuto 35. Un zurdazo de Sergio Gómez rozó el gol y rompió la tranquilidad de Thibaut Courtois, que hasta entonces solo había tenido que emplearse a fondo en un mano a mano ante Mikel Oyarzabal en el 10’. El gesto del banquillo fue inmediato: bronca a los defensas, gesto serio y orden directa al preparador físico Antonio Pintus.

Cinco jugadores salieron disparados a calentar: Cucurella, Camavinga, Brahim Díaz, Trent Alexander-Arnold y Asensio. No era un capricho de última hora, sino un ritual calculado. Mourinho lo explicó sin rodeos: “Siempre lo hago en el minuto 35. Me gusta que todos estén dentro en el descanso, porque hay instrucciones para todos”.

Un cambio, una señal

La primera parte se cerró con empate a un gol. El marcador apretado y una idea clara en la cabeza del entrenador. Al volver de vestuarios, llegó el movimiento que todos esperaban.

Cucurella entró por Álvaro Carreras, que se marchó condicionado por una amarilla temprana, vista en el minuto 10 tras una dura entrada sobre Kubo. Mourinho fue transparente con el motivo: no quería jugar media hora larga con un lateral al borde de la expulsión.

El cambio dibujó una defensa casi nueva… y muy reveladora. Línea de cuatro con tres fichajes del verano: Dumfries en el lateral derecho, Cucurella en el izquierdo, Konaté como central diestro y Huijsen, llegado la temporada pasada, en el perfil zurdo. Un cuarteto que no se siente provisional, sino la base sobre la que el cuerpo técnico quiere construir.

En Valdebebas lo tienen claro: esta combinación es la elegida. Apenas se contempla un matiz, la entrada de Rüdiger por Konaté o por Huijsen, a la espera de que Militao reaparezca y vuelva a agitar la jerarquía.

Dumfries desbanca a Trent y Cucurella sube la línea

El gran damnificado de este nuevo orden es evidente: Trent Alexander-Arnold. El inglés, fichado para marcar diferencias con balón, ha visto cómo Dumfries le ha adelantado por la derecha. El neerlandés, acostumbrado a sistemas con tres centrales y carriles largos, se ha adueñado del puesto.

Con Dumfries en la derecha y Cucurella en la izquierda, la defensa se planta 10 o 15 metros más arriba. Eso cambia el paisaje del equipo: permite presionar más alto, encerrar al rival y liberar a los centrocampistas y delanteros para ese acoso constante que Mourinho exige.

Los datos de Opta sostienen la sensación del campo. Dumfries terminó como uno de los jugadores más presentes en campo rival: quinto en pases en el último tercio con 15, solo por detrás de Güler (25) y Mbappé (22), igualando a Valverde y por delante de Bernardo (17). Un lateral de recorrido, sí, pero también de peso real en la circulación ofensiva.

Konaté, Huijsen y una seguridad silenciosa

En el eje, la foto también resulta alentadora para Mourinho. Konaté mandó en los duelos: fue el que más entradas ganó, con dos, igualado con Cucurella. No son cifras estratosféricas, pero hablan de una zaga que rara vez se vio desbordada.

El que manejó los tiempos fue Huijsen. El joven central firmó una exhibición silenciosa con balón: 69 pases completados de 72 intentados, un 95,8% de acierto. Nadie en el césped movió la pelota con tanta precisión. Su salida limpia permitió que el equipo no se partiera cuando subían los laterales.

Carreras, pese a su sustitución, dejó también una huella estadística notable: cuatro balones recuperados, el mismo registro que Huijsen. Entre todos, la línea defensiva sumó 15 recuperaciones, siete de ellas en campo de la Real Sociedad. Un detalle clave: el Madrid no solo defendió atrás, también mordió arriba.

Un Madrid que concede poco… pero no tanto como Mourinho quiere

En términos puros, la Real apenas inquietó a Courtois: tres tiros a puerta. La misma cifra que había concedido el equipo frente al Espanyol. Para la mayoría de entrenadores, un número asumible. Para Mourinho, casi una herejía.

El recuerdo de su Madrid de la temporada 2010-2011 sigue siendo la vara de medir. Aquel equipo dejó la portería a cero en 30 de 59 partidos oficiales: 16 de 38 en LaLiga, 8 de 12 en la UEFA Champions League y 6 de 9 en la Copa del Rey. Más de la mitad de los encuentros sin encajar. Un listón brutal.

Esa es la referencia que persigue ahora con este nuevo bloque. No se conforma con que le lleguen poco; aspira a que, durante tramos enteros, el rival ni siquiera se asome.

Un calendario para consolidar la muralla

El calendario le ofrece al técnico un tramo perfecto para afianzar automatismos antes del próximo parón de selecciones. En el horizonte inmediato aparecen Málaga y Betis en el torneo doméstico, el estreno en la Champions, y después Rayo y Elche, como antesala del primer gran examen: el derbi ante el Atlético en el Metropolitano.

Si la apuesta por Dumfries, Konaté, Huijsen y Cucurella resiste ese recorrido, el Madrid llegará al derbi con algo más que un once definido. Llegará con una defensa reconocible, trabajada, con jerarquías claras.

La pregunta, a partir de ahí, no será si Mourinho tiene una línea de cuatro fiable. Será otra mucho más incómoda para sus rivales: ¿quién va a encontrar hueco en esa muralla cuando el calendario apriete de verdad?