Mourinho asegura que el vestuario del Real Madrid está en paz
Mourinho desactiva el incendio Tchouameni‑Valverde y blinda a Vinicius: “Está llegando”
José Mourinho apareció en Valdebebas con un mensaje tan claro como contundente: el vestuario de Real Madrid está en paz y Vinicius Jr. no se toca. Ni mediador, ni bombero, ni psicólogo de emergencia. Según el técnico portugués, el conflicto que marcó la relación entre Aurélien Tchouameni y Federico Valverde la temporada pasada ya pertenece al pasado… y no por obra del entrenador.
De las peleas de mayo a un vestuario unido
Hace apenas unos meses, Tchouameni y Valverde eran el epicentro de la polémica. Dos altercados en mayo, uno de ellos con el uruguayo acabando hospitalizado por un golpe en la cabeza, dibujaron un escenario delicado dentro del grupo. El tipo de situación que, en otros tiempos, habría exigido mano dura y discursos a puerta cerrada.
Pero el verano lo cambió todo. Tchouameni firmó un nuevo contrato, Valverde heredó el brazalete tras la salida de Dani Carvajal y el aire en el vestuario se volvió respirable. Más que eso: se volvió cómplice.
Mourinho lo describió con satisfacción en la previa del duelo ante Rayo Vallecano. Aseguró que no ha tenido que intervenir entre los dos centrocampistas y que la transformación ha nacido de ellos mismos: empatía, amistad, trabajo colectivo, enfado por las sustituciones… pero siempre con apoyo al compañero que entra, incluso si lo hace en el último minuto. “El grupo es fantástico”, subrayó, casi como una declaración de principios.
La reconciliación no se quedó en palabras. Se vio, y se vio bien, en la reciente victoria de Champions League ante Inter Milan. Tchouameni reapareció tras el Mundial, sustituyó en el tramo final a Trent Alexander-Arnold y, al acabar el partido, se fundió en un abrazo con Valverde. Una imagen que hace unos meses habría parecido improbable y que ahora funciona como símbolo de una tregua convertida en convivencia.
Mourinho confesó que regresó del parón internacional preparado para actuar de árbitro si el conflicto seguía latente. No hizo falta. “Si entrara en el vestuario sin saber nada de lo que pasó, pensaría que son grandes amigos”, explicó en rueda de prensa. Observó, analizó gestos, buscó tensión. No encontró nada que le obligara a intervenir.
Vinicius, el “árbol con fruto” al que todos apuntan
Resuelto el capítulo del centro del campo, el técnico giró el foco hacia otro tema caliente: Vinicius Jr. El brasileño, que cerró un verano cargado de rumores firmando un contrato de larga duración hasta 2032, ha empezado la temporada con menos ruido del habitual: un gol en cinco partidos oficiales.
Para algunos, números discretos. Para Mourinho, una fase previa a la explosión. El entrenador no duda de que el jugador capaz de decidir eliminatorias él solo está a punto de reaparecer. Recordó al Vinicius del curso pasado, al que silenció al Bernabéu cuando Real Madrid sufría ante Benfica y acabó inclinando la eliminatoria por puro talento.
“El mejor Vinicius está llegando. El de la temporada pasada, el que ganaba partidos él solo, aún no ha aparecido. Pero va a llegar”, aseguró. Y no se quedó en la nostalgia. En plena era de datos y gráficos, el portugués tiró de números internos: el brasileño está muy cerca de sus picos físicos, ha batido sus marcas de sprints a alta intensidad, de recuperaciones de balón y, especialmente, de robos en campo rival. El gol todavía no acompaña al ritmo que muchos exigen, pero la máquina ya está en marcha.
Cuando la conversación derivó hacia las críticas que el jugador recibe en España, Mourinho endureció el gesto. Se puso a la defensiva, casi protector. Para él, el ruido mediático es el peaje lógico de una carrera plagada de éxitos a una edad en la que otros apenas empiezan a entender qué es la élite.
No habló de sensaciones, habló de palmarés: tres Ligas, dos Champions League, dos Mundiales de Clubes y un buen puñado de títulos más con la camiseta de Real Madrid. A los 26 años, Vinicius ya ha dejado una huella que explica por qué cada actuación se examina con lupa.
Para cerrar su defensa, el portugués tiró de raíces. Recurrió a un proverbio de su país para resumir la situación: en Portugal se dice que “solo se tiran piedras a los árboles que dan fruto”. Luego lanzó las preguntas al aire: qué ha hecho Vinicius en los últimos años, cuántas Champions League ha ganado, cuántos goles ha marcado. La respuesta, implícita, dibuja el retrato de una estrella. “Es un árbol con mucho fruto. Y la gente lanza piedras porque quiere ese fruto”, remató.
Entre la paz inesperada de Tchouameni y Valverde y la fe inquebrantable en Vinicius, Mourinho dibuja un Real Madrid que se alimenta del conflicto superado y de la presión constante. La cuestión ya no es si el vestuario está unido, sino cuánto tiempo tardará ese “mejor Vinicius” en aparecer para volver a decidir noches grandes.




